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jueves, 29 de octubre de 2009

¿No tiene trabajo? ¿Sin dinero? El divorcio no es una opción

NUEVA YORK (Reuters) - Los problemas financieros suelen dividir a las parejas, pero la actual recesión parece tener el efecto opuesto, debido a que menos matrimonios pueden permitirse cubrir el costo de un divorcio. La Academia Estadounidense de Abogados Matrimoniales (AAML, por su sigla en inglés) dijo que más de la mitad de sus 1.600 miembros que respondieron su más reciente encuesta citó una caída en las solicitudes de divorcios durante la actual recesión, que ha reducido empleos, salarios y precios de las casas.
En total, un 57 por ciento de los abogados notó menos solicitudes de divorcios desde el último trimestre del 2008. Sólo un 14 por ciento percibió un aumento en las solicitudes durante estos difíciles momentos.
"El actual clima económico está resultando ser mucho más implacable que las parejas con problemas que buscan un divorcio", dijo Gary Nickelson, presidente de la AAML, en un comunicado.
"Obligadas a evaluar entre un matrimonio dañado y un presupuesto estrecho acompañado de panoramas financieros inciertos, muchas esposas parecen estar dispuestas a esperar a que pase la recesión", agregó.
(Escrito por Belinda Goldsmith; Editado en español por Ricardo Figueroa)

ar.news.yahoo.com

lunes, 21 de septiembre de 2009

La tendencia al divorcio puede adivinarse a partir de una fotografía


¿Qué vida le espera a un niño o a un joven que en una foto sacada en el colegio o en la universidad muestra una amplia sonrisa o, por el contrario, parece triste o serio? Si se quiere averiguar, basta con observar bien la foto.

Científicos de la DePauw University de Chicago aseguran que hay, al menos, un aspecto de la vida de los adultos que ya puede deducirse de las instantáneas que les hayan sacado durante su infancia o durante su juventud: si van o no a divorciarse de mayores.

El profesor de psicología de dicha universidad, Matt Hertenstein, afirma en la revista Science and Religion Today, que dos rigurosos estudios realizados por él mismo y sus colaboradores han demostrado que la observación y la medición de las expresiones infantiles y juveniles pueden servir para predecir si las personas tendrán, algún día, una feliz vida marital o todo lo contrario.

Disposición emocional subyacente

En un artículo titulado “Smile intensity in photographs predicts divorce later in life” (“La intensidad de la sonrisa en las fotografías predice el divorcio años después”) los científicos explican detalladamente ambos estudios, basados en la hipótesis previa (también mantenida por otros investigadores) de que la actitud sonriente en las fotografías indica cierta disposición emocional subyacente, que tiene consecuencias tanto directas como indirectas en la vida de las personas.

En el primer estudio fueron examinadas 306 personas (204 mujeres y 102 hombres), de edades comprendidas entre los 23 y los 87 años de edad. Los participantes fueron mayormente caucásicos, pero en el experimento también participaron afroamericanos y personas de otras razas.

A las fotografías de estas personas cuando estaban en la universidad se les aplicó un procedimiento de codificación de una investigación anterior, realizada por otros científicos, en la que se habían analizado las expresiones de emociones positivas en jóvenes universitarias, y las experiencias de estas niñas en su edad adulta.

Siguiendo dicho procedimiento, en las fotos de los participantes en el estudio de Hertenstein fueron consideradas dos unidades de acción muscular facial (la que hace que la mejilla se levante, y la que hace que la comisura de la boca se estire también hacia arriba), como reflejo de una expresión emocional positiva.

Por otro lado, los participantes también tuvieron que contestar a tres preguntas sobre su vida personal: si actualmente tenían una relación estable, si la habían tenido alguna vez, y si se habían divorciado en algún momento.

La combinación de todos los datos recopilados, tanto los de la encuesta como los de la decodificación de las fotos, reveló que entre las personas con sonrisas de menor intensidad en la juventud (la intensidad de las sonrisas fue valorada en una escala de entre 2 y 10 puntos), la tendencia al divorcio era mayor que entre las personas que sonreían más en esa etapa de sus vidas.

Carácter es destino

En el segundo estudio se llevó a cabo un análisis similar, en este caso con 55 personas de una media de edad de 50 años.

Los participantes presentaron en este caso fotos de distintas épocas de sus vidas (entre los cinco y los 22 años), porque se sabe que la evaluación en distintos momentos y contextos produce un índice de la emotividad más fiable.

Las preguntas destinadas a este grupo fueron directamente sobre el matrimonio, y no sobre otro tipo de relaciones estables que los adultos hubieran podido tener en el pasado: si estaban casados ahora, si lo habían estado con anterioridad, y si se habían divorciado alguna vez.

Los resultados revelaron un patrón similar al del estudio anterior: la intensidad de las sonrisas reflejadas en las fotografías sirvió para predecir la tendencia de los participantes al divorcio.

Los científicos explican que dichos resultados son coherentes con suposiciones previas de otros investigadores, que señalaban que las tendencias emocionales influyen en la vida de las personas a través de procesos sociales, cognitivos, biológicos y actitudinales.

Retos pendientes

A pesar de acercarse a la “adivinación”, los investigadores reconocen que la presente investigación está limitada en algunos aspectos, porque no ha contemplado algunas variables -como la del atractivo de los participantes- que podrían resultar clave a la hora de establecer las “tendencias” al éxito o fracaso marital.

Por otro lado, los investigadores señalan que en futuros estudios se podrían examinar las relaciones entre la intensidad de la sonrisa y los resultados generales en la vida, no sólo en lo referente al matrimonio.

Y es que, tal y como indica la literatura reunida a este respecto, a partir de segmentos muy limitados de comportamiento no verbal se puede inferir con exactitud toda una variedad de características, entre ellas el estatus socioeconómico, las evaluaciones en educación, la orientación sexual, y algunas otras facetas de la personalidad.
tendencias21.net

jueves, 21 de agosto de 2008

Divorciados bajo el mismo techo


La Justicia otorgó el divorcio a una pareja de septuagenarios que vivía bajo el mismo techo. Alegando motivos económicos, son cada vez más las parejas que inician el divorcio sin que uno se mude. Ella y él –los actores del fallo se mantienen en secreto– se casaron en 1955, tuvieron tres hijos y en enero de 2003 empezaron el juicio de divorcio. La relación venía en picada desde antes. Dormían en diferentes habitaciones.

Pero en la primera instancia judicial, el pedido fue rechazado, aludiendo que no habían transcurrido los tres años de separación de hecho sin voluntad de retomar el vínculo. “Se estaría permitiendo el acceso al divorcio a parejas que estuvieran pasando sólo crisis pasajeras”, expresaron en aquel momento los fiscales.

El hombre, que en 2002 había sido excluido de su hogar por violencia doméstica, insistió ante la Cámara Civil. Dijo que hacía más de diez años que no tenían relaciones sexuales.
Ella alegó violencia física y psicológica, infidelidades, humillaciones.
Ayer la Cámara Civil revocó el fallo y consideró que estuvieron separados de hecho durante un tiempo lo suficientemente largo para concederles el divorcio. Aclaró que la mujer “no fue culpable de la separación”. No es la primera vez que dos personas piden el divorcio desde la misma casa ni que la Justicia lo otorga.

Nina Brugo, presidenta de la Comisión de Mujer de la Asociación de Abogados de Buenos Aires, recuerda uno de estos primeros casos, a fines de los años noventa. “Un matrimonio de gente mayor, sin hijos; atendí a la señora. Vivían separados bajo el mismo techo, y él no le hablaba pero usaba cosas que compraba ella: artículos de higiene y perfumería. Hicieron el divorcio mientras vivían ahí y, cuando salió, siguieron así dos años. Acordaron que cada uno pagaría sus gastos. Llegué a conversar con el señor y él dijo: ‘Mientras ella no me moleste, todo bien’”, recuerda Brugo. “Somos compañeros de departamento. No cumplimos ninguna de las obligaciones maritales: asistencia, alimento, fidelidad y sexo. Queremos el divorcio y no nos da la plata para que uno de los dos se vaya de casa.”
Los abogados dicen que esta actitud se empieza a ver con más frecuencia.

“Antes había que acreditar tener más de tres años de separación de hecho. Pero se empezaron a hacer presentaciones donde el argumento vertebral era que quienes pedían este divorcio convivían sólo por una cuestión económica. Esa cohabitación no implicaba que cumplieran con los otros órdenes legales de un matrimonio. El orden público de Familia se fue haciendo más flexible”, explicó Gabriela Silva Alpa, abogada. “Muchos siguen conviviendo mientras tramitan su divorcio. A veces uno propone que una de las partes se vaya porque puede ser peligroso vivir bajo el mismo techo si hay violencia”, expresó Ana Rosenfeld, abogada.
Rosenfeld está convencida de que La Guerra de los Roses no es sólo una película: “En la práctica existe. Cada caso es distinto, pero por norma no conviene convivir bajo el mismo techo mientras sale el divorcio; puede terminar en una guerra que hace mal a todos, y peor a los chicos”. Y advierte que, a veces, la falta de recursos “es la excusa para no perder terreno”, dice Rosenfeld.
Gimena es de las hijas que crecieron con padres que tienen la misma llave pero hace diez años no son pareja. “A los hijos nos afecta más que a los padres, por la anormalidad de la situación y de la imagen de pareja que uno se forma. La guerra deja secuelas en todos. Quedás de rehén”, dijo.
Irene Meler, coordinadora del Foro de Psicoanálisis y Género (APBA), señaló: “Se ve en matrimonios no muy jóvenes y civilizados. A veces funciona. Es contradictorio: pedir el divorcio y vivir juntos. Habla de una ambivalencia emocional que no permite romper completamente el vínculo”.
Sin ruptura no hay nueva vida
“Vivir bajo el mismo techo cuando no existe vida de pareja provoca confusión, bronca y boicots, y afecta a los hijos, los más perjudicados”, explica Graciela Moreschi, psiquiatra especialista en vínculos. “Si la convivencia continúa, uno sigue participando y controlando, aunque no quiera, lo que le pasa al otro. Se promueve aún más esa competencia de a quién le va mejor, quién tiene más éxito. Aunque uno se crea indiferente, esto afecta. Para los hijos se vuelve terrible estar del lado de la madre o el padre. Hay confusión, por más que sepan que cada cónyuge hace lo suyo, al mantener la estructura de antes, perciben la nueva vida de sus padres como un engaño. Tiene un costo emocional altísimo y genera una bronca crónica. Sin desenganche, no se puede empezar una nueva vida.”
Crítica de la Argentina