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lunes, 18 de julio de 2011

Mil formas de sustituir un riñón


Gabriel ha asumido que, hasta que consiga un nuevo riñón, tiene una cita diaria e ineludible en su centro hospitalario. A sus 28 años ya ha sido trasplantado dos veces y aguarda con esperanza, pero sin prisas, un nuevo órgano que, con un poco de suerte, le durará un poco más que los anteriores. El primero se mantuvo a pleno rendimiento durante dos años, pero el segundo no llegó a funcionar.
Acude todas las mañanas a hemodiálisis hospitalaria. Sabe que hay otras opciones de tratamiento renal sustitutivo, y de hecho ha probado alguna, pero en estos momentos se encuentra cómodo con un sistema que sólo le ata durante tres horas y le permite desentenderse de su terapia durante el resto de la jornada. Como él mismo reconoce, incluso se olvida demasiado. "Soy un poco bruto y hago deportes que no son recomendables para gente en diálisis, como boxeo o kickboxing", declara.
Gabriel es uno de los pacientes que ofrecen su testimonio en el Programa Elección, una herramienta educativa para la elección de la terapia renal sustitutiva. Se puede consultar en las páginas web de la Asociación para la Lucha contra las Enfermedades Renales (Alcer), la Sociedad Española de Nefrología (SEN), la Sociedad Española de Trasplante (SET), la Sociedad Española de Enfermería Nefrológica (Seden) y el laboratorio Amgen.

El tratamiento que mejor se adapte

El objetivo de esta iniciativa es preparar a los enfermos para que opten por el tratamiento que más se adapte a su estilo de vida. Los médicos que les atienden recibirán, además de un 'kit' educativo en soporte CD, un test de receptividad que les ayudará a valorar el estado emocional del paciente antes de iniciar la sesión informativa de terapia renal sustitutiva.
Rafael Selgas, jefe del Servicio de Nefrología del Hospital Universitario la Paz de Madrid y uno de los facultativos encargados de elaborar los materiales divulgativos, subraya que "cuando a una persona se le dice que tiene que empezar diálisis, o ponerse en una lista de espera de trasplante, se le está dando una mala noticia. En ese momento, el componente emocional puede dominar sobre la razón y bloquear al paciente. Por eso le pedimos a nuestra psicóloga que diseñara un test para detectar lo que es capaz de escuchar y asimilar".
Un alto porcentaje de los afectados por enfermedades del riñón no dispone de información adecuada sobre las distintas alternativas disponibles. Además, no todas las comunidades autónomas y servicios de nefrología ofrecen las mismas posibilidades. Uno de los objetivos del programa es, precisamente, paliar esa falta de equidad.
El método más extendido en la actualidad es el que limpia de toxinas la sangre de Gabriel a través de una máquina ubicada en el hospital. Existe la posibilidad de instalar en el domicilio del paciente un dispositivo similar, que realiza hemodiálisis domiciliaria. Es la opción que escogió Ángel Manuel, de 34 años, quien estuvo trasplantado durante 18 años y lleva cuatro con este procedimiento. Con la ayuda de otra persona, se conecta a la máquina en el momento del día que prefiera y no tiene que adaptarse a los horarios de un hospital. "Tengo una jornada laboral de 40 horas semanales, como cualquier persona, y hago turnos. Algunas veces tengo que trabajar de mañana y otras de tarde. También hago guardias especiales los fines de semana", explica.

Existen varios sistemas

Hay otro sistema que también se efectúa en casa e, incluso, en otros sitios. Se trata de la diálisis peritoneal, que puede ser manual o automatizada. Mientras que la hemodiálisis filtra la sangre a través de una punción en el brazo, este método aprovecha las características de una membrana denominada peritoneo que envuelve los órganos localizados en el abdomen. Al ser una fina estructura a la que llega gran cantidad de sangre, puede funcionar como un filtro para eliminar las toxinas y el exceso de líquido del organismo.
Los pacientes que prefieren este proceso deben someterse a una sencilla intervención para colocarles un catéter permanente en el abdomen, que les permitirá introducir en el peritoneo el líquido de diálisis que se encuentra en unas bolsas especiales.
María Dolores, de 57 años, realiza desde hace más de un año diálisis peritoneal automatizada. En este caso, las bolsas se colocan en un aparato y este lleva a cabo todo el procedimiento. "Estuve yendo durante una semana al Hospital Clínic de Barcelona para que me enseñaran el manejo de la máquina y la higiene que debía tener", relata. "Para mí es estupendo poder hacer la diálisis de esta manera porque me acuesto y sé que tengo que pasar cinco horas conectada. Pero estoy durmiendo; no me entero", apostilla.
Pero lo mejor es, según sus palabras, que puede "hacer una vida normal", sin las restricciones dietéticas que tienen que afrontar algunos enfermos renales, sobre todo los que están en hemodiálisis no diaria, para evitar que su sangre acumule demasiados desechos. María Dolores cuida de su nieto y organiza su sesión nocturna de diálisis en función de la hora a la que su hija se lo lleva cada mañana.

Modalidad manual

La diálisis peritoneal automatizada no está hecha para Ada Marina, de 51 años, que viaja mucho y, con frecuencia, recala en lugares en los que no hay electricidad para conectar el aparato. Por eso, eligió la modalidad manual y ella misma coloca las bolsas en el catéter de su abdomen y las va cambiando, en un proceso que dura entre 20 y 40 minutos y debe hacer varias veces al día. "Hago prácticamente mi vida normal", señala, y puntualiza: "Bueno, es que yo tengo una vida normal un poco ajetreada". Entre otras cosas, rema, esquía, escala y duerme en su furgoneta cuando va al campo.
La meta de casi todos los enfermos renales es conseguir un trasplante, que es la terapia sustitutiva más fisiológica y la que les proporciona mayor libertad. Pero los donantes fallecidos escasean y la donación de vivo aún no está demasiado extendida. Luci, que ahora tiene 48 años, donó un riñón a su hermana Mariana, de 46 y asegura que volvería a hacerlo. "Hacemos bromas", comenta. "Ella dice que [el órgano] era suyo y yo se lo estaba guardando para cuando llegara la hora. Y la verdad es que está mejor que con los otros trasplantes [de fallecidos].
elmundo.es

miércoles, 11 de mayo de 2011

El teléfono móvil hace posible un programa de diálisis ambulatoria



Fabiola Czubaj
LA NACION.COM
"¿Qué es lo que todos los pacientes tienen a mano?", fue lo que se preguntó un médico al tratar de encontrar una solución para las limitaciones de recursos que compartían su hospital y los pacientes sin cobertura con insuficiencia renal avanzada, para que pudieran realizar de manera ambulatoria el tratamiento indispensable para compensar el 85% o más de la función que ya habían perdido sus riñones. La respuesta surgió de inmediato: un teléfono celular.
"La falta de personal suficiente, la gran dispersión de los pacientes en el conurbano y la inseguridad nos impedían hacer la visita domiciliaria necesaria para evaluar si las viviendas de los pacientes, que son de muy bajos recursos, cumplían con las condiciones básicas como para hacerse la diálisis en su casa y dejar su puesto en el hospital para otros en un estado aún más grave", explicó el doctor Carlos Cangado Pousa, del Servicio de Nefrología del Hospital Presidente Perón, de Avellaneda.
Se le ocurrió que esas visitas domiciliarias se podrían reemplazar con fotografías obtenidas con el celular. Eso permitiría corregir, si era necesario, características de la vivienda para cumplir de manera segura cada uno de los pasos de la diálisis peritoneal, que junto con la hemodiálisis son las dos terapias de sustitución renal para las personas con menos del 15% de la función renal.
Mientras que la hemodiálisis o filtrado de la sangre se realiza tres veces por semana, durante cuatro horas, en un servicio hospitalario o un centro especializado, la diálisis peritoneal es ambulatoria y el paciente necesita repetirla varias veces al día. Es menos invasiva que la hemodiálisis porque no se utilizan agujas, sino un catéter en la cavidad abdominal que coloca un cirujano. Para filtrar las impurezas que ya no pueden desechar los riñones, esta terapia aprovecha una membrana del organismo, el peritoneo, como filtro natural.
Aun así, está subutilizada en nuestro país: el 94% de los 25.000 pacientes con insuficiencia renal bajo terapia de sustitución realiza hemodiálisis. "La diálisis peritoneal prolonga la función renal residual, mientras que con la hemodiálisis se pierde más rápido -agregó Cangado Pousa-. Por eso es muy útil para los chicos y muy buena como terapia de inicio."
Un programa único
Luego de enseñarles a los pacientes cómo realizar la diálisis peritoneal, los médicos del Programa Público de Diálisis Peritoneal del hospital Perón les pidieron que sacaran fotos con sus teléfonos celulares a la pileta donde se levaban las manos para manipular los elementos del tratamiento, el sitio donde almacenaban los kits del tratamiento que reciben gratuitamente a través del Incucai y al lugar que utilizaban para dializarse.
Además, respondieron un cuestionario sobre los servicios que tenían en la casa, como electricidad y agua, el nivel de ingresos, si tenían trabajo y el nivel educativo alcanzado. Con toda esa información, se organizó un archivo electrónico para tener una idea acabada de la situación de cada paciente.
"Al principio, se avergonzaban de mostrarnos las fotos de sus viviendas", recordó Cangado Pousa. Con el tiempo, y luego de aprender "en espejo" a lavarse las manos como lo hace un cirujano antes de operar y evitar la entrada de gérmenes al organismo, a usar superficies que se puedan limpiar fácilmente (sin manteles, por ejemplo) y a buscar un lugar sin humedad ni demasiado calor para almacenar los kits del tratamiento, se esforzaron por seguir los consejos de los médicos para mejorar las condiciones de su vivienda.
Eso incluyó desde subir la canilla en la pileta de la cocina para lavarse bien las manos, hasta aprender a adaptarle una canilla a un bidón de 20 litros con agua potable cargada una vez por día en la canilla o la manguera común del barrio, o darle una mano de pintura al piso para evitar el polvillo del cemento.
Pero, ¿cómo podían conocer si el programa estaba dando buen resultado? Los médicos decidieron aplicar los criterios de calidad que utiliza la Sociedad Internacional de Nefrología: la cantidad de peritonitis, y de infecciones en el orificio de salida del catéter que tienen los pacientes y la mortalidad.
En un estudio sobre 26 pacientes del programa, el equipo de trabajo halló que los pacientes sufrían en promedio una peritonitis ("el talón de Aquiles del método", según Cangado Pousa) y una infección del orificio de salida cada 25 meses.
El ingreso promedio era de 546 pesos, sólo seis tenían vivienda propia, mientras que 15 la compartían y tres vivían en sitios muy precarios. En cuanto a los servicios sanitarios, cinco no tenían agua corriente y cuatro carecían de una canilla en la casa.
"Comprobamos que la sobrevida de estos pacientes es similar a la de los que poseen una vivienda adecuada -comentó Cangado Pousa-. Con esto probamos que las características de la vivienda no son una limitación para realizar la diálisis peritoneal ambulatoria. También aprendimos que el concepto de salud es más primario, y que los pacientes aceptan todas las sugerencias y tratan de implementarlas, porque se sienten mejor. Es algo que no tiene nada que ver con la pobreza y la indigencia."
Para obtener más información sobre el programa del hospital Perón, por el que ya pasaron 88 pacientes y hoy atiende a 22, se puede consultar en nefro.peron@gmail.com.