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miércoles, 6 de octubre de 2010

Descubren una nueva pintura de Rembrandt

ROTTERDAM (DPA).- Un lienzo atribuido por error a un pintor anónimo del barroco holandés y olvidado en los almacenes del Museo Boijmans Van Beuningen de Rotterdam resultó ser obra de Rembrandt van Rijn, según informó el museo citando a expertos.
Se trata del lienzo Tobías y su mujer, que fue atribuido por error a un "alumno de la escuela de pintura holandesa del siglo XVII", pero que, finalmente, pudo ser atribuido al maestro holandés.
En el lienzo se aprecia una escena doméstica típica del siglo XVII, con Tobías ataviado a la usanza de esa época, sentado (a la izquerda del cuadro) al lado de la chimenea del hogar, con un fuego muy débil, al lado de su mujer, sentada, a su vez, a la izquierda.
La escena es iluminada de manera tenue con rayos de sol suaves provenientes de la ventana izquierda del salón de la casa. La luz envuelve y baña todo el ambiente.
Rembrandt Harmenszoon van Rijn, nacido en Leiden el 15 de julio de 1606 y fallecido en Amsterdam el 4 de octubre de 1669, es uno de los mayores pintores y grabadores de la historia del arte. Sus trabajos se desarrollan durante la denominada "edad de oro" de Holanda, su período de mayor apogeo económico, científico y cultural.
El descubrimiento fue realizado por Ernts van de Wetering, experto en la obra de Rembrandt. Después de nuevos y minuciosos análisis, el experto logró determinar que la obra fue realizada por Rembrandt. "No cabe duda de ello. Se trata de un cuadro de Rembrandt Van Rijn", aseguró.
"Existe un paralelismo claro entre Tobías y su mujer y el grabado Pedro y Johannes, de 1659 (obra de Rembrandt) y también en la manera de pintar las siluetas y el diseño de la perspectiva" explica Wetering.
El lienzo permaneció durante años oculto en el almacén del museo y se pensó que su autor era un discípulo de la escuela pictórica del XVII.
lanacion.com

A los 8 años es el pintor más celebrado en Gran Bretaña

HOLT.- Es el artista joven más celebrado en Gran Bretaña. Sus cuadros se venden por sumas considerables y hay una larga lista de espera por sus nuevas obras. Para Kieron Williamson todo pasó tan súbitamente que aún se está acostumbrando a la atención que recibe, y se mueve un poco inquieto en su silla cuando se le pregunta qué piensa sobre el arte.
"Las vacas son lo más fácil de pintar -dice Kieron, que acaba de cumplir 8 años-. Uno no tiene que preocuparse demasiado de los detalles."
Los caballos, dice, "son mucho más difíciles. Uno tiene que pintar las patas bien y hacer las traseras mucho más grandes que las delanteras".
Kieron, apodado mini Monet por la prensa británica, es una sensación mundial. Los 33 pasteles, acuarelas y óleos en su última exposición se vendieron en apenas media hora, por un total de 150.000 libras (235.000 dólares). Compradores de todas partes del globo hicieron fila desde la madrugada en las afueras de la galería, y hay una lista de espera de 3000 personas por sus paisajes impresionistas de estuarios con botes, campos nevados y amplios cielos sobre marismas.
El chico tiene un sitio Web, www.kieronwilliamson.com , y una tarjeta de presentación. La gente se le acerca en la galería para pedirle que firme postales de sus obras. Periodistas de todo el mundo viajan a su pequeña ciudad a entrevistarlo.
Kieron resta importancia a la atención. "Me parece normal", dice. Pero no es normal para sus padres, Keith y Michelle Williamson. Están desconcertados, orgullosos y algo preocupados por el talento de su hijo y sus efectos. "Fue abrumador´´, explica la madre, nutricionista de 37 años. Ella y su marido, un marchand de 44, viven en un departamento con Kieron y su hermana, Billie Jo, de 6.

Fans, críticos y Picasso
Kieron era un chico normal, lleno de energía, y sus padres se sorprendieron cuando les pidió lápices y papel durante unas vacaciones en Cornwall hace dos años. Quedaron anonadados cuando el chico de 5 reprodujo una fiel imagen de botes en una bahía. Rápidamente, los trabajos de Kieron se volvieron paisajes más complejos, en su mayoría de las campiñas de Norfilk, cerca de su ciudad.
"Ni Keith ni yo pintamos, así que es difícil entender lo que está pasando en su mente -sigue Michelle Williamson-. No lo entendemos, no sabemos cómo pasó. Pero él insiste en que eso es lo que quiere hacer. Cuando un hijo tiene un talento así hay que apoyarlo."
Eso no impide que los Williamson se preocupen sobre si están haciendo lo apropiado al exponerlo a tanta atención. Mostraron los trabajos de Kieron a una galería local, que ya montó dos exposiciones y les está ayudando a lidiar con la marea de interés público.
"No es natural querer poner a los hijos en medio de la atención pública -sigue la mujer-. Conocimos a muchos explotadores. Todo lo que ven es el elemento financiero. No ven la parte emocional. Uno no puede separar el arte de Kieron."
Tranquilo, vestido con una remera, pantalones cortos y zapatillas, Kieron no parece un prodigio. Disfruta jugando al fútbol (es defensor en el equipo de su colegio) y jugando en las playas del Mar del Norte cerca de su casa en Holt, un lindo pueblito unos 200 kilómetros al nordeste de Londres. Cuando habla de sus obras, lo hace con una mezcla asombrosa de actitud adulta e infantil. Cuando comienza a dibujar, con una fluidez relajada, llena de confianza, el infantilismo desaparece. Trabajando sobre la base de una fotografía de un río al amanecer, Kieron rápidamente bosqueja el horizonte, los árboles y la línea del río, y entonces usa pasteles para dar color al cielo.
Sus padres dejan que la gente lo vea trabajar, algo que despeja dudas de que las obras sean suyas.
Ese fue el escepticismo que encontraron a menudo al inicio, aunque Michelle Williamson dice que fue desapareciendo.
La opinión crítica sobre las obras de Kieron está dividida. Un periódico preguntó en un título: ¿Es Kieron el pintor más fascinante de Gran Bretaña? Pero otros se preguntan si las obras de Kieron serían tan bien recibidas si él fuese adulto, y si su talento va a durar.
Pablo Picasso dijo una vez que, a diferencia de la música: "No hay niños prodigio en la pintura. Lo que la gente considera genio prematuro es el genio de la niñez. Desaparece gradualmente cuando crecen".
Jill Lawless
Fuente: AP

lanacion.com

jueves, 28 de enero de 2010

'El mal de Chagas es un genocidio consentido'

MARÍA VALERIO
MADRID.- Casi por casualidad, Pilar Mateo, doctora en Ciencias Químicas por la Universidad de Valencia, descubrió que tenía entre sus manos una herramienta sencilla para acabar con el chinche que transmite el Chagas, un vecino habitual de 100 millones de personas en América Latina. Su libro 'El vampiro de los pobres' (La Esfera de los Libros) relata su hallazgo de una pintura que erradica al insecto y le impide reproducirse; y su recorrido por los lugares más pobres de Bolivia, México o Argentina para pintar las casas (lleva más de 10.000) y proteger a sus habitantes de este mal.
Pregunta.- ¿Cómo descubrió por primera vez la capacidad contra el Chagas de su pintura?
Respuesta.- Yo ni siquiera conocía a la vinchuca que transmite la enfermedad. Descubrí una tecnología de microencapsulación de productos químicos que resultó ser muy eficaz para controlar y erradicar insectos; fue un médico boliviano quien me comentó que eso podía servir para controlar el mal. Lo dejé todo y me fui para allá. El chinche es un hematófago que se refugia en las grietas de las viviendas y aprovecha la noche para chupar la sangre a los indígenas. Por eso, además de la pintura, lucho porque tengan viviendas dignas.
P.- ¿Es muy costoso fabricarla?
R.- En relación con la duración del producto [se libera lentamente] y su efectividad en el tiempo es más barata que fumigar cada tres o cuatro meses durante años. Por otro lado, es una solución ecológicamente más respetuosa que las fumigaciones convencionales que afectan a la calidad y salud de los productos agrícolas. El costo principal del producto son los activos que lleva, en especial los llamados inhibidores de la síntesis de la quitina, que regulan la hormona del crecimiento de los artrópodos. Utilizo sólo principios activos recomendados por la Organización Mundial de la Salud y fabricados por empresas homologadas.
P.- ¿Cuál es la logística para distribuirla?
R.- Nunca hemos vendido el producto de una forma comercial. Todos los proyectos han tenido un carácter social y sin ánimo de lucro. Para ello hemos contado con la financiación de organismos nacionales, como la Agencia Española de Cooperación para el Desarrollo (AECID), la Generalitat Valenciana o el Ayuntamiento de Alicante; y fundaciones (Repsol, Agbar...).
P.- ¿Se ha interesado alguna empresa por su descubrimiento?
R.- Cuando empecé quisieron comprarme la patente, pero mi deseo de ayudar a los guaraníes fue más importante que el dinero que podía recibir. Ahora estoy en contacto con varias empresas; unas para que fabriquen y distribuyan por Europa, México y quizás Centroamérica y luego en diversos países como Paraguay, Colombia, Panamá, Argentina...
P.- ¿Cómo es su relación con los gobiernos allí donde trabaja?
R.- Si pienso en lo que he vivido estos últimos años, constato que en América Latina las administraciones públicas tienen falta de poso histórico. Hay muchos cambios y falta organización. Por otro lado, cuando se habla de enfermedades endémicas existen muchos recursos procedentes de organizaciones internacionales, como el Banco Mundial, que cada cierto tiempo donan 30 o 40 millones de dólares (unos 25 millones de euros) y ese dinero es más de lo que tiene el ministerio para todo el año. Aquí es donde se constata que hay funcionarios que han hecho de ese dinero un modus vivendi que les condiciona a la hora de encontrar las soluciones de salud más adecuadas en sus países.
P.- ¿Con qué obstáculos se ha topado en la lucha contra el mal?
R.- Hay demasiada resignación del que sufre la enfermedad. Es como si fuera algo inevitable, un genocidio consentido, cuando se trata de un problema vinculado con la pobreza y con la falta de interés por solucionarlo. También falta organización por parte de los gobiernos para hacer las cosas: Se fumigan mal las casas o se protegen unas zonas y otras no. Es decir, que los tratamientos casi nunca han sido los adecuados. Se han falseado muchas veces los datos para decir que han sido un éxito, para tener que reconocer posteriormente que de nuevo hay infecciones y hace falta reiniciar las fumigaciones con fondos internacionales. También me ha tocado luchar contra esa absurda idea de que ser mujer, española, científica y demasiado joven eran factores que, por definición, no servían.

elmundo.es

miércoles, 25 de febrero de 2009

Cuadro a cuadro, un artista pintó la agonía de su padre

Él estaba muy degradado, pero podía verme cuando lo pintaba", confiesa Ariel Mlynarzewicz, quien se animó a pintar el dolor más profundo: la agonía y muerte de su padre. Y estremece cuando lo recuerda, en un recodo de la Sala Cronopios justo donde se ubican los cuadros de la serie La agonía de mi padre. "Cuando le diagnosticaron cáncer terminal, viajamos con mis hermanos a Mar del Plata para estar con él. Fueron noches muy largas, yo era el encargado de ponerle la morfina. Y mientras nos acompañábamos, tomábamos mate, charlábamos y llorábamos, yo lo dibujaba".
En una vitrina ubicada en el hall de entrada a la sala están dispuestos los bocetos que culminan con una escritura, acaso imposible de llevar al cuadro: "Mi padre ha muerto". Esa misma leyenda puede leerse en el reverso de una de las obras, que expone en estos días en el Centro Cultural Recoleta, en una muestra que tituló "Los lugares de la pintura".
Luego, Mlynarzewicz -al que Carlos Alonso llamó "mí único discípulo reconocido"- llevó al lienzo esos dibujos que hizo durante los dos meses de agonía. El proceso le tomó dos años. "Fue mi forma de procesar el duelo: cuando hacía las pinturas de mi viejo lo sentía más cerca que nunca y hasta entablaba conversaciones con él. Fue una conexión muy fuerte", dice el artista, para quien "pintar es entrar en la proximidad de la distancia".
En esta línea, se destacan las pinturas en las que se abraza con su mujer, las de sus hijos y los lienzos a tinta con desnudos que evidencian su destreza en el dibujo. Es que la muestra recorre, con más de medio centenar de obras de los últimos años, el mundo más privado de este artista a un tiempo joven y experimentado. Fascina la potencia del color y la materia, la intensa gestualidad de la pincelada en puñetazos al estilo de Lucien Freud. A contrapelo de la ola conceptual, Mlynarzewicz trabaja en la más pura tradición pictórica. Pinta al óleo retratos, desnudos y escenas de su vida cotidiana: una especie de diario íntimo actual con un pie en el pasado. Y no duda en definirse como "un pintor de cuadros".
En ese universo íntimo que el artista exhibe sin pudor, su taller es un lugar central: "No trabajo con modelos pagos, mis modelos son amigos o gente con la que quiero relacionarme, aprender, descubrir", dice. Por su atelier pasaron, entre muchos otros, Carlos Fuentes, José Luis Cuevas, Juan Carlos Distéfano y Martín Caparrós.
En la muestra se descubre a Jorge Drexler en Tocando música, a sus compañeros de trabajo de la Asociación Amigos del Museo Nacional de Bellas Artes posando risueñamente y al pintor Juan Doffo. En Dos poetas jugando en mi taller, Washington Cucurto desnudo pone unos libros sobre la cabeza de Fabián Casas, quien "no se animó a desnudarse", dice el artista. El sí es capaz de mostrarse desnudo en una serie de autorretratos.
Los lugares de la pintura es un homenaje al oficio del pintor. Y, sobre todo, a la singular capacidad del arte de expresar los más inefables sentimientos.

lunes, 23 de febrero de 2009

Estos cuadros los puede pintar una niña


Es de noche en Melbourne (Australia) y Aelita Andre no está para entrevistas. Sólo tiene dos años y es incapaz de articular una frase con sentido. Ya es hora de que se vaya a la cama. Sus padres aún tardarán un rato en conseguir que se duerma. Después volverán con nosotros para ejercer de portavoces. Mientras tanto, queremos proponerle un juego: aparte por un momento los ojos de esa foto de la derecha, donde aparece una niña vestida con su pijama rosa y las manos embadurnadas de pintura al óleo y acrílicos. Enfoque su mirada únicamente hacia las imágenes que ilustran esta página. Repare en sus formas abstractas, en las combinaciones de color. Tómese su tiempo. Piense sólo en estos cuadros. Intente valorarlos con independencia de su autoría.

Se acabó el juego. Usted está ahora ante la misma situación en la que se encontró Mark Jamieson, director comercial de la galería Brunswick Street de Melbourne, a finales de octubre del año pasado. Fue entonces cuando la fotógrafa australiana Nikka Kalashnikova, madre de la protagonista de esta historia, llevó a su oficina los trabajos de una supuesta artista emergente llamada Aelita Andre. Él se interesó por aquellas pinturas hasta el punto de aventurarse a montar una exposición colectiva con algunas obras de aquella desconocida para principios de 2009. Mandó imprimir las invitaciones, organizó los preparativos del cóctel inaugural y se puso en contacto con los medios de comunicación locales. Días más tarde, la señora Kalashnikova le confesó que aquellos 15 lienzos cuyos vivos colores tanto le cautivaron habían sido concebidos por su hija de dos años.
Mark decidió seguir adelante con todo. Dejó colgadas las obras en su galería hasta finales de enero con el mismo nombre de la autora, pero desvelando su verdadera edad. Las medidas rondaban una media de 90×50 centímetros, con precios que oscilaban entre 180 y 2.000 euros. Algunas llegaron a venderse antes de la inauguración de la exposición y han levantado un formidable revuelo. ¿Estamos ante un nuevo prodigio del arte o se trata de una nueva broma a expensas del mercado?.
Los padres de Aelita han conseguido que se quede dormida. Un rato antes nos acercaron su vocecilla y sus llantos a través del auricular del teléfono. Prefieren tomarse un tiempo antes de responder a algunas preguntas por correo electrónico. Aseguran que su hija ya hacía estas cosas desde antes de comenzar a caminar. Solía entrometerse entre los esbozos de estos dos aficionados a la pintura y cineastas ocasionales que rondan la cuarentena. El verano pasado, cuando la nena tenía 19 meses, se convencieron del potencial de su trabajo y pusieron todos los materiales a su alcance. Hoy afirman que antes de cumplir dos años en enero, ella había pintado solita todos los cuadros que han formado parte de su primera exposición colectiva. Nikka Kalashnikova argumenta que ocultó al galerista en un primer momento la verdadera autoría de aquellos lienzos porque quería que su hija "fuera juzgada por sus propios méritos".
El catedrático de psiquiatría infantil Jaime Rodríguez Sacristán, hoy jubilado, ha accedido a nuestra petición de analizar un vídeo de Aelita colgado en la página web www.aelitaandreart.com, creada por sus padres, donde aparece dando rienda suelta a su creatividad. La pequeña desparrama tubos de pintura. Mancha sus manos. Las esparce por la tela. Y se ríe. "Parece algo excepcional, pero querría tener más datos provenientes de personas ajenas al entorno de esta niña, comprobar la veracidad de todo esto desde fuera y seguir su evolución", reflexiona Rodríguez Sacristán tras el visionado. "Lo que resulta difícil de creer es que antes de empezar a andar se pueda hacer algo con un valor artístico y formal".
Mark Jamieson, el galerista que ha puesto a la venta sus obras, ha defendido el valor artístico de su representada en declaraciones al periódico australiano The Age: "Es difícil juzgar el arte abstracto. Existe una aproximación formal y otra de forma libre que proviene de una base más intuitiva. Y si pensamos en esta última, quizá alguien de dos años pueda hacerlo también como alguien de 30". Lo que Jamieson no ha consentido es responder a El País Semanal sobre cuánto dinero se ha embolsado por la venta de estos cuadros en su galería, ni mucho menos pronunciarse sobre la posibilidad de que todo esto no sea más que una operación de marketing en la que él haya podido participar.
El director del Museo Nacional Reina Sofía, Manuel Borja-Villel, sí tiene una opinión sobre esta última cuestión: "A mí, esto me parece una clarísima estrategia de marketing, como la que ha podido realizar Damien Hirst al saltarse a los galeristas y poner su obra a la venta directamente en una casa de subastas. Y en estos artistas, el resultado suele ser más comercial que bueno". Borja-Villel también tiene respuesta para la afirmación de Jamieson sobre el arte contemporáneo: "Su argumento es erróneo, ya que no hay arte bueno que no sea culto; yo mismo llevé al Macba una exposición con obras de la colección Prinzhorn realizadas por enfermos mentales que, junto a los niños y a otras personas al margen de la sociedad, se convertirían en exponentes del art-brut. Lo bueno que puede tener el arte infantil es que su creación se halla aculturada, y lo que en este caso podría derivar en el desarrollo de unas aptitudes interesantes corre el riesgo de acabar reducido a un pequeño monstruo. Si el mercado ha sido capaz de destrozar carreras de artistas consolidados, me parece peligroso que toda esa maquinaria entre en la esfera de esta niña. Me provoca miedo. Y me da pena".
El escritor Carl Honoré, de 41 años, ha dedicado su último libro, Bajo presión (RBA), a analizar cómo educamos a nuestros hijos en un mundo hiperexigente. Una historia sobre por qué los adultos siempre tienden a controlarlo todo, sobre cómo han secuestrado la infancia de los niños de una forma nunca vista hasta ahora. La idea del argumento le sobrevino cuando una profesora le dijo un día que su hijo de siete años era un joven artista superdotado. "Pronunció la palabra mágica: superdotado. Se usa con demasiada alegría, cuando en realidad hay muy poca gente que la merezca. Sentí un vértigo terrible", recuerda Honoré por teléfono desde su casa de Londres. "Todos podemos perder la orientación en cualquier momento. Decir eso a un padre moderno puede llevarle a perder el sentido común. Tener una facultad, un don, ha dado paso a ser un superdotado como fin en sí mismo".
Honoré se ampara en metáforas del tipo padre quitanieves para definir a quienes marcan un camino perfecto en la vida de sus hijos. Se trata de la hiperpaternidad, algo que este autor ve reflejado en la actitud de los progenitores de Aelita. "Su caso es interesante. Subraya la obsesión de los padres por modelar y pulir a sus hijos, por explotar su talento hasta la última gota. Es el empeño por crear un niño diez. Aunque, por otra parte, ¿por qué negarle la posibilidad de ver sus obras en una exposición? Lo que pasa es que no se trata exclusivamente de la obra de una niña pequeñita. Alguien ha puesto a su disposición los materiales necesarios para ejecutarla, ha preparado las telas e impregnado el color de fondo de cada cuadro. De alguna forma, se ejerce una especie de dirección sobre ella".
sus padres se niegan a considerar que le presten ayuda de algún tipo. "Lo que sí hacemos es abrir los tubos de pintura, porque sus manitas no tienen todavía suficiente fuerza. Pero ella elige después cada color y lo esparce con sus manos, con sus pinceles y sus espátulas?. Michael Andre y Nikka Kalashnikova también ponen nombre a cada lienzo. Águila, Corona, La gran hormiga, Mi segunda primavera... Y proclaman: "Aelita ha echado por tierra el concepto del arte y amenaza a muchos creadores mayores que ella, de quienes estoy seguro que preferirían no tener que competir con una niña de dos años".
- ¿Qué están haciendo ustedes con el dinero recaudado tras las ventas de la exposición?
- Está guardado en un fondo destinado a su educación, para que haga uso de él cuando ella sea mayor.
"Mi hija volverá a coger el pincel mañana", sentencia con orgullo Kalashnikova. "Ahora está enfrascada en un cuadro muy grande. Y se prepara para su primera exposición individual, que se celebrará el próximo mes de abril en la misma galería". Algo que el director comercial de Brunswick Street Gallery, Mark Jamieson, ni confirma ni desmiente; simplemente, dice estar harto de todo esto. Para el psiquiatra infantil Rodríguez Sacristán, "a estas edades evolutivas resulta imposible predecir lo que pasará con ella; puede que continúe desarrollando un talento o que abandone totalmente la pintura".
Aelita, en cambio, no tiene nada que decir. Nada, al menos, que podamos entender. Se ha quedado dormida, ajena a todos los circos que crecen a su alrededor sin que ella lo sepa.

Todo es de color
Aelita es australiana, tiene dos años y derrocha su creatividad en el salón de casa de sus padres, Michael Andre y Nikka Kalashnikova. Ellos decidieron poner a su alcance todos los materiales el verano pasado, cuando tenía 19 meses y no paraba de entrometerse en los trazos de estos dos aficionados a la pintura y cineastas ocasionales. Ya ha vendido diez cuadros en una galería de Melbourne.