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lunes, 28 de noviembre de 2011

INCONTINENCIA ANAL: Vivir pendiente del baño

La urgencia por ir al aseo afecta mucho a la calidad de vida del paciente. | Mitxi
María (nombre ficticio) tardó años en pedir ayuda. Pensaba que su urgencia por ir al baño, su incapacidad de aguantarse las ganas más allá de unos minutos tras el primer retortijón no tenían remedio. "Es algo con lo que tienes que vivir", se repetía... pero nunca acababa de convencerse, porque el problema cada vez afectaba más a su día a día. "Planeaba cada salida y siempre estaba pendiente de que hubiera un servicio cerca, llegaba a obsesionarme", recuerda, aún con cierto pudor por sentirse durante tanto tiempo un 'bicho raro'.
De forma velada, intentó comentarle el problema en unas pocas ocasiones a su médico de cabecera, pero la respuesta que obtuvo -"Mujer, eso es cosa de nervios"- sólo sirvió para apuntalar aún más su resignación y convencerla de que "eso" era algo que había que sobrellevar en silencio.
"Muchas personas con incontinencia anal tardan años, o incluso no llegan a consultar el problema por vergüenza o porque a veces se les ha insinuado que no tiene solución, lo que llega a afectarles mucho psicológicamente", aclara Antonio Codina, especialista del Hospital Josep Trueta de Girona y presidente de la Sociedad Española de Coloproctología. Sin embargo, continúa, la realidad es que existen distintas opciones terapéuticas que son efectivas y que pueden mejorar considerablemente la calidad de vida del paciente. "Hay que desterrar la idea de que es un problema que nunca tiene remedio", remarca.

Un problema que aumenta con la edad

Se considera que existe incontinencia anal cuando la persona no puede controlar -ya sea total o parcialmente- la expulsión de heces líquidas y sólidas y/o gases, por lo que cada caso tiene sus propias particularidades y puede ser más o menos limitante.
Debido precisamente a la cantidad de pacientes que lo ocultan, no existen datos claros sobre su incidencia, aunque los especialistas calculan que el problema afecta en torno al 10% de la población menor de 60 años y a un número mucho mayor de personas de avanzada edad (algunas estimaciones sitúan el problema hasta en el 40-50% de los casos).
María, que ahora tiene 56 años, notó los primeros signos de que su esfínter no funcionaba bien en la treintena, después de que tres partos le produjeran serios desgarros en el perineo. Al principio, no pensó que fuera grave, sin embargo, con el paso de los años los síntomas fueron empeorando y haciéndose más patentes.
"Los traumas obstétricos, como episiotomías y desgarros de mayor o menor intensidad, son una de las principales causas de incontinencia anal, con la peculiaridad de que no se manifiestan hasta varias décadas después", confirma Javier Cerdán, especialista de la Unidad de Coloproctología del Hospital Clínico San Carlos de Madrid. Según explica, haberse sometido a una cirugía anal- como una operación de fístula- o haber padecido un traumatismo importante en la zona también aumentan significativamente el riesgo de sufrir este trastorno.
En sus muchos años de experiencia, este especialista ha visto todo tipo de problemas en su consulta. Desde jóvenes que, con sólo 18 años, sufrían cada vez que tenían que salir de casa, a profesionales a quienes sus gases ponían en aprietos en sus puestos de trabajo, pasando por pacientes que dependían íntegramente de los pañales, ya que su control del esfínter era completamente nulo.
"Cada caso es distinto y, por eso, lo importante es individualizar la atención", señala Cerdán, quien subraya que el primer paso para solucionar el problema es un buen diagnóstico.

Valorar y tratar

Además de distintas pruebas para medir la existencia de lesiones y el grado de afectación de la musculatura de la zona, también se tiene muy en cuenta qué repercusión tiene el problema sobre la calidad de vida de quien lo sufre.
A partir de ahí, indican los especialistas, se abre una batería de opciones terapéuticas que intentan adaptarse a las particularidades de cada paciente. "En algunos casos es muy efectivo simplemente poner en marcha una serie de medidas higiénico-dietéticas. Cambiando los hábitos alimenticios y utilizando pautas para controlar el ritmo y la consistencia de las heces, muchos pacientes consiguen mejorar ampliamente", apunta Codina.
También es frecuente, tal y como aclara Cerdán, que con estos pacientes se emplee una técnica conocida como 'biofeedback' que, básicamente, consiste en aprender una serie de ejercicios musculares que permiten mejorar la sensibilidad rectal y recuperar, al menos en parte, el tono perdido.
Desde hace algo más de un mes, María practica varias veces al día los suyos. Nadie se da cuenta de que está ejercitando los músculos del ano, así que puede hacerlo mientras ve la tele, viaja en el cercanías o hace la compra. Le han dicho que tardará un poco más en ver los resultados, pero las pruebas que acaban de hacerle en la Unidad de Coloproctología donde tratan su problema ya muestran progresos importantes.
Lo que sí ha notado desde que sabe que "lo suyo" puede tratarse es que la vergüenza y la sensación de ser un 'bicho raro' han ido desapareciendo. "Le comenté el problema a un especialista de digestivo al que había acudido por otra circunstancia, por si hubiera alguna relación, y fue él quien me derivó al coloproctólogo y me comentó que había esperanza", comenta.
Además de las medidas que María ya ha puesto en marcha, existen otras técnicas disponibles como la esfinteroplastia -reparación del esfínter mediante cirugía- o la neuromodulación de raíces sacras o a través del tibial posterior -estimulación de distintos nervios periféricos para recuperar control de las funciones intestinales- que, en palabras de Javier Cerdán, "proporcionan resultados muy satisfactorios".
Otras opciones, como la colocación de un esfínter artificial "no han dado resultados excesivamente buenos hasta el momento, aunque tampoco deben descartarse" por completo, asegura este especialista.
Según su punto de vista, también la colostomía -una intervención que consiste en 'sacar' un extremo del intestino grueso a través del abdomen de forma que las heces van a parar a una bolsa- debe valorarse en determinados casos. "No se puede olvidar, aunque sea un último recurso, porque para muchas personas cuyo esfínter no puede repararse esta opción puede ser mucho más higiénica y aportar una mayor calidad de vida", subraya.
El mensaje que tanto Cerdán como Codina quieren hacer llegar a quien padece este problema en la sombra es que "la incontinencia anal puede tratarse de forma eficaz". "Hay que quitarse la venda de los ojos y reconocer que el problema existe. No hay que avergonzarse porque hay opciones, personal especializado en el tema y una vida por vivir", concluyen.
elmundo.es

martes, 25 de octubre de 2011

CERCA DE 800.000 NIÑOS CON INCONTINENCIA URINARIA

 
Parece un problema menor, algo que ciertos padres viven como un capricho o un menor llamado de atención. Y aunque algunas veces lo sea, hacerse pis encima es un trastorno que hasta puede causar deserción escolar . Por eso, el Ministerio de Salud de la Provincia de Buenos Aires acaba de lanzar una campaña para prevenir y tratar la incontinencia urinaria – los chicos se hacen pis de día – y la enuresis – mojan la cama cuando duermen –, que incluye una encuesta a los padres de los chicos entre 6 y 12 años de escuelas públicas y privadas, charlas en los colegios, distribución de folletos y el uso de unos aparatos llamados “biofeedback” para reeducar a los chicos que no aprendieron correctamente a contener la orina.
Se calcula que sólo en la provincia de Buenos Aires, el problema afecta a 400 mil chicos mayores de 6 años , según extrapolaciones de datos de otros de otros países como España ( en toda la Argentina la cifra asciende a 800 mil ). Y por vergüenza o desconocimiento sólo el 40 por ciento de las familias afectadas consultan a un especialista . El resto lo vive en silencio.
“Son chicos que no pueden ir de campamento, ni a un pijama party ni a dormir a la casa de un amigo o un primo. Y muchas veces la pasan tan mal que se resisten a ir a la escuela ”, explica a Clarín Alfredo Bertolotti, jefe de Urología del Hospital de Niños Sor María Ludovica de La Plata. Uno de los objetivos de la campaña –en coordinación con la Dirección General de Cultura y Educación–, “es contar con estadísticas propias para saber bien cuántos chicos sufren este problema, porque es un trastorno más frecuente de lo que se cree ”, apunta el Ministro de Salud provincial, Alejandro Collia.
Según los expertos, a los 3 años se orina en la cama el 15% de los chicos. Entre los 3 y los 4 están en plena etapa de aprendizaje. Entre el 10 y el 15% de los mayores de 6 años se siguen orinando. Después de esa edad, hacerse pis responde a distintas causas: orgánicas y psicológicas . Los tratamientos son interdisplinarios: incluyen medicamentos y también los aparatos llamados “biofeedback” , por ejemplo. Bertolotti dice que por primera vez se usan en un hospital público pediátrico, que fueron donados por la Fundación Florencio Pérez. “El chico se sienta en un inodoro frente a una pantalla de juegos con un control remoto en la mano, como la Play, y ejercita los músculos del periné, contrae y relaja”.
Pese a todo los papás no deben desesperarse . El jefe de la Unidad de Urología del Hospital Durand, Víctor Romano, asegura que la clave en los chicos es la maduración de su vejiga . “Año a año van dejando de hacerse pis un 10 por ciento de los chicos, en todas las edades”.

Qué hacer y qué no hacer

Ante todo hay que tener paciencia. El chico no quiere mojar: es involuntario e inconsciente durante el sueño. Por eso, la familia debe cooperar.
Hay que evitar el enojo, tanto como los premios y los castigos.
Tampoco hay que apurarlos, presionarlos ni retarlos porque todo eso puede derivar en un aprendizaje deficitario.
No sirve compararlos con otros chicos de la edad, ni con un mayor.
Hay que estar atento a los síntomas diurnos: cuando el chico se hace pis a cada rato y no puede estar dos horas sin ir al baño. No hay que justificar estos hechos diciendo: “estaba jugando, distraído, y se le escapó”.
Como parte del tratamiento, se aconseja, por ejemplo, restringir la ingesta de líquidos a partir de la seis de la tarde.
clarin.com

lunes, 22 de marzo de 2010

El bótox puede servir para tratar la incontinencia

La toxina botulínica (bótox) no sólo sirve para la cirugía estética. Su capacidad para matar nervios puede tener otras aplicaciones. Una de ellas, que se ha probado en el hospital Nacional de parapléjicos de Toledo, es su uso para tratar la incontinencia asociada a lesiones medulares. La Asociación Española de Urología va a recopilar datos que avalen su uso.
Este nuevo empleo del bótox se ha tratado en la XVIII Reunión del Grupo de Urología Funcional, Femenina y Urodinámica que se ha celebrado en Toledo. "La toxina es un fármaco que inhibe la contracción del músculo. Existe un tipo de incontinencia de orina que se produce porque hay una contracción involuntaria del músculo de la vejiga. Hasta ahora, para estos casos se utilizaban los fármacos anticolinérgicos. Pero estos medicamentos tienen algunos efectos adversos como son la sequedad de boca o la visión borrosa, por lo que algunos pacientes no los toleran bien. Ahora contamos con esta opción, que se administra a través de una inyección, pero con menos efectos secundarios", explica Miguel Virseda, médico adjunto del Servicio de Urología del Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo.
La primera vez que la toxina botulínica tuvo una aplicación médica fue en el año 1977 como tratamiento corrector del estrabismo. Desde entonces, su uso se ha extendido no sólo en el ámbito médico sino también en otras áreas paramédicas, como es la estética. En medicina, la neurología es una de las especialidades en las que ha demostrado aportar mayores beneficios terapéuticos, sobre todo en ciertas enfermedades caracterizadas por movimientos involuntarios (distonías).
En el ámbito de la Urología, el Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo, ha sido pionero en utilizar la toxina botulínica en enfermos con incontinencia secundaria a lesiones medulares. "Además de la pérdida de orina que sufren estos pacientes, presentan otras alteraciones en la vejiga que pueden llegar incluso a producir el daño renal. Por lo que uno de los objetivos de administrar esta terapia es paralizar la vejiga", asegura Virseda.
En este hospital se está llevando a cabo un estudio, que pretende reunir la mayor cantidad de datos posibles que sirvan de base científica para que este medicamento obtenga la indicación para tratar la incontinencia de orina en los pacientes con lesión medular. "Hasta ahora", señala el doctor Virseda, "se hacía a través de uso compasivo, un procedimiento administrativo que exige solicitar una autorización del Ministerio de Sanidad. Con este ensayo pretendemos recopilar información sólida que justifique esta nueva indicación". "Los datos recogidos hasta el momento, apuntan a que es un medicamento muy eficaz en hasta el 60% de los pacientes con una capacidad vesical muy reducida. Asimismo, lo estamos utilizando para evitar la contracción del esfínter, un músculo de la uretra, que a veces se contrae con la vejiga, lo que supone un riesgo para el riñón. Hasta ahora en estos casos, si no funcionaba el tratamiento con anticolinérgicos se recurría a la cirugía, por lo que con la toxina botulínica, además de lograr la misma eficacia terapéutica, se evita la intervención y sus posibles riesgos", concluye Virseda.
elpais.com

sábado, 18 de abril de 2009

Ejercicios que previenen la incontinencia y el prolapso


Por desconocimiento o por vergüenza, muchas mujeres padecen la incontinencia urinaria cuando ríen, estornudan o hacen algún esfuerzo, como un precio a pagar por el hecho de haber parido hijos. Este trastorno, así como alteraciones de la función sexual y el desplazamiento de los órganos de la parte baja del abdómen (prolapso), puede prevenirse con algo tan simple como una buena ejercitación del piso pelviano (los músculos que sostienen a la vejiga, el útero y el recto).
"La disfunción del piso pelviano cobra vigencia ahora porque las pacientes se animan a hablar de la incontinencia o de molestias en sus relaciones sexuales", dice el doctor Oscar Contreras Ortiz, profesor de Tocoginecología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y responsable del área de Uroginecología y Disfunciones del Piso Pelviano del Hospital de Clínicas.
No obstante, el problema es viejo como la maternidad, y sus soluciones también. Culturas milenarias de Asia y China utilizaban piedras y otros elementos para ejercitar el piso pelviano de las mujeres pre y post parto.
Las opciones actuales incluyen la gimnasia con balones de distintos tamaños y tensiones, que "permiten integrar el cuerpo en el espacio y reorganizar la postura", asegura la terapeuta corporal Muriel Gutman, quien enseña esta técnica junto a la fisiatra Ester Arditti.
También incluyen ejercicios sensoperceptivos que permiten visualizar y usar ergonómicamente todas las posibilidades de movimiento corporal, y gimnasia hipopresiva (con presiones suaves) que tonifica y estimula los músculos pelvianos.
Hay ejercicios para realizar a partir del cuarto mes de embarazo, que buscan otorgar flexibilidad a los músculos del piso pelviano. Y una vez producido el parto, hay que hacer otro tipo de ejercicios para restablecer la tonicidad de estos tejidos. Si bien es recomendable hacerlos en los meses posteriores a la maternidad, "esta gimnasia es efectiva en cualquier momento en que la mujer nota que tiene incontinencia", dice Gutman.
"Además de prevenir el prolapso, evita las lumbalgias y dolores de cintura, porque mejora la postura corporal", agrega la terapeuta. "Una vez que se aprende la técnica, son muy fáciles de hacer en casa en cualquier momento del día".
La césarea no debe usarse preventivamente
Si bien los hombres también tienen piso pelviano, este trastorno es mucho más frecuente en las mujeres que han tenido partos. Y se estima que entre un 30 a un 45% de ellas padecen incontinencia urinaria, de gases o de materia fecal y, un porcentaje de ellas puede padecer lesiones anatómicas que llevan al prolapso.
Cuando no es posible evitar o revertir el problema a través de los ejercicios, "se puede apelar a técnicas novedosas como la electroestimulación, y en casos extremos la corrección del prolapso con prótesis de material heterólogo (polipropileno) o la cirugía reconstructiva del piso pelviano", señala Contreras Ortiz.
Aunque la cesárea programada (antes del trabajo de parto) evita estos inconvenientes, "de ningún modo se trata de un tratamiento preventivo de la incontinencia urinaria o el prolapso", advierte el uroginecólogo. "Esta intervención quirúrgica tiene indicaciones médicas específicas, que generalmente tienen que ver con el sufrimiento fetal o el riesgo de vida".
Por otro lado, si bien el síntoma principal de los trastornos del piso pelviano es la incontinencia urinaria, este trastorno puede deberse a otras causas como la llamada "vejiga hiperactiva", producida por la contracción involuntaria del músculo responsable de vaciar el órgano cuando se llena (estrusor). En estos casos, las personas sienten la necesidad imperiosa de ir al baño en cualquier momento, aunque no hayan tomado nada.
Lo importante, destaca Contreras Ortiz, es "consultar al ginecólogo cuando se tienen problemas de incontinencia y aprovechar para realizar un exámen de sangre oculta en materia fecal. Este estudio que se indica poco, pero que sirve muchísimo para detectar el cáncer de colon, que lamentablemente es hoy más frecuente en la mujer que el de ovario", destaca el especialista.
María Naranjo
Síntomas de la disfunción del piso pelviano
Incontinencia urinaria al reírse, toser o hacer esfuerzo
Dolor durante las relaciones sexuales
Desplazamiento de los órganos del abdomen bajo (prolapso)
Dónde consultar
http://www.sistemaarditti.com.ar/
http://www.disfuncionpisopelviano.com/