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viernes, 18 de mayo de 2012

07:51 PM ET Close Share this on: Facebook Twitter Digg del.icio.us reddit MySpace StumbleUpon Compartir Comentarios (3 comentarios) Permalink Algunas mamás "nerds" defienden la crianza con apego

(CNN) — Mayim Bialik es actriz, neurocientífica y miembro de la comunidad de crianza con apego. Su postura sobre la maternidad llamó la atención con la controversial portada de la revista Time de la semana pasada que presenta a una mujer amamantando a su hijo de tres años.
Pero, ¿qué dicen las científicas sobre el reto de 'ser suficientemente madre'?

Citando su educación y a su sin duda naturaleza nerd, Bialik dijo que encontraba a la crianza con apego y a los métodos de parto natural preferibles a los consejos médicos convencionales que le dieron cuando estaba embarazada.
“Creo que la cultura principal se ha revelado como una mentira para aquellos de nosotros que somos nerds”, dijo Bialik a CNN en marzo durante la gira de su libro Beyond the Sling (Más allá del portabebés).
“Creo que, dependiendo de qué tipo de nerd o geek seas, hay un aspecto analítico y estadístico en (tu) cerebro”, dijo. “Cuando estás acostumbrado a estar preparado para rechazar el saber convencional, esto te deja abierto a aprender más”.
La ciencia parece ser el timón que dirige a las mujeres nerd en la comunidad de la crianza con apego a tomar las decisiones que toman, comenzando con el cuidado prenatal y que tiene como resultado métodos de crianza menos convencionales.
Los estudios de Bialik en neurociencia del desarrollo y la endocrinología del comportamiento de apego en los humanos, hizo especialmente obvio para ella que la biología y la ciencia no satisfacían las necesidades de la psicología. Fue su intuición lo que la llevo al parto natural y a la crianza con apego.
“Si le dices a mi cuerpo cuándo dar a luz, para alguien que piensa fuera de la caja, es algo que está intuitivamente mal. Suena mal”, dijo Bialik.
Caryn Rogers, una escritora de ciencia para la Fundación Preeclampsia, y autodescrita como músico aficionada a los libros y nerd, estaba igualmente dispuesta a cuestionar a los médicos profesionales en lo que se refiere a convertirse en madre.
Aunque respeta la educación y la experiencia que los médicos tienen y que ella no posee, Rogers cree que hay límites en lo que los médicos pueden recomendar a sus pacientes con confianza.
Como Bialik, Rogers fue llevada a opciones alternativas de parto y a prácticas de crianza con apego a través de la investigación.
“Realmente no escogí evitar el cuidado convencional tanto como escogí obtener lo que creía era el cuidado basado en más evidencias”, dijo Rogers.
“Terminé desarrollando una complicación médica en el embarazo y necesitando cada herramienta en la caja de herramientas para que los dos pudiéramos sobrevivir”, dijo. “Algunos cuidados convencionales parecen no tener una buena evidencia que los apoye, pero más importantemente, creo que la cultura cuenta historias muy incompletas sobre el embarazo y el parto que no incluyen argumentos o discusiones cuando obtenemos esta información”.
La búsqueda para ambos lados de la historia llevó a Heather Curtis, esposa nerd del fundador de FARK, Drew Curtis, a practicar muchos de los métodos de crianza que Bialik apoya.
“Comencé muy intimidada por el dicho de 'si el doctor lo dijo, debe ser verdad'”, dijo Curtis.
Sintiéndose intimidada por el establecimiento médico, comenzó a preguntarse por qué. ¿Por qué no extender la lactancia materna? ¿Dormir juntos es seguro, a pesar de las advertencias?
“Especialmente en lo que se refiere a crianza con apego, creo que es una reacción a unos cuantos años del otro extremo”, dijo Curtis, citando a los partos inducidos con medicamentos y a la preferencia de algunos médicos por fórmulas de alta tecnología en lugar de leche materna.
La investigación de problemas de crianza a menudo lleva a que las mamás nerd también cuestionen las alternativas.
“Odio ver a alguien levantar un estudio y sostenerlo como la evidencia de que toda la edificación del cuidado está mal”, dijo Rogers. “También, amo ver que un estudio cambia todo el paradigma”.
Y aunque los medios de comunicación están sosteniendo a Bialik como al niño del poster de la crianza con apego, es la primera en admitir que la comunidad de la crianza con apego no es monolítica.
“Hay partes del mundo de la crianza con apego donde soy considerada muy estricta, y hay personas que me hacen ver como una madre tigre (término para referirse a una madre dominante que empuja a su hijo a hacer algo)”, dijo Bialik. “El hecho de que no usemos toallas de papel sino papel de estaño, para algunos círculos, es como:: 'Oh, ella no es tan holística'”.
Tanto Rogers como Curtis escogieron amamantar a sus hijos por un periodo extendido, dormir juntos y cargarlos en portabebés, como Bialik lo hizo.
“Sería extraño imponer esas prácticas en un niño que no se beneficia de ellas, supongo”, dijo Rogers. “Pero si mi hijo claramente se beneficia, ¿por qué voy a hacerle daño sólo para cumplir con lo que otros creen que debería estar haciendo? Después de todo, soy una nerd. No me importa mucho conformarme”.
Eso incluye conformarse con los estándares de Bialik. Por ejemplo, la preferencia de Bialik por que sus hijos no digan "gracias" o "por favor" es algo con lo que Curtis no está de acuerdo.
“Me importa que mis hijos sean convencionalmente educados, y funciona muy bien para ellos”, dijo. “Ten a un niño de dos años diciendo 'con permiso' y 'gracias' y ve cómo cualquier adulto se derrite”.
Las opiniones de Bialik sobre las vacunas también hacen reflexionar a Curtis. La hermana más joven de Curtis murió en la década de 1970 de una enfermedad que era prevenible con una vacuna, lo que cimentó su opinión de que las vacunas son necesarias y salvan vidas.
Un aspecto de la crianza alternativa que las mamás nerds no pueden ignorar es a sus hijos no convencionales. A menudo, estos niños nerds ayudan a conectar a las madres dentro de la comunidad de crianza con apego.
Bialik, cuyos hijos asisten a clases Jedi (sí, como en Star Wars) en su círculo de madres que educan en casa, dijo, “usamos nuestro nerddom (todos los nerds considerados como un grupo) en nuestros hijos. Absolutamente”.
“Mi hijo me ganaba en ajedrez cuando tenía cuatro años y memorizó el libro de reglas de Axis and Allies poco después”, dijo Rogers. “Además cita a Monty Python y George Carlin y va a tantas fiestas con académicos como con los niños de su escuela”.
Curtis dijo que trata de no expresar su propia actitud nerd en sus hijos. “Ellos van a ser bastante extraños, ¡siendo mis hijos!”. 
cnn.com

domingo, 27 de noviembre de 2011

LOS 5 "ERRORES" MAS COMUNES QUE COMENTEN LOS PADRES HOY

EN EL PATIO DEL COLEGIO, EN PALERMO. LOS CHICOS,EL VIERNES, AL HABLAR CON CLARIN.
Les falta autoridad. Pierden la paciencia fácilmente. Son demasiado complacientes. No saben frenar las demandas. Confunden su rol al ponerse a la altura de sus hijos o considerarse sus amigos. Cada época tuvo sus padres con sus complicaciones particulares. Según los especialistas, a la nueva generación se le dificulta sostener el ejercicio pleno de la paternidad, entendida no sólo como el ser que ama y protege sino también como el adulto que pone las reglas y las hace cumplir.
El ser humano tiende a irse a los extremos. Después de generaciones de padres rígidos y distantes, ahora los más chicos están siendo criados por adultos a los que les cuesta horrores imponerse. Son papás que no quieren repetir viejos mandatos familiares y que además viven agobiados por las obligaciones cotidianas. Entonces no quieren ser los malos de la película el poco tiempo que comparten con sus hijos. El diálogo y la ternura son avances incuestionables para los chicos, pero permitirles todo y festejarles cualquier pavada tampoco es hacerles ningún favor. Sobra información y llueven los libros de crianza. Y aún así ¿por qué cuesta tanto ser padres hoy? Andrés Rascovsky, presidente de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), es tajante: “El padre complaciente y amigo no cumple sus funciones, y la función paterna es indispensable. El padre debe instalar la responsabilidad y los valores. Y es quien debe brindarse como modelo de identificación”.
Su colega, Ana Rozembaum, apoya: “Hay un ‘borramiento’ de las diferencias generacionales que complica las relaciones entre padres e hijos. En otros tiempos los padres ejercían un exceso de autoridad, casi un autoritarismo que dificultaba los vínculos. Pero si deponen excesiva y prematuramente su rol, la situación es caótica”.
Hoy se instaló un nuevo fantasma: no ser queridos por los hijos, y su consecuencia más evidente, que es hacer todo tipo de concesiones. “Eso impide el armado de categorías básicas como la de posible-imposible, permitido-prohibido o lícito-interdicto”(Rozembaum). La psicoanalista Graciela Faiman ahonda en la falta de límites: “El chico al que le dejan hacer cualquier cosa está desprotegido. Y si no encuentra amparo en su familia, lo busca afuera”. Claudia Amburgo (APA), elogia y pega: “Hoy los padres hablan, blanquean situaciones y son afectivos, pero son intolerantes y viven apurados”.
Algunos están haciendo todo lo contrario a lo que sus mayores hicieron con ellos, “pero ni una cosa ni la otra, pensemos en la gama de grises que hay en el medio”, propone María Esther de Palma, de la Fundación Familias y Parejas.
La periodista Flavia Tomaello escribió un libro sobre el tema: “Qué animales somos como padres”. El chiste responde a un best seller de una norteamericana hija de chinos: “Himno de batalla de la madre tigre”. Su teoría es que para que los hijos triunfen en este mundo ‘cruel’ y ‘competitivo’, hay que ser rígidos en su educación. Y Tomaello responde que ni tigres ni conejos: “Nos precedieron generaciones de padres adustos que priorizaron el orden al vínculo. Eran adultos con carencias de comunicación. Se fundaba la autoridad en la distancia, se criaba con ‘mano dura’ y sin oportunidad de debate. En respuesta llegó el modelo centrado en el vínculo. Nacieron las familias de padres amigos de sus hijos. La autoridad fue proscripta y el eje central de la crianza fue dar a los pequeños la libertad de encontrar sus propios límites. Ninguna de las dos experiencias es plena”.
Una de las consecuencias más visibles de la crianza actual es el consumo desmedido. Los chicos piden, piden y piden, a veces sin reparar siquiera en qué, lo importante es que mamá o papá compren. Y compran. Está claro que las empresas saben dónde apuntar. Lo que no está claro es por qué los adultos sucumben tan fácilmente. “Se mercantiliza el vínculo, supliendo el tiempo de atención que los padres deben dedicar a sus hijos a cambio de regalos que generan un patrón de intercambio donde los chicos reclaman cosas como forma de pedir atención y los padres se las dan como manera de suplir el tiempo y cubrir la culpa”, dice el economista Matías Tombolini. Su consejo no sólo es barato, es de puro sentido común: a los chicos hay que prestarles atención. Hay que sentarse en su cuarto a jugar a los autitos, a las muñecas o a cualquier cosa. “No hace falta estar dos horas, con quince minutos de toda nuestra atención se puede reconfigurar el sentido de los bienes, que deben ser entendidos como un medio y no como un fin en sí mismo”.
La psicóloga Marisa Russomando insta a recuperar el instinto: “Los niños desean y necesitan padres responsables y divertidos”.

Un fenómeno en las librerías

En las librerías, los estantes dispuestos para materiales de crianza desbordan de títulos. Y en las editoriales confirman el fenómeno. “Cómo criar hijos, confiados y felices”, es el primer libro de Maritchu Saitún, que salió en marzo y va por la 5° edición. “Qué animal somos como padres” (Flavia Tomaello), salió en octubre y vende muy bien. “Chicos enchufados” (Elvira Gimenez de Abad), salió en abril... “Nos está yendo tan bien con estos temas que seguiremos publicando. Con la mayoría de estas autoras ya se está pensando el próximo libro”, dice Florencia Ure, de Random House Mondadori. Laura Gutman es una terapeuta familiar que lleva publicados veinte libros de crianza, el último es “El poder del discurso materno”. Gutman vendió más de 200.000 ejemplares en la Argentina, México y España, y fue traducida al inglés, el italiano, el portugués, el catalán y el francés. También se multiplican los sitios de crianza en Internet, en la TV y hasta hay obras de teatro.
clarin.com

lunes, 31 de octubre de 2011

Escuela para padres (que desean "hijos felices")


¿Qué habrán soñado hace 30 ó 40 años nuestros padres? ¿Qué habrán pensado para nosotros? ¿Nos habrán imaginado felizmente casados, con muchos niños, viviendo en una casa grande y propia; exitosos, gozosos y relajados, andando en autos espaciales y asistidos por robots domésticos.? ¿Habrán entendido que "en el tiempo de sus hijos" las cosas han pasado por otro lado? ¿Lo habremos entendido nosotros o seguiremos esperando que nos aprueben y nos quieran tal como nos soñaron? ¿Seguiremos usando sus manuales?.
Ahora, estamos nosotros en ese lugar. Somos nosotros los padres o, al menos, arrastramos el deseo de serlo. ¿Podemos suponer qué será de nuestros hijos en 30 ó 40 años? ¿Qué soñamos para ellos? ¿Qué herencia les tenemos reservada?.
La realidad de "estos tiempos" en nada se parece a la del "tiempo de nuestros padres" y, seguramente, ocurrirá lo propio en unas décadas más. En este laberinto de espejos, donde todos nos miramos, copiamos y construimos nuevas imágenes e identidades, es oportuno y necesario preguntarnos: ¿Qué estamos haciendo con nuestra paternidad o con nuestro proyecto postergado de paternidad? ¿Qué tipo de padres somos o podríamos llegar a ser? ¿Para qué queremos ser padres? ¿En manos de quién dejamos la educación de nuestros hijos?...
Así comienza el sexto capítulo de mi libro "30/40, la gran oportunidad" (Paidos), a la hora de preguntarnos por nuestro rol de madres y padres. Más allá de compartir un primer anticipo, me gustaría que esta instancia sirva como disparador de la mirada en la que hoy podríamos detenernos para hacer foco juntos.
¿Qué tipo de padres somos, podemos o nos gustaría ser? ¿Un manual para padres puede salvarnos? ¿Quién se atrevería a escribirlo?
No dejo de sorprenderme de este "juego de espejos y proyecciones" en el que nuestros hijos, sus amigos y compañeros de club y escuela, nos siguen devolviendo tantas asignaturas pendientes o lecciones mal enseñadas o aprendidas. Ingenuo, río y me enojo, pienso y me pregunto, sobre esta costumbre insalubre de, conscientes o no, pasar la posta y promover los niveles de exigencia, insatisfacción y competencia, que podemos llegar a ofrecer como herencia desde tan temprana edad.
Intentemos dar por sentada la premisa de que "hacemos lo que podemos" y que, por lógica, entre otras posibles verdades, "no hay padre que tenga en sus planes hacerle daño a sus hijos"...
No hay escuela ni creo que nadie se sienta honestamente capacitado para escribir manuales para ser "buenos" padres (o los mejores padres que podamos ser); aunque sí deberíamos asumir el compromiso de revisar los "objetivos, metodología y sistema de evaluación" que impartimos a diario desde casa. Ante todo, la autocrítica, no culposa o represiva sino reparadora.
No cometamos el error de dejar todo en manos de la escuela, de la que somos responsables por elegirla y sostenerla y en la que, más allá de criticarla, debiéramos tener una vida, al menos, medianamente participativa (en próximos artículos hablaremos sobre cómo elegir el "mejor" colegio).
No hay manuales, ni proyectos concretos, pero hay datos que ayudan a ser cada día un poco más conscientes y responsables. Estudios advierten que, seguramente, si trabajásemos una hora menos al día, aunque llevásemos menos recursos a casa, con nuestra "presencia" (tiempo y calidad de tiempo) podríamos garantizarles a nuestros hijos mayores recursos creativos, cognitivos, de seguridad emocional y mayor autoestima.
Un estudio realizado por la Universidad de Washington, dirigido por Carole Hooven y John Gottman, por dar otro ejemplo, demostró recientemente que "cuando los padres son emocionalmente expertos, sus hijos manejan mejor sus propias emociones, son más eficaces a la hora de serenarse cuando están preocupados y se preocupan con menos frecuencia. En el plano biológico, son chicos más relajados, y presentan menores niveles de estrés, lo que promete mayor bienestar físico y emocional a futuro".
Según las investigaciones, que podríamos apilar, al parecer, tienen más futuro los hijos que reciben lecciones de apego seguro, inteligencia social y espiritual.
¿Llegaremos a entender sobre la importancia de ser papás y maestros emocionales? ¿Qué será de estos hijos que nazcan y crezcan de la mano de generaciones de padres que persistan en la insatisfacción, enojos, apuros, estrés.? ¿Estamos amamantando niños obsesivos, mal alimentados y en crisis con el límite? ¿Le estamos delegando la autoridad a las niñeras, la escuela, el control remoto y el mundo virtual?
Es evidente que necesitamos de la razón para comprender el mundo, pero son las emociones las que nos permiten entender cómo sentimos lo que pasa.
De hecho, hay quienes creen que los miedos infantiles sientan las bases de las inseguridades que arrastramos de por vida o hasta que decidimos "darnos cuenta" de que hay algo que debemos resolver o aceptar. Somos gran parte de lo que nuestro padre nos ha enseñado a pensar y a sentir. Somos lo que nos ha dado y lo que no nos ha podido ofrecer. Somos, insisto, los que hemos logrado resignificar y elegir para nuestras vidas.
Habrá que ponerle coto a las "proyecciones" y resginificar mandatos, exigencias y viejas frustraciones. Un hijo, curiosamente, es correrse del espejo y saber que durante unos cuantos años, seremos nosotros ese espejo donde ellos van a mirarse para fantasear, imaginar, crear, explorar, conocer, descubrir. Son ellos quienes, tratarán de encontrar su recorrido en este "laberinto de espejos" en el que los invitamos a jugar apenas los traemos al mundo (muchas veces sin habernos encontrado aún a nosotros mismos).
Tratemos de guiarlos hacia la mejor dirección posible, sabiendo que son ellos quienes, gracias a las herramientas y recursos que podamos enseñarles, serán quienes deban encontrar la salida (la que elijan, la que puedan).
Eduardo Chaktoura es psicólogo y periodista
lanacion.com

lunes, 17 de octubre de 2011

Ofrecerán clases gratuitas para criar mejor a los niños en Inglaterra


LONDRES (EFE).- El Gobierno británico anunció hoy que ofrecerá cursos gratuitos a las familias para enseñarles cómo criar mejor a sus hijos con trucos para mejorar la comunicación, hábitos o disciplina.
La secretaria de Estado para la infancia, Sarah Teather, indicó que en verano empezarán varios cursos piloto en tres distritos del centro de Inglaterra y Londres, que se prolongarán dos años.
Estas clases para mejorar las habilidades de los padres, de las que se beneficiarían alrededor de 50.000 familias con niños menores de 5 años, forman parte de los esfuerzos del Gobierno para construir "una sociedad más responsable".
Según el plan, las familias de cualquier clase social podrán asistir a las lecciones, en las que se abordará, por ejemplo, cómo lidiar con el mal comportamiento, cómo establecer buenas pautas de conducta o cómo hablar con los niños.
La idea es que, cuando los cursos se implanten tras el periodo de prueba, los padres recibirán unos cupones para asistir a las lecciones, que impartirán expertos.
Teather recordó que las investigaciones científicas demuestran que la experiencia vivida desde el nacimiento hasta los cinco años "es el factor que más influye en cómo los niños se van a desarrollar en la vida, tanto a nivel de salud como educativo".
"Los padres afrontan un trabajo duro y muy importante, pero, a diferencia de otras áreas en la vida, no existe un manual o una guía de cómo criar a los hijos", subrayó.
La secretaria de Estado dijo que los cursillos no estaban pensados solo para "familias con problemas complejos" sino que todo los padres deberían sentir que "está bien" pedir ayuda cuando la necesitan.
lanacion.com

domingo, 2 de octubre de 2011

"Su majestad, el bebe": un modelo de crianza a desterrar


¿Gratificar o frustrar? He ahí una controvertida cuestión que atraviesa a sucesivas generaciones de padres. "Un buen padre es capaz de gratificar y frustrar", dictamina Miri Keren, psiquiatra infantil de la Universidad de Tel Aviv, Israel, en su visita a la ciudad de Buenos Aires para participar del Congreso Latinoamericano de Primera Infancia. Pero admite que la vertiente de la frustración es la más fallida.
"Durante años en Israel se sostuvo la tendencia a gratificar a los niños, sin decirles que no para evitar el llanto. Y hoy vemos que cuando cumplen dos años o dos y medio los padres quieren instalar el no, pero los niños se rebelan, como diciendo ¿por qué prohibir lo que antes estaba permitido?"
Este modelo laxo de educación también se expresa en el tiempo de amamantamiento. "Es bueno amamantar, pero debes detenerlo en algún momento, y hoy encuentras niños de dos años que en cualquier momento que sienten hambre le levantan la ropa a la madre y toman la teta. Porque las madres no dicen que no. No le dicen que no al amamantamiento y no se lo dicen a subirse arriba de la mesa", se queja Keren.
"Gratificar demasiado no es bueno." Y apuesta al fin de la era de su majestad el bebe. "Es demasiado para el primer bebe cuando los padres ponen todas sus necesidades de lado y se centran en las necesidades del hijo. Por un año o dos puede estar bien, pero después empiezan a sentirse frustrados y encuentran dificultades para construir un nuevo equilibrio entre sus propias necesidades y las del niño.
Antoine Guedeney, psiquiatra francés y presidente de la Asociación Mundial de Salud Mental, co-organizadora del citado congreso, se opone a un concepto del pediatra y psicoanalista inglés Donald Winnicott, con vigencia durante décadas: la preocupación maternal primaria, entendida como una capacidad innata de las mujeres a adaptarse masivamente a las necesidades del hijo en los meses posteriores al nacimiento.
"No creo que sea necesario para un sano desarrollo del bebe que la madre tenga esta especie de estado «alcohólico» para entender qué es lo que está sucediendo en la mente de su hijo. Es más, pienso que es intrusivo", afirma Guedeney.

El arte del equilibrio

Una vez cubiertas las necesidades básicas, "no es tanto lo que necesitan los niños", alienta Guedeney: "amor, protección y ordenamiento". Pero recalca la doble vertiente de la función paterna: "también es necesario darles la posibilidad de explorar, hacer su propia experiencia cometiendo errores para que puedan desarrollar confianza en sí mismos; sentirse libres para aprender, jugar y estar con otros solos sin supervisión adulta, sin nuestra ayuda. Cuando ayudamos demasiado no los ayudamos para nada".
Ambos profesionales comparten la imposibilidad de sostener un modelo de paternidad perfeccionista y ajeno a las múltiples e inevitables equivocaciones. "Ser un buen padre no significa no cometer errores o no tener momentos de falla de la empatía con el hijo. El punto principal es tener la capacidad de reparar", dice Mirr.
Y Guedeney refuerza: "Es importante desarrollar la sensibilidad suficiente como para ver la respuesta del niño a un error y cambiar lo que sea necesario cambiar. No necesitás ser extremadamente inteligente ni excepcional para ser una buena madre, basta con ofrecer protección y amor. Porque el bebe, el bebe normal, promedio, hace el resto del trabajo".
Para que todo el engranaje familiar circule en un territorio de salud destaca una variable clave: la parentalidad coordinada. Estén o no en pareja los padres, la mejor opción para los hijos es que los padres tomen decisiones de forma compartida y transmitan las reglas a los hijos en conjunto. "Cuando los chicos quedan atrapados en medio de bombardeos entre padres en conflicto sienten miedo a ser abandonados y, como ellos piensan en sí mismos, se dicen «es mi culpa»."
El psicoanalista reconoce que cada vez son más los padres que, tras el divorcio, son capaces de sobrevolar sus propios conflictos para sostener una buena coparentalidad. Variable positiva, destacable en el marco de un modelo de paternidad laxa con falta de límites, que según Guedeney está instalado "en los grupos medios de Israel, Estados Unidos y Europa".
VIDEO EN EL CONSULTORIO
Las nuevas tecnologías se instalaron en la psicoterapia y los psiquiatras infantiles Miri Keren y Antoine Guedeney usan videos en el consultorio. Con el consentimiento de los padres, la familia es registrada en video durante distintas interacciones de juego. Las imágenes facilitan la observación y reconocimiento de los comportamientos conflictivos. "El modelo ya no es del terapeuta haciendo su sabio diagnóstico -opina Guedeney-. Se está moviendo hacia un trabajo compartido. La propuesta es trabajar cooperativamente y el video es una excelente herramienta para alcanzar esa cooperación."
lanacion.com

domingo, 31 de julio de 2011

Cuando los padres piden ayuda en la Web

Cuando los padres piden ayuda en la Web
Josefina Pagani
Preguntar si los castigos son la mejor opción cuando un hijo dice malas palabras, qué hacer con un chico que roba cosas de la casa o cómo acompañar a una hija adolescente que tiene novio son sólo algunas de las consultas que hacen los padres en sitios de Internet de la Argentina y del mundo, espacios donde los adultos dejan asentados comentarios que parecieran plantear finalmente un pedido desesperado: "No sé qué hacer; ayúdenme, por favor".
La respuesta a estas consultas, dependiendo del foro, la página o el blog, puede provenir de profesionales, médicos o psicólogos, que asesoran en forma online , o de los mismos padres que aconsejan a sus pares según experiencias personales.
Profesionales consultados por LA NACION concuerdan en que es primordial que las fuentes consultadas sean confiables.
Cándido Roldán, presidente de la Sociedad Argentina de Salud Integral del Adolescente, explicó: "Hay muchos portales de ciencias de la salud donde la información que brindan está evaluada y acordada dentro del mundo científico profesional.
"Otras fuentes son opiniones de autor, lo que lleva a las personas que consultan a tener múltiples posiciones y terminan, tal vez, mucho más confundidas. Cuanto más consultamos, más nos paralizamos y menos actuamos".
"Es importante volver al sentido común. Ser padres significa tener una historia personal dentro de una familia, con sus cosas buenas y malas. Lo más importante es el testimonio que damos como padres porque los chicos, más que escuchar, miran. Dentro del contexto social, hay mucha gente que actúa como referente y que, sin ser profesional, puede contener y orientar, como un vecino, un padre o un maestro", destacó Roldán.
Páginas oficiales de productos para niños, foros exclusivos para mujeres o blogs de los que se desconoce el autor conforman la amplia oferta de opciones que hoy los padres pueden consultar en la Web.
Ana María Mendes Diz, doctora en sociología e investigadora del instituto Germani, destacó: "Generalmente, quienes allí consultan son padres jóvenes que ya manejan Internet y no tienen temor en acceder a fuentes no autorizadas que les pueden dar una información errónea".
"En el mundo real, hay personas y, en el virtual, hay personajes. Por eso hay que tener cuidado y tomar recaudos. Yo aconsejo ir al pediatra, que, hoy por hoy, es el único médico de familia que existe. Creo que es la persona indicada para hablar de los problemas que no pueden afrontar los padres", opinó la investigadora.
Orientar la búsqueda
Marcia Braier, psiquiatra infanto-juvenil y jefa a cargo del Departamento de Docencia e Investigación del hospital Tobar García, afirmó: "Los padres buscan lo que les preocupa en Google. Yo recomendaría que busquen en foros donde haya orientaciones médicas o psicológicas que pertenezcan a lugares calificados. También que consulten libros que estén escritos por profesionales reconocidos".
Hace más de una década, cuando Internet no había llegado masivamente a todas las casas, muchos padres consultaban libros de profesionales o de autoayuda. Hoy las opciones son incontables y con sólo un clic pueden recibir consejos de todas partes del mundo.
"Cuando se trata de padres que consultan, nunca recomiendo leer sobre determinado tema ni tampoco les digo que no lo hagan. Prefiero invitarlos a contarme qué leyeron y los acompaño en el procesamiento de esa información, para que, luego, ellos tomen la posición que consideren adecuada", afirmó la licenciada Elsa Coriat, presidenta de la Fundación para el Estudio de los Problemas de la Infancia (FEPI).
"Puede ocurrir que un padre describa en Internet lo que le sirvió para resolver un problema y que otro papá lo lea y piense que esa solución también le va a servir a su hijo cuando, en realidad, podría pasarle algo totalmente diferente. Cada chico es una combinatoria singular, mientras que un niño puede hacer determinada cosa por torpeza, otro lo puede hacer por comodidad o por rebeldía", puntualizó Coriat.
La Sociedad Argentina de Pediatría (SAP), que el 20 de octubre cumplirá 100 años, recomienda su página web, que cuenta con un sector para la comunidad en la que se brinda información para el niño, como la prevención de accidentes y las enfermedades más comunes, y también consejos para el adolescente.
En general, los médicos desaconsejan consultar en la Web temas vinculados con la salud, pues las respuestas pueden llegar a atemorizar a quienes quieren saber, pero no tienen las herramientas necesarias para procesar informaciones tan sensibles.

Médicos, pares y amigos, otra fuente de saber

Paula Nieto es madre de Andrés, un adolescente de 17 años y, siempre que puede, navega en Internet. "Consulto por temáticas distintas: pongo directamente la problemática que me interesa en el buscador y miro la información que hay. En general veo varias páginas que me parecen serias por la información que brindan, por las fuentes o los especialistas que hablan.
"Una vez busqué cuando Andrés se comía las uñas y había consejos que me parecían buenos para los padres. También, información sobre la neurosis o la sexualidad en los adolescentes. Al pediatra sólo lo llevo para controles básicos", agregó Nieto.
Eduardo Yedlin es productor de cine y tiene dos hijas: Clara, de 14 años, y María, de 12. Como está separado de su esposa, es él quien decide a la hora de buscar consejos y compartirlo con sus hijas. "Consulto información relacionada con la educación, sobre todo, cosas de la escuela que ya me olvidé. Internet es buenísima, pero es un arma de doble filo: podés despejarte dudas, pero también llevarte sorpresas desagradables", opinó.
Patricia Cristodero es empleada administrativa y tiene dos hijos, Sofía, de 12 años y Tiago, de seis. "En dos oportunidades tuve dudas y lo primero que hice fue hablarlo con el pediatra para ver si necesitaba o no otro tipo de apoyo. Creo que lo importante es elegir bien al médico de los chicos, tiene que ser alguien que te sepa escuchar."
Mónica Blajean es empleada en una farmacia y madre de cuatro hijos: Enzo, de 20; Ignacio, de 18; Lina, de 15, y Carla, de 11. "La verdad es que no manejo Internet. Tampoco se me ha presentado nada tan grave como para consultarlo con el médico. Cuando tengo un problema o dudas con mis hijos consulto a mis familiares, amigas u a otras mamás. Me parece que ellos me van a aconsejar bien y van a ser más sinceros", opinó.

No existen recetas rígidas ni mágicas

¿Es posible que alguna vez podamos concretar un modelo razonable, que incluya el aumento de la resiliencia [la capacidad para sobreponerse a adversidades] y reduzca factores de riesgo, a través de la educación y otras ciencias, en el crecimiento y desarrollo de niños y jóvenes?
El tema de la crianza es un punto de inflexión y de abordaje y, quizás, el más relevante de las conceptualizaciones de la pediatría, la atención primaria de la salud, la sociología, la psicología, la educación, las ciencias de la conducta, la neuropsiquiatría, y tantas otras relacionadas con el aprendizaje de aquel grupo etario.
Ya sea por su rigidez, muchas veces violenta y represiva, otras por su permisividad, que borra los límites mínimos del "deber ser", adaptado a las exigencias del momento histórico, no existe aún un modelo definitivo que explique o proponga actividades, conductas, tácticas.
Tampoco para que guíe con certeza, seguridad, simplicidad y con evidencias sustentables, un conjunto de propuestas aceptables para el posicionamiento de nuevas técnicas y conductas, en el acompañamiento del crecimiento y desarrollo del niño, y a la comprensión de éstos, en los nuevos y cambiantes entornos psicosociales, políticos, económicos, ambientales, individuales, éticos y filosóficos.
En la reciente publicación de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP), titulada "Manual para la Supervisión de la Salud de Niños, Niñas y Adolescentes", se seleccionan y proponen respuestas (¿Cómo debe ser la puesta de límites? ¿Cómo ponemos límites? Métodos disciplinarios aconsejados en la bibliografía, rol del pediatra), y las respuestas sugeridas agrupadas por grupos etarios, hasta los 18 años. Esta sintética y atrayente construcción es expresión de la búsqueda de esos nuevos modelos operativos.
No existen recetas rígidas aplicables "manu militari", que produzcan niños sanos, libres, razonables y comprensivos, que aceptarán sin análisis ni reflexión, las pautas que le transmita el adulto, perdiendo, por lo tanto, la oportunidad de ser ciudadanos.
Todo apoyo a la crianza del niño no es más que parte del reforzamiento requerido y previsto en la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre.
Toda acción destinada, entre otras, a la producción de conductas sociales en el niño está amparada por la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
Además, la Convención de los Derechos del Niño asegura la educación, incluyendo la cooperación internacional.
Como se ve, no hay normas únicas para la crianza. La búsqueda permanente de alternativas razonables es objetivo básico de la SAP, fiel a su lema "Por un niño sano en un mundo mejor".
Margarita Ramonet-La autora es presidenta de la Sociedad Argentina de Pediatría
lanacion.com

domingo, 10 de abril de 2011

Estilos de crianza..., ¿modelos de país?

Estilos de crianza..., ¿modelos de país?

Somos blandos. Demasiado blandos. Los padres occidentales somos blandos. Al menos así lo cree la profesora en leyes de Yale University, la chino-norteamericana Amy Chua, autora de un libro que viene escandalizando a Estados Unidos desde que salió a principio de año. The Battle Hymn of the Tiger Mother (El himno de batalla de la madre tigre ) sacudió con la fuerza de un tsunami la autoestima de los padres estadounidenses. El libro salió a la venta un mes después de que se publicaran los resultados de las pruebas PISA, el ya famoso examen de lectura, matemática y ciencias llevado adelante por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), en el que intervienen sesenta y cinco países y se toma a chicos de 15 años.
Se sabe: la primera economía del mundo, Estados Unidos, caía al puesto 17 en lectura, al 23 en ciencia y al 31 en matemática. ¿Y China? Los chinos no sólo se habían convertido en la segunda economía del planeta, bien pegaditos a EE.UU., sino que arrasaban en educación.
Barack Obama se hizo cargo de la cuestión y habló de un "momento Sputnik": el informe PISA venía a poner en evidencia las impotencias de EE.UU. como lo había hecho la Unión Soviética cuando lanzó el cohete Sputnik en 1957 y se convirtió así en el ganador de la carrera espacial. Después del sacudón, EE.UU. se decidió a invertir millones en educación para recuperar el liderazgo en el espacio y en el conocimiento.
Pero las familias estadounidenses no fueron las únicas que quedaron boquiabiertas ante el triunfalismo de madre tigre de la abogada. Chua puso a los padres en el banquillo de los acusados y planteó un escándalo: que los padres occidentales estamos arruinando a nuestros hijos con tanta contención y tanto canto a la individualidad, la creatividad y la autoestima.
Las pruebas PISA parecían darle otra vez la razón: el ranking de los cuatro mejores países estuvo dominado por tres potencias asiáticas, además de China: Corea del Sur, Singapur, y Hong Kong. Los siguió de cerca Japón en alguna de las pruebas. Sólo un país occidental, Finlandia, llegó al top four de la educación global.
The Washington Post sintetizó el debate: "Why Chinese mothers are superior?", tituló. Un artículo del The New Yorker destacó la "dimensión geopolítica" que había detrás del texto de Chua.
La polémica saltó entonces a su segundo nivel: del hogar a la nación. Si los orientales están alcanzando tanto éxito educativo, ¿cuánto tiene que ver el estilo de crianza que domina entre los padres de esas regiones? ¿Una crianza de corte autoritaria es la respuesta a todo, al futuro de nuestros hijos y al destino de una nación en general? ¿Una paternidad más permisiva es la causa de los fracasos eventuales de nuestros hijos y de los pobres resultados de nuestras naciones?
Nuestra manera de educar
Las preguntas también tienen sentido para la Argentina: en el ranking de PISA, perdemos contra todos, los tigres del Asia pero también contra Occidente, el del primer mundo, como en el caso de Finlandia, y el más cercano. Chile, Uruguay, Colombia y México también nos ganan.
Aún entre algunos argentinos que hoy influyen y construyeron su camino sorteando importantes desafíos educativos, el discurso sobre valores, pertenencia, diversidad de experiencias, idiomas y deportes le gana de lejos al discurso de la meritocracia esforzada y la excelencia académica en estado de pureza. Esa fue la respuesta que escuché cuando los entrevisté para el libro La educación de los que influyen y les pregunté sobre la educación de sus hijos.
Ahí está el caso del megaempresario Eduardo Elsztain, que egresó del Nacional Buenos Aires. O del CEO del Citibank Argentina, Eduardo Brouchou, con maestría en leyes por la Universidad de Harvard e hijo de un graduado del Buenos Aires. También el del doctor en Medicina Conrado Estol, neurólogo de fama mundial, especializado en Harvard e hijo de un ex alumno del Buenos Aires con título de ingeniero aeronáutico por la Universidad de Nueva York.
"Es más importante que sean buenas personas antes que sean los más destacados", me dijo entonces Elsztain refiriéndose a su descendencia.
¿Deberíamos estar pensando en ganar olimpíadas de matemática internacionales en lugar de concentrarnos en los valores y el deporte? ¿Hay algo en nuestro estilo patrio de crianza que nos está perjudicando como nación?
La tesis del libro de Chua no admite grises. La abogada es una especie de madre talibán en materia educativa que reivindica directamente y sin culpa el estilo que llama "Tiger Mother" y sus durísimas rutinas de "parenting" (crianza de los hijos). Del otro lado están los "Western parents", que Chua condena sin pelos en la lengua.
En el diccionario de esta abogada asiático-americana, llamar "basura" a un hijo no es un insulto sino "una técnica de estimulación" que su padre chino, un doctor en física graduado del MIT y estrella mundial en teoría del caos, aplicó con ella cuando era niña y que Chua misma usó con una de sus hijas cuando fue madre.
Para Chua, la infancia no es una etapa de creatividad y libertad sino "un tiempo de entrenamiento, oportunidades e inversión para el futuro" y los problemas de autoestima, y los métodos paternales para reforzarla, son un invento occidental. Para Chua, que la libertad de opción de los hijos conduzca a formar chicos más libres y creativos, tal como sostienen "todos estos padres occidentales", es una gran falacia: "Es obvio que resultará que la "pasión" será estar en Facebook durante diez horas". Una "pérdida de tiempo", dice Chua, que eligió ella misma las pasiones de sus hijas Sophia y Lulu y las obligó a practicar violín y piano.
Los juegos en el patio; los días de juego en casa de amiguitos; los pijama parties -"normas sociales estúpidas... ¿Ustedes creen que nuestros Padres Fundadores tuvieron pijama parties?", desafía Chua a los occidentales de EE.UU.-; las clases de teatro y los deportes están prohibidos en el sistema de Chua. Y también está descartado sacarse una B o una A-. Sólo vale una A (10). Si llega una A-, un 9, habrá que practicar sin descanso hasta alcanzar el 10.
Hay que decir que es encomiable la cantidad de horas diarias que Chua se roba a sí misma para ayudar -y cronometrar- las tareas escolares de sus dos hijas o supervisar las cinco horas de música que las obliga a practicar por día.
Chua no descansa: cree en el rendimiento educativo, impacta sin contemplaciones en la vida familiar con sus concepciones de exigencia y disciplina, y persigue a sus dos hijas para ser las mejores en la escuela o con sus instrumentos con el mismo empeño que un entrenador cae sobre un atleta de alta competición.
"Extreme parenting", lo llamó The New York Times, para oponerlo a una paternidad occidental ejercida en clave de comprensión, refuerzo de la autoestima y libertad de opción para los hijos, pero que, de acuerdo con el ranking de PISA, estaba dando pocos resultados académicos. ¿Tendremos que volvernos más autoritarios entonces?
El modelo autoritario orientado a resultados académicos de Chua plantea interrogantes. El periodista Andrés Oppenheimer los enfrenta cuando muchos de los lectores de su último libro, "¡Basta de historias! La obsesión latinoamericana con el pasado y las 12 claves del futuro", lo desafían con un dilema: los chicos asiáticos son alumnos brillantes... ¿pero son felices?
La duda surge ante las tasas de suicidio que se registran en Corea del Sur, Japón o China, por ejemplo, asociadas a los fracasos académicos. En China, la presión del Gao Kao, el examen para ingresar a la universidad, es causa de suicidio de estudiantes.
Sin embargo, Oppenheimer toma partido a favor del modelo oriental. "Los casos de suicidios son una tragedia y algo que hacer -dice desde Miami-. Pero el porcentaje de chinos que se suicida es muy bajo comparado con el porcentaje de chinos que está saliendo de la pobreza gracias a una educación de mejor calidad."
Según el Banco Mundial, 500 millones de chinos han salido de la pobreza en los últimos diez años gracias al "crecimiento económico", que llegó de la mano del conocimiento y la educación.
También hay que decir que países occidentales, alejados de la crianza autoritaria como Suecia o Francia o la misma Finlandia, registraban en 2004 una tasa de suicidio mayor que la china, aunque por otros motivos, de acuerdo con el trabajo "Bienestar y capital social: ¿el suicidio plantea un enigma?", de John F. Helliwell.
El tema es complejo: no es que los padres orientales son monstruos, insiste Chua. La abogada no está loca. En la dimensión familiar, la paternidad autoritaria tiene algunos beneficios. La revista Time citó evidencia científica de Stanford y otros centros de estudio a favor del aprendizaje por repetición o del escamoteo de halagos a los talentos de los chicos.
Según la psicóloga Maritchu Seitún, autora del libro Criar hijos confiados, motivados y seguros, los padres autoritarios son "claros y firmes" y eso es bueno, aunque no alcanza.
En cuanto a las sociedades, la paternidad autoritaria resultadista produce grandes beneficios, sobre todo en un medioambiente donde reina la meritocracia. Como dice el director del programa de Educación de Cippec, Axel Rivas: "En Corea del Sur, por ejemplo, todos los empleos, las posibilidades de éxito y la posición social están definidos por los resultados educativos."
Pero hay que entender, sostiene Rivas, que el modelo no puede trasladarse sin más a otro contexto. No está claro, por ejemplo, que la sociedad americana acompañe la creencia de Chua en el éxito académico. Los asiáticos-americanos son mejores alumnos en general que los estadounidenses, pero pocos llegan a ocupar roles decisivos en las corporaciones. Y la lista de nombres de los emprendedores americanos que revolucionaron con su creatividad el siglo XXI no incluye todavía los retoños de la crianza autoritaria de corte oriental.
La belleza del término medio
En la vereda de enfrente, la permisividad occidental, y argentina en particular, también enfrenta sus desafíos y no sólo académicos. Es cierto: los índices de suicidio son bajísimos. Pero sabemos: las tasas de alcoholismo y uso de drogas, por ejemplo, son preocupantes. Chua se haría un festín con las estadísticas que jaquean las bondades del estilo de los "Western parents".
Ahí está el caso de la Argentina, por ejemplo, donde tres de cada diez chicos bebe en exceso. O donde el inicio del consumo del alcohol ahora se da a los 13 años y en algunas provincias, entre los 10 y los 12.
El tiempo frente a las pantallas es otro problema. Entre una y dos horas por día, según si los chicos están en primaria o secundaria de doble jornada: el límite lo pone Seitún. Pero la realidad es otra: "Los adolescentes argentinos pasan un promedio de seis horas por día vinculados a los medios electrónicos", según una encuesta de la consultora Knack de 2006.
La vida cotidiana confirma las estadísticas. En la reunión de padres de un liceo bilingüe de Buenos Aires, famoso por su nivel de exigencia, la maestra les pide a los padres que "se organicen" y supervisen más de cerca a sus hijos. "Los chicos están entrando en Facebook a las 2 de la mañana", les dice. Los chicos están en tercer grado.
Me lo cuenta una madre, empresaria ocupada, que reconoce la dificultad de poner límites y exigir. "Es agotador, te lleva tiempo y es un tire y afloje de nunca acabar."
Con iguales argumentos, la tarea escolar es el peor enemigo. Los chicos argentinos que van a escuela pública están entre los que menos horas de clase tienen en el mundo: 774 horas de educación primaria por año en la Argentina contra 1257 de horas al año en Chile. Sin embargo, los padres y los chicos argentinos se resisten a llevar deberes a casa. "No hagas la tarea. Yo le escribo una nota a la maestra", apañan los padres permisivos, para horror de Chua, según dice Seitún.
"Los padres argentinos de hoy son más permisivos -explica- y/o están confundidos en cuanto a qué significa educar y poner límites que fortalecen a los hijos." Para Seitún no hay dudas: "La permisividad es catastrófica".
¿Los padres argentinos son permisivos por cansancio, por falta de tiempo para exigir y cultivar el esfuerzo junto a los hijos o por comodidad? Una combinación de las tres, explica Seitún, y también "el miedo a perder el amor de los hijos".
Vigilar y castigar o acariciar y contener. Crianza oriental exitosa versus crianza occidental en problemas. En realidad, la dicotomía es discutible. "Finlandia es un país occidental, está entre los primeros en PISA y compite de igual a igual con los gigantes de Asia", dice, tajante, la experta en educación Silvina Gvirtz da en el clavo. El último coletazo de la polémica post Tiger Mother va en ese sentido. Un artículo de la revista Time anunciaba hace unos días: "The Anti-Tiger Mother approach" ("El abordaje anti-Tiger Mother). Se refería precisamente a Finlandia.
Ahí no hay exámenes donde hay que ganar cueste lo que cueste. El objetivo social no es ser mejor que el resto sino estar en el promedio, pero, y esto es central, el promedio es muy alto. Eso sí: tienen los mejores maestros del mundo y creen en la meritocracia y la educación.
Para demoler el blanco y negro en el tema crianza, otro caso empezó a tallar en el debate cuando el padre del creador de Facebook, Mark Zuckerberg, habló sobre la crianza de su hijo. Su receta de crianza fue simple: dejarlo jugar libremente con la computadora en casa y darle margen para ejercer sus pasiones. "Western parenting", diría Chua. "El papá de Mark Zuckerberg no fue un Tiger Daddy", resonó en la Web.
Seitún tiene clara la respuesta a estos dilemas. Ni autoritarios ni permisivos, sino un tercer modelo de crianza que integre las fortalezas de esos opuestos: "Del autoritarismo, la firmeza. Del permisivismo, la comprensión".
En ese sentido, el libro de Chua representa un aporte. Les devuelve la pelota a la sociedad y a los padres para interpelarlos sobre los valores en los que creen para criar y educar a sus hijos. Ya no se trata simplemente de responsabilizar a las políticas educativas y los gobiernos que las implementan.
© LA NACION
EL VALOR DE LA MERITOCRACIA
Más allá de en qué lugar del sistema educativo se coloque la causa de sus fallas -en la formación de los maestros, según el experto de Cippec, Axel Rivas, o en la burocracia educativa y su falta de especialización, según la doctora en Educación Silvina Gvirtz, o en la falta de inversión sostenida o la cantidad de horas de escolarización, según ambos-, lo cierto es que por detrás de esas cuestiones manda una falta de confianza de la sociedad argentina en general en el valor concreto de la educación y la meritocracia.
"Claramente ha habido una devaluación de la importancia de la educación, y en particular de la educación pública en la Argentina", concede Rivas.
Por el contrario, "la fe en la meritocracia es una constante en las sociedades con sistemas educativos efectivos", afirma el periodista Andrés Oppenheimer. No importa si se trata de China, de Finlandia o de Chile. "China y Corea -desarrolla Oppenheimer- tienen una larga tradición filosófica, el confucianismo, centrada en gran parte en la educación. La cultura familiar cree en la educación independientemente de lo que hagan o dejen de hacer los gobiernos. Las familias invierten todo su tiempo y su dinero en la educación de sus hijos".
Oppenheimer da dos datos para ilustrar su afirmación. El 90 por ciento de los 130 mil chinos que estudian en el extranjero paga sus estudios "con dineros de sus padres y sus abuelos". La inversión de tiempo en educación también es abrumadora. Los chicos chinos, lo mismo que los de Singapur, terminan su día escolar a las 9.30 de la noche. Entran en la escuela a las 8 y salen entre las 3 y las 4. Después, tienen estudios dirigidos hasta las 5 de la tarde. De allí a la escuela de tutoría privada hasta las 9.30 de la noche. "En la misma aula, sentados atrás, están las abuelas y los abuelos haciendo tiempo, esperando a sus nietos", destaca.
En el caso de Corea, las familias de clase media gastan el 30 por ciento de sus ingresos anuales en clases o escuelas particulares para sus hijos. Chile, por su parte, que lidera en rendimiento educativo en América latina, tiene maestros de calidad con exigente evaluación continua, una inversión educativa alta que lleva ya 16 años, doble jornada y duros exámenes de ingreso para entrar en la universidad.
EN SUS PROPIAS PALABRAS
Muchos se preguntan cómo hacen los padres chinos para criar esos niños siempre exitosos. Se preguntan
qué hacen esos padres para producir tantos genios matemáticos y prodigios musicales, cómo es la familia por dentro, y si ellos también podrían hacerlo. Puedo darles una respuesta, porque yo misma lo he hecho. Estas son algunas cosas que nunca permití hacer a mis hijas, Sophia y Louisa:
Ir a dormir a casa de amigos.
Recibir invitaciones a jugar.
Participar de una obra de teatro en el colegio.
Protestar por no participar de una obra de teatro en el colegio.
Mirar televisión o jugar con la computadora.
Elegir ellas mismas sus actividades extracurriculares.
Obtener notas inferiores a 10.
No ser la mejor alumna en todas las materias, salvo gimnasia y teatro.
Tocar un instrumento que no sea piano o violín.
No tocar piano o violín.
lanacion.com

domingo, 13 de marzo de 2011

La infancia, sin cuentos ni cumpleaños


Soledad Vallejos
Festejar su cumpleaños, escuchar cuentos, jugar en las plazas, hacer deportes y acercarse a las actividades artísticas. Ser niño significa, entre un puñado de derechos, tener acceso a todas estas oportunidades, clave en los procesos de crianza y socialización. Pero en las grandes ciudades de la Argentina, la cara de la infancia tiene gesto afligido: todo esto, en lugar de crecer, sucede cada vez menos.
A cuatro de cada diez niños menores de cinco años no se les suele contar cuentos; seis de cada diez en edad escolar sólo pueden jugar en una plaza si sus padres lo acompañan; seis de cada diez no suelen realizar actividades deportivas extraescolares y dos de cada diez no festejaron su último cumpleaños.
Estas son apenas algunas de las conclusiones que arrojó el último boletín publicado por el Barómetro de la Deuda Social de la Infancia, de la Universidad Católica Argentina (UCA), en colaboración con la Fundación Minetti y la Fundación Arcor, estudio que registró profundas desigualdades sociales, regionales y de género en los procesos de crianza y socialización de niños y adolescentes de las grandes ciudades del país.
Al celebrarse el 21° aniversario de la Convención por los Derechos del Niño, que se conmemoró ayer, este informe revela, además, que las oportunidades "son claramente desiguales y regresivas a medida que desciende en el estrato socioeconómico, aún en el contexto de significativo progreso macroeconómico que ha experimentado la Argentina en estos últimos años", se indica en la publicación.
Los primeros años
Sobre la socialización en la primera infancia, que va desde el nacimiento hasta los cuatro años, se investigó a partir de indicadores de estimulación emocional e intelectual fundamentales en los primeros años de vida, como son el festejo del último cumpleaños y la lectura de cuentos e historias orales.
"Así como el festejo del cumpleaños es una ocasión en la que el niño es reconocido en un lugar singular y asume la palabra, el estímulo a través de la lectura o la narración de cuentos estimula la imaginación y el proceso de adquisición del lenguaje", señala el estudio, que llegó a estos resultados mediante una encuesta de hogares que se realiza desde 2004 y que, a partir de 2006, incorporó un módulo específico que busca medir el grado de cumplimiento de los derechos del niño.
El diagnóstico presentado en este último boletín se realizó a partir de mediciones de los últimos tres años, con una muestra acumulada de 5708 niños en grandes ciudades del país, como el área metropolitana del Gran Buenos Aires, Rosario, Córdoba, Mendoza, Salta, Resistencia y Bahía Blanca.
"La brecha de desigualdad en la oportunidad de festejar el cumpleaños es muy significativa y regresiva para los niños más pobres -indica el estudio-. Un niño en el estrato muy bajo tiene nueve veces más posibilidades de no festejar su cumpleaños que otro en el estrato medio alto."
Otra conclusión del informe se relaciona con la tendencia creciente a que los niños transcurran gran parte de su tiempo de ocio dentro del hogar y no concurran a espacios públicos. "Esto podría relacionarse con la creciente percepción de inseguridad en las grandes ciudades, en particular en los estratos sociales medio y medio alto", cita el estudio. En tanto que en los hogares más pobres, los niños permanecen "recluidos dentro de la casa realizando tareas domésticas, entre las que se incluye el cuidado de hermanos menores."
Sobre las oportunidades de socialización en los escolares de cinco a 12 años, los espacios de formación alternativos a los que se realizan en la escuela (como clubes, escuelas de teatro, talleres literarios, música y plástica), se constituyen en lugares de pertenencia que ayudan a la formación integral del niño. ¿Qué sucede en este aspecto? Las noticias tampoco son buenas.
"Seis de cada diez niños en las grandes ciudades no realizan actividades deportivas y ocho de cada diez no hacen actividades artísticas o culturales extraescolares", grafica el boletín, que agrega que estos niveles de exclusión se han mantenido sin cambios entre 2007 y 2009. Aquí también hay diferencia entre las clases socioeconómicas, aunque la brecha de desigualdad es menor en el caso de las actividades artísticas y culturales que en las deportivas.
En cuanto a los adolescentes de entre 13 y 17 años, una de las cuestiones analizadas fue el acceso a Internet y a la telefonía celular. "Entre 2007 y 2009, el porcentaje de adolescentes que no utliza Internet ha disminuido." Los progresos en el acceso a la Web fueron significativos tanto para los estratos bajos como altos. No obstante, existen desigualdades y, como siempre, el acceso a las nuevas herramientas digitales está en desventaja para los que menos tienen.
Para que puedan crecer seguros
La Convención sobre los Derechos del Niño fue adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 20 de noviembre de 1989. Compuesta por 54 artículos, consagra el derecho de los menores a crecer en medios seguros y a participar en la sociedad. Ayer se celebró su 21er. aniversario.
lanacion.com

jueves, 18 de febrero de 2010

Los niños al cuidado de los abuelos todo el día tienen más riesgo de obesidad

PATRICIA MATEY
MADRID.- Porque muchos de ellos 'no saben' decirles que no a nada o porque aún piensan que los niños 'rellenitos' están más protegidos de enfermedades futuras que los 'delgaditos'. Lo cierto es que los menores criados por sus abuelos [un número en aumento en los países desarrollados] tienen un riesgo más elevado de ser obesos que los atendidos por sus padres.
Catherine Law, del Instituto de Salud Infantil de Londres (Reino Unido), es directora de este nuevo trabajo que forma parte del conocido como Estudio Cohorte de Milenio. En él se que explora la salud de todos los niños británicos, de nueve meses a tres años, nacidos entre 2000 y 2001.
Según reconoce a ELMUNDO.es esta investigadora, "la principal conclusión es que los niños que son atendidos por los abuelos son más propensos a tener sobrepeso a los tres años que los que están criados por los padres, incluso aunque sea sólo por él o ella".
Esta especialista admite que no puede "ofrecer a los lectores las razones de este vínculo, pero es posible que los abuelos, para complacer a sus nietos, les den de comer más dulces o les dejen ver más televisión que los papás".
Su trabajo, publicado en el 'International Journal of Obesity', ha involucrado a un total de 12.000 pequeños. "Cerca de una cuarta parte de los estudiantes de preescolar [en el Reino Unido] tiene sobrepeso o está obeso", reza la investigación. "El cuidado de los menores influye en el peso... Pero existen muy pocos estudios que hayan analizado esta relación", agregan los investigadores.
Los investigadores realizaron encuestas a los padres sobre el tipo de cuidados recibidos por sus hijos y analizaron el peso de los participantes. Los datos mostraron que aquéllos que son cuidados a tiempo parcial por sus abuelos tienen un 15% más de riesgo de tener sobrepeso en comparación con los atendidos exclusivamente por sus progenitores. Y este riesgo se eleva hasta un 34% si la asistencia de los 'yayos' es a tiempo completo.
Promover hábitos saludables
"Sabemos que el cuidado de los abuelos es muy valorado por los padres. Nuestro trabajo sugiere que ellos pueden necesitar más información sobre cómo promover una alimentación saludable y la actividad física en los niños pequeños", recomienda la doctora Law.
Recuerda que, en general, en su estudio, como ha ocurrido en otros anteriores, los niños de nivel socioeconómico más bajo tienen asimismo mayores tasas de sobrepeso. Sin embargo, "hemos encontrado que también los hijos de familias más favorecidas que acuden a la guardería poseen más posibilidades de no estar en su peso que los cuidados en casa por los padres".
Por este motivo, el trabajo concluye que "las autoridades deberían apoyar más a los progenitores que trabajan y ofrecerles información sobre los riesgos del exceso de peso en función de los cuidados que reciban sus hijos", se recueda en el trabajo.
Además, y dado que la mayoría de los críos es asistido por los más mayores, "el anuncio del Gobierno de proporcionar créditos a los abuelos para el cuidado de sus nietos ofrece una gran oportunidad para promocionar hábitos de vida saludables", concluye el trabajo.
Valoración
Para Jaime Dalmau, coordinador del Comité de Nutrición de la Asociación Española de Pediatría, "este artículo, como todos los epidemiológicos, sirve para poner en alerta sobre un posible factor que puede contribuir al desarrollo de la obesidad. Como dicen los autores son 'sus' hallazgos, los cuales coinciden con algunos estudios, pero no con otros. Puede depender de factores socioculturales, diferentes en diferentes países".
Para este especialista de la Unidad de Nutrición y Metabolopatías del Hospital Infantil La Fe (Valencia), en un tema como la obesidad pediátrica, con tantos posibles factores etiológicos, "dar responsabilidad exclusiva a los abuelos de clase media-alta no es del todo correcto, pero sí un factor a tener en cuenta".
Por ello, y al igual que los autores del estudio, el doctor Dalmau defiende "la importancia de formar a los cuidadores, en este caso los abuelos".

elmundo.es

jueves, 26 de febrero de 2009

Criarse en las 'rodillas' de los abuelos 'endereza' el comportamiento


MADRID.- Los abuelos y abuelas 'ya no están para tener hijos', pero sí están ejerciciendo de padres de sus nietos para fortuna de estos últimos. Los datos de un nuevo estudio revelan los beneficios psicológicos que obtienen los adolescentes cuando viven rodeados de 'los mayores' de la familia.
La incorporación de la mujer al mundo laboral, el divorcio o el enviudamiento de alguno de los padres son las razones que están provocando que hoy, más que nunca, los abuelos pasen su jubilación cuidando de los hijos de sus hijos. Un ejemplo. En España cerca del 23% de las mujeres mayores de 65 años ayuda en su crianza, la mitad de ellas a diario y el 40% tres veces por semana.
"La literatura científica documenta que los niños y adolescentes con madres o padres solos o de familias 'recompuestas' [padrastros, hermanastros...] tienen más probabilidades de experimentar problemas psicosociales, de salud o de adaptación escolar. En parte, por una serie de factores asociados a estos ambientes familiares: dificultades económicas y sociales, conflictos familiares, cambios frecuentes en el ambiente hogareño, problemas mentales en alguno de los padres, falta de atención a los progenitores...", comenta Shallhevet Attar-Schwartz, de la Universidad Hebrea de Jerusalén y autora principal de la investigación, en la que ha participado también la Universidad de Londres.
Los investigadores, que reconocen que las últimas dos décadas el aumento de la expectativa de vida de la población y del número de familias en las que conviven miembros de tres y hasta cuatro generaciones se ha disparado en los países desarrollados, creen que "pese a ello la relación de los abuelos con sus nietos y sus efectos psíquicos ha recibido poca atención científica".
En la investigación, se repartieron cuestionarios en 1.010 colegios de Reino Unido y Gales. "Cerca de 1.515 estudiantes de 11 a 16 años respondieron a las preguntas para averiguar si la relación de los chicos y chicas con sus abuelos modifica su estado emocional", comentan los investigadores en su estudio, publicado en el último número de la revista
'Journal of Family Psychology'.
Un 66% de los encuestados vive con los padres biológicos, mientras que un 18% reside con uno sólo de ellos. Un 15% pertenece, en cambio, a familias rehechas a las que se han sumado nuevos miembros.
Los datos revelan que los estudiantes criados con abuelos confiesan hablar más con ellos, realizan más actividades sociales, se muestran menos hiperactivos y se comportan mejor que los que viven alejados de los mayores. "Los efectos positivos se observan en los tres tipos de familias, pero son mucho más fuertes en los hijos de padres separados o los que tienen padrastros que en los que viven con ambos progenitores biológicos", destacan los investigadores.
Pese a que como todos los "trabajos el estudio tiene sus limitaciones, los hallazgos se corresponden con las hipótesis establecidas en la literatura científica que hablan de las consecuencias que tiene para el adolescente crecer lejos de uno de los dos progenitores. Los abuelos se identifican como una fuente capaz de moderar las influencias negativas de las familias separadas o con múltiples transiciones", rezan las conclusiones.
Los médicos deberían valorar "el trabajo con todos los miembros de la familia para fortalecer las relaciones entre ellos", insisten los autores.
Las instituciones públicas, como los colegios o los centros de asistencia social "deberían reconocer el valor de los mayores en el soporte emocional de los adolescentes, en sus vidas, especialmente en las de aquéllos de familias desestructuradas", comentan los científicos israelíes.
Las buenas noticias de esta investigación se suman a los datos aportados en estudios recientes en los que se ha constatado que la salud mental de los abuelos también mejora cuando se les da la oportunidad de responsabilizarse de sus nietos.
elmundo.es

lunes, 26 de enero de 2009

Las tías solteras son cada vez más valoradas para colaborar en la crianza de los chicos


Los sobrinos son una extensión de los hermanos. Por ese motivo los psicólogos de familia insisten en que, en buena medida, el tipo de relación entre los hermanos determina el vínculo que las tías solteras establecen con sus sobrinos. Si la relación entre los hermanos es buena, el beneficio que las tías aportan a la pareja con hijos es invalorable. Acompañarán a sus sobrinos en el acto escolar cuando ni la madre ni el padre puedan escaparse del trabajo; los llevarán a conocer ese museo al que la familia jamás irá; se quedarán a dormir con ellos la noche en que la mejor amiga de la mamá festeje los 40. Y los chicos conocerán temas, lugares y gente a través de la tía. En tiempos en que no hay tiempo, las horas que las tías se ocupan de los sobrinos cotiza en alza, entre otros motivos porque son más confiables (y económicas) que cualquier niñera.
Hasta hace algunas décadas muchas familias de clase media eran extendidas. Es decir, en una casa vivían, por ejemplo, una pareja con sus tres hijos, la madre de la esposa y sus dos hermanas solteras. Eran tías que cocinaban para todos, bordaban los manteles, cosían los ruedos, tejían suéteres y cocinaban tortas, galletas y panes caseros. Hoy, mayormente, las solteras de clase media se despiden de sus padres al concluir la universidad y alquilan un departamento para compartir con amigas. Son tías que cuentan con poco espacio libre de lunes a viernes. De modo que "vale oro" el tiempo que dedican a los sobrinos. "Hoy se valora más el tiempo que las tías dedican a los sobrinos porque el esfuerzo que hacen las tías es consciente. En las familias de antes ese esfuerzo de las tías formaba parte de una organización natural", analiza la terapeuta familiar María Esther De Palma.
En general, las relaciones afectivas entre los parientes son complejas. Pero la relación de cariño y de ternura que crece entre las tías solteras y sus sobrinos es relativamente sencilla. Los padres tienen la responsabilidad de velar por la vida y la felicidad de sus hijos. Esa responsabilidad genera presiones y angustias (si no, ¡¿cómo se explica que cuando se reúnen a comer un asado el fin de semana las parejas continúen intercambiando información sobre pañales, chupetes y el perfil de niñera que es mejor contratar?!). La realidad es que los padres viven presiones que no siempre les permite disfrutar de su paternidad.
Sin embargo, con las tías solteras las cosas son más livianas. Ellas están para disfrutar de los sobrinos. Y los sobrinos están para disfrutar de ellas. "Los padres están muy presionados porque tienen que criar y educar. Una tía puede dar comprensión, amor, y participar de la vida de ese sobrino o sobrina sin la obligación de ser responsable de tantas cosas. La preocupación no es la misma. La gente hoy está cercada de obligaciones y no siempre tiene la posibilidad de amores poco complejos", enfatiza la psicóloga de familia Haydeé Toronchik.
Dentro del planeta de las tías solteras hay variedad. Están las que aún no se casaron y que son más jóvenes que sus hermanas que ya tienen varios hijos. Para ellas, cumplir el rol de tías también juega las veces de "entrenamiento" para una potencial maternidad. "Las hermanas menores muchas veces pasan a ser como hermanas mayores y cómplices de los sobrinos adolescentes. Con los más chicos, en cambio, esas tías jóvenes están atentas a los cuidados, los paseos y las invitaciones. Los papás salen un viernes porque saben que cuentan con la tía, alguien de súper confianza, que cuidará a los chicos como si fuera su madre", señala la psicopedagoga de la Fundación Proyecto Padres, Pía del Castillo. También están las tías solteras que no tienen hijos pero que son mayores que hermanas o hermanos que ya fueron madres o padres. Son tías que trabajan todo el día, con casa y auto propios, que quizá viajan al exterior todos los años y no necesitan gastar todo su dinero en ellas porque cuentan con casi todo lo que necesitan. "Pueden dedicar más tiempo, más regalos y más atención a los sobrinos", dice Del Castillo.
"Mi hermana se jubiló y tiene otros dos trabajos. Estudia francés y hace cuanto curso aparece en la facultad. Siempre estuvo apoyándonos a mi mujer y a mí. A mis hijos los ama profundamente. Ahora se llevó a dos de mis nietos (sus sobrinos nietos) de vacaciones a Córdoba. Para mi hija, mi hermana es como otra madre más", dice Juan Alberto Campomar de su única hermana: una mujer de 62 años, vital, llena de entusiasmo y generosidad con quien él siempre tuvo una relación estupenda.
"Mucho de la relación entre tías solteras y sobrinos depende de cómo es la interacción de los hermanos antes de cambiar de rol. Las tías solteras no se van a comportar igual en una familia donde circuló el afecto, la consideración y la solidaridad que en una familia donde se alentó la competitividad", explica De Palma, también presidente de la Sociedad Argentina de Terapia Familiar. Y así como la relación con los sobrinos está marcada por la relación previa entre esos dos o más hermanos, también está definida por la salud de cada uno de ellos. "Uno puede ser generoso cuando tiene resto psíquico y económico", advierte De Palma.

viernes, 12 de septiembre de 2008

Ya hay especialistas que ayudan a las madres a criar a sus hijos


Por: Georgina Elustondo-Clarin.com
Hubo un tiempo en que cursar un embarazo, parir, criar era más sencillo. Eso dicen quienes creen que las mujeres hoy "se complican mucho" y que, "rebuscadas", buscan problemas en rutinas y tareas que alguna vez fueron simples, llanas, casi instintivas... "Si los chicos se crían solos".
Pues bien: las cosas cambiaron y cada vez son menos los que se atreverían a firmar al pie de esa afirmación. Y, menos aún, los que se animarían a proclamar a viva voz que "criar es fácil".
La tendencia es al revés: en general, la experiencia de tener y educar a un hijo es vivida por estos días con una buena dosis de angustia e incertidumbre, y, sobre todo, como una gran exigencia. Tan es así que la demanda y la oferta de servicios de apoyo y asesoramiento en la crianza no dejan de crecer.
Grupos de preparación para la maternidad. Diplomaturas en primera infancia. Centros de maternaje. Doulas. Grupos de crianza. Al compás de infinidad de cambios que revolucionaron las formas familiares, arrancaron a la mujer del hogar y la pusieron en juego en el ámbito laboral, se multiplican las instituciones y especialistas que ofrecen servicios para ayudar a los padres a transitar una etapa que sienten, por lo menos, difícil.
"Los padres están desorientados respecto a cómo ejercer su rol: creen que poner límites es ser autoritarios y que ser democráticos implica consultarle todo a los hijos. Esto hace que los niños se sientan desamparados, teniendo que educar y sostener a aquellos que deberían educarlos y sostenerlos. Las instituciones advierten estas carencias y responden armando grupos de crianza o maternaje para explicar cuestiones que antes resolvía el sentido común, la experiencia de una abuela o el consejo de un pediatra con tiempo", dice Gisela Untoiglich, psicoanalista investigadora de la UBA.
Para la terapeuta Laura Gutman, al frente de Crianza, dos cuestiones explican el boom de estos servicios. La primera, vinculada a la identidad femenina. "Antes, las mujeres teníamos organizada nuestra identidad en torno al acto de maternar y quedaba menospreciado todo atisbo de libertad o desarrollo personal. Hoy, nuestra identidad se organiza en torno a la libertad y la autonomía, y lo vinculado al maternaje quedó silenciado y sin reconocimiento personal, familiar y colectivo. Esto hace que la mujer busque identidad en lo laboral y se vea obligada a buscar reemplazantes maternantes".
La segunda explicación tiene que ver con las formas que asumió la familia en las grandes urbes. "La familia nuclear es el peor sistema para criar. Una mamá y un papá somos demasiado pocos para esa tarea", dice Gutman.
También Adriana Penerini, directora de Bebé a Bordo, rastrea explicaciones en la "nueva estructura social urbana: las parejas están cada vez más solas y la vida en departamentos es alienante. Los vecinos conviven años sin conocerse y falta el apoyo real, concreto, de una red que sostenga a los padres. Eso deriva en una carencia emocional que lleva a buscar nuevas tramas de contención, y los profesionales capacitados en crianza asomamos como una referencia viable. Lamentablemente, los padres deben pagar para encontrarse con alguien que los acompañe en el recorrido".
Marisa Drexler, directora de Nueve Lunas, Centro de Preparación para la Mater-Paternidad, hace foco en "las consecuencias" de la salida de la mujer del hogar. "Al estar más involucrada en el ámbito laboral o profesional, tiene menos tiempo para dedicarse a la crianza, conoce menos las necesidades del niño y su personalidad y pide ayuda. Tenemos muchas consultas por niños en edad escolar", dice. Para Drexler, "criar es menos sencillo por la vida que se lleva. Hacerlo bien lleva tiempo y no hay suficiente. Antes se vivía más cerca de los afectos y la opinión de la familia tenía un valor y una influencia que ya no tiene". Si bien hoy los padres están más conectados con los hijos y con la crianza, son las mujeres las que, en general, recurren a estas opciones. "Tiene que ver con el contexto en que les toca transitar su maternidad", dice la licenciada Diana Wechsler, de Natal, Docencia en Maternidad. "Están muy sobrecargadas por exigencias externas e internas y a esas demandas se suman el estrés, la ansiedad, la incertidumbre, la dificultad de encuentro de la pareja y la falta de tiempo para fomentar los vínculos de la constelación familiar".
Las especialistas coinciden en que las mamás jamás se bastaron solas. Siempre necesitaron que las contuvieran y ayudaran de una u otra manera. Siempre hubo -dice Penerini- "consejeras naturales" (madres, comadres, vecinas, abuelas), "acompañantes de confianza que las sostenían con el corazón, con su sabiduría quizá rudimentaria pero efectiva". Ser padres sin red y sin tiempo no es fácil. Y los chicos no se crían solos (sin costo). Jamás lo hicieron.

Datos
Doulas, roles y precios. La demanda de "doulas", mujeres capacitadas para asistir en forma afectiva al parto y al postparto, crece sin pausa. Hay doulas que acompañan a la embarazada al parto, le enseñan recursos para atravesarlo mejor y la contienen en la vuelta a casa y el inicio de la lactancia. Otras ayudan a la mamá en el puerperio, y otras colaboran con el cuidado del bebé y la crianza. Sus honorarios son variables: el acompañamiento al parto va de $ 300 a los $ 500, y las visitas en la casa va de $ 60 a $ 100 pesos. Según la experiencia y de la institución que la avale, algunas cobran incluso bastante más.
Elección
Lucas Guagnini - lguagnini@clarin.com
Detrás de lo que pueden parecer modas o servicios para gente que prefiere pagar antes que esforzarse, hay algo que puede leerse en el fenómeno: si hay mujeres que buscan ayuda fuera de la familia para ser madres, esto habla de la brecha que existe entre las que fueron sus madres -más dedicadas a la casa y los chicos- y las madres de hoy, con la tensión carrera-familia. En buena hora que la elección sea pedir ayuda en lugar de no tener hijos, como ya ocurre en el llamado "Primer Mundo".