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sábado, 24 de septiembre de 2011

“Hipersexuales”: los que siempre tienen ganas



Caso 1: hombres muy deseosos con mujeres apocadas
Hay hombres que gustan mucho del sexo y quieren que sus mujeres los acompañen cuerpo a cuerpo. Ellos están siempre bien dispuestos y lo hacen saber con gestos, dobles mensajes, llamados hot y un cuerpo preparado para el sexo.

Piden de sus damas igual participación y compromiso. Sin embargo, no siempre consiguen la paridad. Hay mujeres que no alcanzan tal nivel de excitación y otras que, aún teniendo un buen nivel de deseo, parecen apocadas ante sus maridos o parejas “hipersexuales”.

Ellas creen que tienen un deseo sexual bajo cuando en realidad el deseo del compañero está aumentado. Estas mujeres pueden replegar su iniciativa ante el avance prioritario de sus parejas. En algunos casos se dejan llevar con una mezcla de placer y temor: “si no lo complazco se va a ir con otra”.


Caso 2: mujeres expansivas con hombres esquemáticos

Las mujeres expansivas que se vinculan con hombres obstinados, conformistas, formales, rígidos, respetuosos de reglas, tratarán de amoldarse a ellos hasta el pronto aburrimiento. En cambio mostrarán su verdadero carácter en el trabajo, con amigas y en toda situación social.

Son mujeres que se apagan al atardecer y se encienden a la mañana, cuando comienzan sus actividades fuera de la atención de su cónyuge. Esperan que ellos las recuerden durante el día, les manden mensajes, llamados telefónicos, planeen una salida, pero ellos, nada. Nunca una sorpresa.

El día de sexo será alguno del fin de semana, con suerte los dos, siempre con el mismo ritual: ellos se acercan, tocan los mismos puntos erógenos, y todo se repite.

Las mujeres expansivas, independientes, siempre voluntariosas, incansables, directivas, buscadoras de placer, ahora se han convertido en seres insatisfechos, hartos de la apatía conyugal.

Las disfunciones sexuales hacen su aparición: pérdida de entusiasmo, del erotismo, del deseo sexual. Ellas desean algo diferente que colme el profundo descontento. Se ilusionan pensando en un cambio promisorio. Esperan durante el noviazgo, la maternidad, la crianza de los hijos, la menopausia. Esperan que el hombre se relaje y se active durante el invierno, luego, durante el verano. Y nada.

Cuando se les pregunta: “¿alguna vez fue diferente?”, responden sorprendidas “¡No!” Raro es que sus hombres rígidos lleguen a satisfacerlas y a mejorar el encuentro erótico-sexual. Estos hombres necesitan revisar sus conductas y relajar sus defensas.

¿Qué hacer?

¿Vos sos la apocada o la expansiva? No importa, ¡tratá de intercambiar los roles! Las parejas deben asumir el compromiso de enriquecer el encuentro para que no se convierta en rutina. ¿Querés intentarlo? Mirá estos consejos para
mejorar la toma de iniciativa.

Por el doctor Walter Ghedin
entremujeres.com

sábado, 12 de marzo de 2011

Ellos las prefieren sin pasado sentimental

Una encuesta realizada en el país dio cuenta que a la hora de elegir con quién entablar una relación romántica, los hombres argentinos prefieren que la mujer no tenga un historial sentimental De acuerdo con el informe elaborado por el portal Match.com, el 64% de los hombres que busca pareja por internet prefieren a las solteras sin compromisos serios previos, mientras que sólo un 14% acepta que sean divorciadas.
Esta tendencia, no sólo común en la Argentina sino también en varios países de la región, se da principalmente porque la opción del matrimonio en los hombres y la tenencia de hijos se vio desplazada por las actividades profesionales y decisiones personales de cada individuo.
“Por ese motivo optan por una compañera que se encuentre en la misma etapa de vida que ellos“, comentó Claudio Gandelman, CEO de Match Latam.
Por otra parte, el 40% de las mujeres encuestadas afirma que espera encontrar un hombre soltero (y que nunca antes haya estado casado), y un 25% busca a una pareja en situación de divorcio, mientras que un 18% orienta su búsqueda hacia los viudos.
“Hoy en día son muchas las mujeres divorciadas o viudas que buscan una segunda oportunidad en el amor, por lo cual esperan que la pareja requerida las sepa comprender y apoyar, sobre todo cuando existen hijos de por medio. Buscan en el hombre experiencias similares de vida”, agregó el ejecutivo.
El estudio se basó en estadísticas que maneja el propio portal en varios países de la región donde tiene presencia, como la Argentina, Chile, Colombia, México, Perú y cuenta con más de 60 millones de usuarios en América Latina.
Fuente: NA
infobae.com

viernes, 13 de agosto de 2010

Encontrar el amor después de los 60, en Internet

Por Martina Rua
lanacion.com
Rosario.- La tarde de la primera cita Marga lo acompañó a Jorge al PAMI. En la segunda cita, Jorge le escribió un SMS a Marga que decía "por culpa de tu beso me fui volando". Mientras ellos cuentan, se miran, se ríen, se acarician y respiran hondo para disimular las lágrimas que les produce la felicidad de haberse encontrado cuando creían que se les había pasado la hora. Hablan sentados en el living angosto de una casa humilde que deja pasar los impiadosos dos grados de una Rosario lluviosa y helada. Pero ellos no se percatan ni del frío ni de nada, porque están contando su historia.


Cupido 2.0. Todo empezó en septiembre de 2008. Margarita, viuda desde hace 13 años y con su hija a punto de casarse, quería un compañero para nos estar sola. Jorge, comenzaba a transitar un divorcio y tenía esperanzas de volver a enamorarse. Ambos encontraron casi por casualidad un "banner que titilaba en Internet" y que los invitaba a conocer a alguien en una página web para buscar pareja. "Entré a este sitio en el que podía hacer mi perfil y ver el de otras personas si pagar una suscripción, a los dos días recibí una invitación de Jorge a tomar un café, como él no tenía foto se la pedí, me interesó y decidí aceptar la cita", recuerda Margarita.
El sitio de citas donde se conocieron es Zonacitas.com , que hoy agrupa a más de 250.000 argentinos que buscan a su otra mitad. "Nos pasamos las direcciones de MSN, nos dimos cuenta que teníamos muchas cosas en común. Tuvimos dos citas en cafés, yo estaba muy ansioso, pero también aparecieron muchas inseguridades que compartí con Marga en nuestra segunda cita, de la que me fui ya sabiendo que la quería", confiesa Jorge.
Esperanza. La relación de Marga y Jorge creció a pasos agigantados y se fue transformando en un amor más grande de lo que ellos habían soñado. Sólo pasaron dos meses cuando decidieron apostar a una convivencia, y Jorge dio un paso más: "Sentí la necesidad de una relación más cercana, pensé primero en un compromiso con anillo, pero ni bien salió mi divorcio, pusimos la fecha y al mes nos casamos, en una fiesta hermosa junto a nuestros amigos, hijos y nietos", cuenta este hombre de 65 años mientras acerca a la mesa el souvenir y las tarjetas de invitación que armó su mujer.
Jorge y Marga son concientes de que su historia ilusiona a miles de personas que buscan pareja, por eso no dejan de visitar el sitio de citas donde comparten fotos y cartas con usuarios de toda América latina que agradecen con cientos de mensajes y los alientan a seguir dando el ejemplo. "Ya estaba muy temerosa, pero hay que animarse. Me da vergüenza decirlo, pero ahora estamos como adolescentes, estamos muy enamorados y somos muy felices. No me imaginé nunca que me iba a enamorar así a esta edad cuando sólo buscábamos una compañía", cierra Margarita y Jorge la mira y asiente con una sonrisa cómplice que sólo ellos saben todo lo que encierra.
Protagonistas: Margarita Gesualdo, (61), Jorge Coccolo (65), jubilados.
Su historia: En el año 2008, con dos experiencias de vida diferentes, se animaron a buscar pareja en un sitio de citas online. Desde el primer día en el que se vieron no se separaron más y en abril de este año dieron el sí que los convirtió en marido y mujer.
Tecnología: Sitio web de citas online Zonacitas.com, chat y mails.

jueves, 12 de agosto de 2010

El tecno-levante

El uso de los medios tecnológicos en la conquista amorosa se ha instalado con peso propio y, según parece, ha llegado para quedarse. Nadie se sorprende cuando escuchamos: "lo conocí por Internet", "nos enviamos mensajes todo el tiempo" o "adivinó mi contraseña, se metió en mi casilla de mail y se pudrió todo".
La vida moderna de relación requiere de algún "aparato" en medio de los vinculantes. Es posible que el uso del la tecnología en el cortejo amoroso de los jóvenes tenga sus particularidades respecto a los adultos. Los primeros escarceos, aunque no exentos de pasiones y sufrimientos, gozan de espontaneidad, inocencia, y cuando "la cosa no va", es viable darse otra oportunidad sin sentir que la urgencia del tiempo y las presiones de género condicionen los nuevos encuentros.
La adolescencia o los adultos jóvenes impulsan los contactos sociales vía Facebook o twitter: comparten mensajes, vivencias y multiplicidad de fotos. La tecnología sirve para fomentar la pertenencia al grupo. Pero el escenario no es el mismo para los adultos medios (promedio entre 35 y 45 años); un ejemplo: mujer sola o separada conoce a hombre de edad similar o mayor, con una vida hecha, de apariencia sólida, encantador, con gestos de romanticismo y caballerosidad. Los primeros contactos son vía Chat o servicios telefónicos de encuentro. Pueden pasar varios meses de charlas, de confesiones mutuas, de una apertura al otro poco habitual si se compara con las relaciones cara a cara, pero frecuentes con los nuevos medios tecnológicos. La conexión virtual provoca una especie de confesión narrada con todo detalle, y por qué no, de honestidad brutal. El discurso que se comparte de ambos lados está plagado de sufrimiento: parejas anteriores mal habidas, hijos indiferentes y padres desencantados. La similitud discursiva es sorprendente.
La conquista de los treintañeros largos y los cuarentones se basa en destacar la historia más desgraciada que les ha tocado vivir. El desencanto por la vida vivida y la posición asumida de "víctimas del destino" tiene un atractivo asombroso. No todo está perdido. Una luz se abre en el horizonte. Por fin Dios, o quien sea, posó sus ojos en ellos abriendo una esperanza. Es notorio cómo la indefensión, y por qué no, el desamparo, se instala en el imaginario de los vinculantes movilizando rápidas acciones de comprensión y ayuda. Y en este punto hay diferencias entre hombres y mujeres. Ellos, a pesar de las necesidades afectivas, defenderán su individualidad, los espacios propios y "la paz" ganada a costa "de mucho sufrir". En cambio muchas mujeres reaccionarán desde las ganancias conquistadas: trabajo, autonomía, vida propia; aunque por lo bajo, los intereses de género, demanden ser saciados con urgencia: sumisión, flexibilidad para ceder con tal de sostener la relación y dar respuesta a la tan valuada maternidad.
El ligando de la reciprocidad "compartida" tiene dos caras: por un lado el desencanto por las relaciones afectivas anteriores, y por el otro, la esperanza que se vuelve a encender. La comunicación por estas nuevas vías revierten las formas tradicionales del primer contacto. Si antes el amor a primera vista surgía de la apariencia física (no necesariamente bella), hoy es lo último que se conoce. Está bien que hay fotos y videos que pasan de un lado a otro, pero el contacto real termina por integrar la imagen que se tiene del partenaire virtual.
Hay en el encuentro "tecnofílico" de los adultos una vivencia de re-creación de la conquista adolescente. Una necesidad imperiosa de recuperar la intensidad de lo perdido. El cortejo amoroso virtual puede ser tan rico y prometedor que lo que viene después, por lo general, no está a la altura del mismo.
Por Walter Ghedin, médico psiquiatra y sexólogo.

entremujeres.com

sábado, 20 de marzo de 2010

Cada vez son más las parejas que deciden no tener hijos

Por Alejandro Rapetti
Especial para lanacion.com
Hacen oídos sordos a los mandatos sociales y deciden, sin culpa, que el núcleo familiar se limite solo a dos, sin lugar para un tercero. Se los conoce como DINK, acrónimo de Double Income, No Kids , o "doble ingreso sin hijos" y es un fenómeno creciente.
Se trata de parejas de entre 25 y 39 años que cada vez más optan por no tener hijos en favor de una mayor independencia económica, desarrollo profesional y tiempo disponible para el ocio.
"Las explicaciones sociales a este fenómeno hay que buscarlas en las expectativas de las mujeres por una mejor posición social, que implican mayores niveles educativos y mejores posiciones laborales. De allí que se postergue la llegada y también se reduzca la cantidad de hijos a tener", señala Victoria Mazzeo, doctora en Ciencias Sociales y jefa del Departamento Análisis Demográfico de la Dirección General de Estadística y Censos (GCBA).
Según la Encuesta Anual de Hogares 2007, publicada en 2009 por la Dirección General de Estadísticas y Censos, el tránsito de las familias a lo largo del tiempo ha dado origen al concepto de etapas del ciclo de vida familiar, que se refiere a las distintas fases por las que pueden transitar los hogares de tipo familiar.
Dentro de ellas se encuentra "Pareja joven sin hijos", definida como pareja que no ha tenido hijos, donde la mujer tiene menos de 40 años. La encuesta señala que en la ciudad de Buenos Aires, en 2007 estas parejas representaban el 11,3% de los hogares nucleares completos (cerca de 65.000 hogares). Estos hogares tienen alto ingreso per cápita familiar respecto al total de la ciudad y en su mayoría (83%) están ubicados en los quintiles de ingresos más ricos.
"Esta tendencia pertenece mas bien a las metrópolis, a las civilizaciones en progreso ya que aún no sucede en las pequeñas ciudades ni en los pueblos, qué decir, ni siquiera en el Gran Buenos Aires donde los niños siguen naciendo de jóvenes madres, por lo general acogidas en sus familias de origen", señala por su parte la licenciada Jazmín Gulí, psicóloga especializada en Constelaciones Familiares y Terapias de Pareja, y autora del libro Amor Delivery , editado por Aguilar.
Y añade: "Sin embargo esta nueva forma pertenece a lo que llamamos progreso y forma parte de un conjunto de ideas que lo sostienen, como ser que todo aquello que sea racional, premeditado y que postergue los deseos "primitivos", como el de reproducirse y continuar la especie, va a ir distinguiéndonos cada vez más del animal que ni piensa ni tiene la capacidad de planear o plantearse objetivos reproductivos"".
Sofía Roncatti tiene 33 años, es radióloga, y vive en pareja desde hace 4 años, aunque hasta el momento postergó la posibilidad de su maternidad para más adelante: "Nunca descarté la idea de ser mamá, sólo es que por ahora así estamos muy bien, y nos gustaría estirar este momento lo más posible. Creo que hoy en día hay tiempo de ser madre hasta una edad un poco más avanzada, y no veo la razón para apurarnos en tomar una decisión que nos cambiará completamente nuestras vidas", sostiene.
En cualquier caso, los DINK no tienen que preocuparse por asistir a los actos del colegio, pueden salir de vacaciones en cualquier mes del año, y a menudo se permiten consumir artículos y servicios que para muchos pueden resultar de lujo. Salen más seguido a comer afuera y llevan una vida muy saludable, dedicando gran parte de su tiempo libre a hacer ejercicio y llevar una dieta equilibrada.
Estas parejas rompen con la concepción tradicional de familia, y defienden su elección como una opción cada vez más viable a la hora de elegir un modelo de vida.
Las estadísticas así lo demuestran. No es casual que a partir de la década del 80, las mujeres aumentaron progresivamente su edad para contraer matrimonio. La media en esa década fue de 26 años, en los noventa fue de 28 años y supera los 30 años para la década de 2000.
"Este corrimiento de la edad a la primera unión se corrobora al examinar la edad promedio de las madres que dieron a luz por primera vez, que osciló entre los 26 y 28 años durante las décadas de 1980 y 1990 y supera los 29 años a partir de 2000. Como resultado la tasa global de fecundidad (cantidad de hijos por mujer) en 2001 mantuvo el mismo nivel que en 1991 (1,8 hijos por mujer) pero descendió con respecto a 1980 (2 hijos por mujer)", apunta Mazzeo.
En ese sentido, al analizar el grupo de mujeres de 30 a 39 años, la proporción que tuvo hijos fue el 71% en 1980 y se redujo al 65 % en el 2006. Ahora bien, si dentro de este grupo de edad se observa el comportamiento reproductivo de las mujeres con nivel educativo universitario completo, se advierte que los niveles son distintos: las mujeres de 30 a 39 años con universitario completo que tuvieron hijos se redujo del 65% en 1980 al 48% en 2006. Es decir, en la ciudad, menos de la mitad de las mujeres de 30 a 39 años con nivel educativo universitario completo tuvo hijos.
Por otro lado se corrobora la importancia del mayor nivel educativo en este grupo de edad: la proporción de mujeres de 30 a 39 años con estudio universitario completo en el total de mujeres de ese grupo de edad fue el 14% en 1980 y trepó al 26% en 2006.
Para Gulí, detrás de esta nueva conducta parecen verse multitudes de hijos que recibieron la vida pero no se la pasan a otros, manteniendo una juventud a fuerza de negarse a pertenecer a la rueda de la vida. "No lo veo separado del movimiento, también creciente, de las fertilizaciones en edades avanzadas, insistencias civilizadas a que las cosas ocurran como uno dice y no como son o serían. Una actitud frente a la vida", asegura.

lanacion.com

miércoles, 20 de enero de 2010

Ahora ellos buscan mujeres de buen pasar

Sam Roberts
The New York Times
NUEVA YORK. Beagy Zielinski, una estilista de 28 años nacida en Alemania, se mudó a Nueva York para estudiar moda en 1995, y se quedó allí. Poco antes de Navidad rompió con su novio, un obrero dedicado a la reparación de barcos de la marina. "Se sentía absolutamente inseguro debido a mi carrera y el éxito que tengo", dijo Zielinski.

Un análisis de los datos de un censo publicado el martes por el Centro de Investigación Pew reveló que ella e innumerables mujeres semejantes son víctimas de una inversión de roles que está afectando profundamente el mercado de potenciales maridos. "Ahora los hombres tienen cada vez más probabilidades de casarse con mujeres que poseen mejor educación y más ingresos que ellos, y lo contrario ocurre en el caso de las mujeres", dijo Paul Fucito, vocero del Centro Pew. "En las últimas décadas, con la aparición de esposas trabajadoras bien pagas, las ventajas económicas de casarse han beneficiado más a los hombres."
El análisis está dedicado a los norteamericanos entre los 30 y los 44 años, la primera generación en la que hay más mujeres que hombres con un título universitario. Los ingresos de las mujeres han aumentado más rápido que los de los hombres desde la década del 70.
"Desde hace tiempo sabemos que los hombres tienen más necesidad de casarse que las mujeres, desde el punto de vista de su bienestar físico y mental", dijo Stephanie Coontz, profesora de la Universidad Estatal de Evergreen de Olympia, Washington, y directora de investigación del Consejo de Familias Contemporáneas, un grupo de investigación y promoción. "Ahora casarse también se ha vuelto importante para asegurarles bienestar económico", comentó.
La brecha de educación e ingreso entre hombres y mujeres se ha agrandado aún más con la última recesión, durante la cual los empleos que desaparecieron estaban ocupados por hombres en tres de cada cuatro casos. La Dirección de Censos dijo que, de las parejas casadas con hijos durante el año pasado sólo la esposa trabajaba en el 7 por ciento de las familias, comparado con el 5 por ciento en 2007. El porcentaje aumentó del 9 al 12 por ciento en el caso de los negros, entre quienes la brecha educativa y de ingresos entre ambos sexos siempre ha sido aún más grande.
En 2007, el informe Pew descubrió que los ingresos medios de las familias de hombres casados, mujeres casadas y mujeres solteras eran un 60 por ciento más altos que en 1970. Pero, en el caso de los hombres solteros, el ingreso medio sólo había aumentado un 16 por ciento. Ahora, los hombres que se casan habitualmente consiguen otro sostén económico de la familia.
En 1970, el 28 por ciento de las esposas tenían maridos mejor educados, y el 20 por ciento de las mujeres estaban casadas con hombres con menos educación que ellas. En 2007, las cifras equivalentes eran el 19 por ciento y el 28 por ciento. En 1970, el 4 por ciento de los maridos tenían esposas que ganaban más que ellos; en 2007, la cifra alcanzaba el 22 por ciento.
Las mujeres con educación universitaria tienen menos probabilidades que en 1970 de tener un marido con educación universitaria y que pertenezca al nivel más alto de ingresos, y las mujeres casadas tienen menos probabilidades de tener un marido que trabaje.
"En todas las parejas casadas las mujeres aportan la mayor parte de los ingresos familiares, y un porcentaje cada vez mayor de esas parejas incluye a una esposa que gana más que el marido." Aunque el índice de matrimonios ha disminuido en general, las mujeres con títulos universitarios siguen teniendo más probabilidades de casarse que las mujeres con menos educación.

Presiones
Pero algunas mujeres descubren que las presiones de salir con alguien se han vuelto más intensas. Syreeta McFadden, una graduada de Columbia y de Sarah Lawrence, de 35 años, que está cambiando de empleo tras haber trabajado en el rubro inmobiliario, dijo: "En el caso de hombres de cualquier grupo étnico, les resulta un poco intimidante salir con mujeres inteligentes. El dinero es un tema delicado".
Elaine Richardson, que tiene más de 50 años, que está divorciada y es dueña de una empresa consultora de sistemas de salud en Westchester, dijo: "Los hombres te consideran de alto mantenimiento cuando una aparenta no necesitar a nadie que se haga cargo de una".
La profesora Coontz de la Universidad Evergreen recordó que desde fines del siglo XIX hasta 1940 no era raro que una mujer terminara la escuela secundaria o asistiera a la universidad y se casara con hombres que ganaban más que ella, pero que tenían menos educación formal.
"Mucha gente ha manifestado preocupación ante la posibilidad de que la creciente dependencia de los hombres con respecto a sus esposas, especialmente si los han despedido, podría provocar la clase de reacción contra las mujeres trabajadoras que se produjo durante la Gran Depresión", dijo la profesora Coontz.
Zielinski, la estilista de moda, dijo que su mejor amigo le había dicho en una oportunidad: "«Eres segura, eres dueña de tu propia empresa, viajas por el mundo y eres autosuficiente. ¿Qué hombre te querría?». Se reía al decirlo, pero a mí me resultó deprimente".
Traducción de Mirta Rosenberg

lanacion.com

sábado, 12 de diciembre de 2009

Las mujeres que amaban a los hombres más jóvenes


Por Natalia Trzenko
De la Redacción de LA NACION
Llega un momento en la vida de los padres en que la constante preocupación y los desvelos por sus hijos pierden intensidad. Los chicos ya no son niños que necesiten cuidados intensivos ni adolescentes desbordados de hormonas. Generalmente al llegar a la veintena los hijos se independizan y los padres duermen un poco más tranquilos. Para ellos, esta nota-advertencia. Si usted tiene un hijo varón de veintipico o cortos treinta y pico sepa que hay una nueva especie de depredadoras al acecho dispuestas a cazar a su vástago. Se trata de un grupo de mujeres que, hartas de ver cómo los hombres de su edad las dejaban por jóvenes que podrían ser sus hijas y hasta sus nietas -Ron Wood, de 62 años, abandonó a su esposa por una modelo de 20 de la que acaba de separarse luego de ser acusado de intentar ahocarla-, decidieron salir a buscar el amor algunos escalones por debajo de su rango etario.
La nueva costumbre llamó la atención de los medios norteamericanos que comenzaron a llamarlas cougars - que puede traducirse como pumas-, y rápidamente encontraron los mejores ejemplos de esta práctica en el mundo del espectáculo. Aquí, uno de los primeros avistamientos llegó con el improbable pero aparentemente sostenido romance entre Cecilia Roth y Gonzalo Heredia. Aunque nunca confirmaron su relación, los actores fueron fotografiados juntos en más de una oportunidad. Claro que hace unas semanas, la tendencia ganó verdadera fuerza cuando se vio a Susana Giménez muy cerca de Juan Martín del Potro. El tiene 21 años y ella bastantes más (esta nota intentará, cuando pueda, no romper los códigos de silencio en relación a la edad de algunas damas) y, a pesar de que la conductora negó el romance con el tenista, algunos siguen sospechando de la "onda" que Susana admitió compartir con el muchacho de Tandil. Una confesión algo más tímida pero más romántica que las historias de Moria Casán y sus sex toys.
Aunque las parejas en las que el hombre le lleva unas cuantas décadas a la mujer no son nada nuevo y ya no espantan a nadie, cuando el orden de los géneros se invierte las tapas de revistas no dan abasto para cubrir el fenómeno y hasta la ficción lo incorpora como parte de sus relatos.
En Botineras, el personaje de Nicolás Cabré es perseguido por una antigua amante que interpreta Mónica Ayos, está de novio con Marga (Isabel Macedo) y es deseado por Laura (Romina Gaetani), todas mayores que él. Por otro lado, el programa estandarte de los nuevos romances se llama Cougar Town , es una comedia protagonizada por Courteney Cox que interpreta a Jules, una mujer divorciada de 40 años que reinicia su vida amorosa saliendo con hombres en sus veinte. Uno de los éxitos de la nueva temporada de la TV norteamericana, la serie parece inspirada en la relación entre Demi Moore, Ashton Kutcher y Bruce Willis.
El caso Demi
Cuando Bruce Willis de 54 años se casó con su novia modelo de 31, la noticia ocupó apenas unas líneas en los diarios y unos segundos en los noticieros. En cambio, cuando Demi Moore, de 43 años, se convirtió en la esposa de Ashton Kutcher de 27, el enlace llenó tapas de revistas que dudaban de que el romance fuera a durar. Citando la ficcional seducción de la señora Robinson en El graduado , las publicaciones chismosas no podían creer que el joven y codiciado actor realmente apostara a la pareja con la madre de tres hijas que, desde su divorcio de Willis, vivía alejada de Hollywood. Cuatro años después el matrimonio continúa y hasta los más incrédulos tuvieron que aceptar que funciona.
Algo más difícil de creer es la relación entre Madonna y su novio casi treinta años menor, Jesús Luz. En un principio, el amor entre el modelo brasileño y la reina del pop parecía una más de las estrategias publicitarias de Madonna quien, siempre atenta a lo que se usa, sabía que últimamente el tema es tener un novio muy joven como accesorio. Pero, a un año de conocerse, la pareja sigue junta. Además, aunque ella lo niega, en su entorno ya hablan de casamiento. Así, Madonna podría seguir el camino de Mariah Carey, que el año pasado, al borde los cuarenta años, se casó con el actor Nick Cannon, de 27. Por la misma senda va Whitney Houston que a los 43 años y después de un traumático divorcio se puso de novia con un ignoto rapero de 25 recién cumplidos.
La vida imita al arte
En la primera temporada de Desperate Housewives, Gabrielle Solis, el personaje de Eva Longoria, tenía un affaire con su jardinero adolescente. La relación prohibida, además de cuasi ilegal, servía para mostrar la desesperación que sentía esta ama de casa en particular. Un sentimiento bastante alejado de la verdadera Longoria, aunque cuando la actriz empezó a salir con el jugador de basquet Tony Parker, siete años menor que ella, las malas lenguas no pudieron evitar la comparación. Especialmente cuando la artista latina comenzó a hablar de cómo ella tenía mucha más experiencia que su marido en cuestiones de alcoba y de que el deportista había necesitado de sus "clases" en esa área. En ese borroso límite entre la ficción y la realidad podría colocarse Jennifer Aniston si finalmente acepta protagonizar el film Pumas (en castellano en el original), un film en el que interpretaría a una mujer que sale con hombres más jóvenes. Algo como lo que hizo Aniston cuando se puso de novia con el músico John Mayer, al que le lleva nueve años. La relación no terminó bien aunque en los Oscar de este año la actriz de Friends fue acompañada del muchacho que la ayudó a sobrellevar la insistencia de las cámaras en enfrentarla a Angelina Jolie.
A veces al público le cuesta distinguir al actor del personaje que interpreta en el cine o la TV. Ese es el caso de Kim Catrall desde que se convirtió en Samantha Jones para Sex and the City. Tan fuerte es la impronta de la desprejuiciada Samantha que a la intérprete le fue casi imposible conseguir otros papeles una vez que la serie terminó y antes de que se decidiera a hacer las versiones cinematográficas. Su noviazgo con el chef Alan Wyse, 23 años más joven que ella, no ayudó a resolver la confusión.
Algo similar le sucedió a Sandra Bullock. Hace unos años, la actriz de 44 años se puso de novia con su colega Ryan Gosling, 16 años menor que ella, mientras filmaban Cálculo mortal, la película en la que Bullock encarnaba a una policía que investigaba a un perturbado alumno de secundario interpretado por Gosling. Más cerca en el tiempo, en la comedia romántica La propuesta, la actriz enamoró a otro Ryan (Reynolds), aunque en la ficción. Allí, ella era Margaret, una exigente editora que hostigaba a su asistente, un hombre más joven interpretado por Reynolds que aprendía que del odio al amor hay apenas un paso y que el corazón no entiende de fechas de nacimiento. Una lección que algunas mujeres del mundo del espectáculo se tomaron al pie de la letra.

jueves, 8 de octubre de 2009

Juntos pero separados, un modelo de pareja que suma adeptos


Con el fin de evitar la tan temida rutina de la convivencia, cada vez más parejas optan por no vivir juntos. Pros y contras de un vínculo que busca "preservar el amor"
Living Apart Together -o LAT- es el nombre con que se conoce en el mundo a una nueva modalidad de vida en pareja, que pregona evitar la convivencia.
El número de octubre de Tendencia Mujer da detalles de este tipo de relación, que es "estable" (con todos los compromisos que ello implica) pero cada uno vive solo. Si bien algunos de los adeptos a LAT son personas que ya experimentaron la convivencia o el matrimonio, también los hay jóvenes que priorizan su desarrollo profesional. La psiquiatra y psicoanalista Liliana Novaro, miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina, explicó: "Esta modalidad brinda mayor independencia para los proyectos personales, los encuentros se dan por deseo y no obligación, no es necesario ponerse de acuerdo en todo y se comparte sólo lo que hace bien a ambos".
Para ella, no es falta de compromiso sino una manera de cuidar la pareja. En tanto, la sexóloga y psicóloga Alcira Camillucci, de la Sociedad Argentina de Sexualidad Humana, consideró que "el modelo cama afuera también ayuda a poner distancia ante una discusión o tratamiento de un tema espinoso", aunque advirtió que "esa distancia también puede llevar a tardar más en resolver el problema, dado la ausencia del otro".
Entre los aspectos positivos de este tipo de pareja podrían citarse la ausencia de rutina, la separación de las economías y la conservación de los espacios. Mientras que como negativo aparece el hecho de que se pierde la cercanía con el otro, se comparten menos momentos y no funciona si hay hijos de por medio.
infobae.com

domingo, 23 de agosto de 2009

Parejas "cama afuera": Una tendencia que se impone


"A esta altura de mi vida sería incapaz de vivir con otra persona", confiesa Aníbal Riveras, 70 años, 5 junto a Amelia, de 67. "Estar de novios es ideal porque no hay desgaste. Está claro... ¿Por qué los amantes se llevan bien? ¡Porque no conviven!", insiste Aníbal que, como Amelia, ha tenido su matrimonio largo y con hijos. Ya no. Ahora, que son abuelos, eligieron ser novios. Como tantos. Es que la decisión ya no tiene el condimento excéntrico a lo Woody Allen, y tampoco carga con antiguas condenas sociales. Tal vez porque uno de cada dos matrimonios termina en divorcio, la pareja "cama afuera" se está volviendo una variante más a los múltiples modelos de familia de hoy.

"Es algo de lo más común. Como hay mucho divorcio y mucha rotación de pareja, la gente se protege así, manteniendo sus espacios", dice Diana Rizzatto, de la Sociedad Argentina de Terapia Familiar. Para la psicóloga y sexóloga Diana Resnicoff, las dudas sobre este modelo son cada día más frecuentes en el consultorio: "En general tuvieron parejas que no funcionaron, también hijos, y buscan otra alternativa. Rompen con el modelo tradicional y les suele ir mucho mejor". Viviana Koffman, del Club de las Divorciadas, asegura que la realidad ya supera lo jurídico: "En el matrimonio la Ley exige la obligación de vivir juntos, pero hoy se aceptan otras situaciones". Y pone el caso de las familias ensambladas: "Se sabe que el principal factor de riesgo en la ruptura de una familia ensamblada son los hijos que cada uno trae. Por eso, hay muchas parejas que prefieren no complicarse y vivir cada uno en su casa. Lo cierto es que antes era imposible y ahora se ve como una salida inteligente". Lila Isacovich, psicoanalista de la Fundación Buenos Aires, también da una opinión positiva: "Es fantástico que haya tantos modelos de pareja como relaciones. Es una tendencia muy marcada, que se ve más práctica y más segura. No es falta de compromiso sino al revés, es una manera de cuidar la pareja. Se dan relaciones de un compañerismo que permite espacios propios. Se comparten fines de semana y vacaciones, pero el día a día es cada uno en su casa". Bernardo Stamateas, autor de "Sexualidad y erotismo en la pareja", habla del cambio de costumbres: "En las parejas de esta época posmoderna no existen reglas fijas ni rituales familiares, sino que se buscan nuevas maneras para que la pareja funcione y así vencer los dos problemas por los que toda pareja se quiebra, que son la pérdida del amor romántico y los problemas sexuales".

Irene Loyácono, directora del Centro de Terapias con Enfoque Familiar, habla de las primeras parejas, las jóvenes: "La pareja sin convivencia se deriva de ese estilo light, propio de nuestros días. Es una forma racionalista de ahorrarse los problemas que acarrea la negociación de tantos detalles. Implica una posición centrada en el yo: no estoy dispuesto a comprometerme demasiado ni a hacer mucho esfuerzo. Y si bien es cierto que la cama afuera logra ese objetivo, deja por el camino otras cosas valiosas que sólo aparecen en las relaciones comprometidas. Sin olvidar que, si vamos con tan poca fe a la consumación del amor es probable que caigamos en una profecía autocumplida: terminamos separándonos".

Para la ginecóloga y sexóloga Beatriz Literat, es importante el "permiso" o "legitimación" que se le da hoy a este nuevo vínculo: "Antes estas relaciones no se hacían públicas, pero hoy hay nuevos modelos y la gente los usa. ¿A quién no le gusta estar de novios y salir todos arregladitos? Pero a veces es pura comodidad. No creo que el matrimonio como institución haya fracasado sino que a veces se elige mal a la pareja".

¿Entonces...?

Dice Stamateas: "El amor de pareja es el deseo de tener intimidad emocional, sexual, intelectual y espiritual con el otro. Es darle la bienvenida a mi territorio sin sentir miedo a perder mi pellejo. Es vivir un proyecto junto a quien se ama. No depende de donde se viva, sino del espacio interior que le damos al otro para entrar en nuestro circuito de intimidad afectiva".

A favor
Es una manera de cuidar a la pareja, de protegerla de la rutina. Se pueden dar buenas relaciones de compañerismo respetando los espacios propios de cada uno. Si no hay proyecto de paternidad compartida porque cada uno tiene hijos propios, es una forma de preservarlos de armar una familia "ensamblada".
En contra
Se pierde la cercanía del otro. Se pierde el saber que el otro estará en casa al llegar, se pierde ese amparo. No funciona si existe el proyecto de tener hijos. Si ya hay chicos, para ellos es importante compartir la cotidianeidad con los dos padres, además de que se simplifica la crianza al ser compartida entre papá y mamá.
clarin.com

lunes, 3 de agosto de 2009

la economía de las parejas: un motivo de fricción que puede terminar en divorcio


“La plata la maneja él. Es como un tirano. Yo dejé de trabajar para cuidar a los chicos, porque tengo un nene con un problema de salud. Le tengo que pedir dinero a mi esposo cada vez que lo necesito: para comprar el pan, la comida, ir al médico, tomar un colectivo o comprarles ropa a los nenes; para todo. Él me reprocha cuando gasto de más. Una vez hasta sacó una tarjeta de crédito a escondidas para manejar su propia plata”, dice Laura, que prefiere no revelar su apellido. Tiene miedo de que su marido le pida el divorcio si se da cuenta de que no aguanta más la dictadura económica que vive en su propia casa. La mujer es una de las tantas que se queja porque no tiene consenso con su pareja sobre cómo pagar la luz, el gas, la tarjeta de crédito, la TV por cable o las compras del supermercado.
Su caso es apenas uno de tantos: se trata de un problema que estalla en cualquier pareja que no hable claro el tema de qué pasa con la plata. Algo que puede costar demasiado caro a largo plazo: el divorcio.Los especialistas coinciden en que hablar de plata, en la pareja, se vuelve un tema espinoso porque es un elemento cargado de significaciones simbólicas y emocionales.
“El dinero, desde lo conceptual, es un medio para obtener bienes y servicios que hacen posible la vida en sociedad, pero en una relación se encuentra repleto de sentidos, porque es un medio para el intercambio de afectos y que despierta distintas actitudes en los individuos”, dice la psicóloga Mónica Cruppi.
La especialista asegura que siempre se encuentra asociado con el amor, pero también con el poder, el compromiso, el control sobre el otro, la libertad, la humillación, la dependencia o el erotismo. “Cada vez que queremos ir a cenar afuera, por ejemplo, pago yo. Es una verdadera locura. En la casa, ni hablar, el 95% de los gastos también los banco yo. Ella no pone un mango nunca”, dice, indignado, Martín Alfaro, 32 años, en convivencia desde el año pasado.
Es que aunque los varones ya no tengan el poder de “proveedor eterno” de la casa y los roles sean más parejos, si uno gana más que el otro, surgen controversias. “El que tiene una cuenta más abultada en el banco es el que domina. Esa fricción no sólo rompe parejas, sino que también genera sentimientos como la competencia o la envidia.
El caso más dramático que tuve fue el de una mujer ama de casa con un marido empresario. Sólo le daba una tarjeta de crédito. No era porque no tuviera, era una forma de avaricia para esclavizarla. La mujer no podía tomar un taxi o un colectivo o pagarme la terapia.
El caso opuesto fue de un hombre que, aparentemente, era muy generoso y la llenaba de regalos pero su mujer no tenía acceso a las grandes decisiones financieras de la pareja”, ejemplifica Cruppi.
Any Krieger, que investiga la vida sexual de los porteños, en cambio, relaciona el dinero con lo que pasa en la cama grande. Dice que en una época donde la mujer conquistó un lugar importante en su trabajo y en ocasiones lleva más dinero que su hombre a casa, esto no deja de traer trastornos en el deseo.
“En el consultorio veo cómo las mujeres se privan de avanzar en su trabajo o obtener más dinero para que no se rompa esa pareja. Tengo casos de mujeres que al mantener a su marido sienten que tienen el control de la situación y que no serán abandonadas pero el precio que pagan es la falta de placer sexual o de la libido.
En el otro extremo están aquellas que desean ser mantenidas y suelen ubicarse como sostenedoras de la potencia fálica pero en lugar de un marido tienen un amo. No les falta nada, pero se deprimen”, reconoce la psicóloga. Los especialistas aconsejan que cada pareja elabore su propio camino.
Una buena perspectiva la da el primer encuentro: si es él quien paga la cuenta del restaurante o ella la que desenfunda la billetera y dice que los gastos corren a medias. E insisten en que se busque el equilibrio y se hable antes de comprar el primer nidito de amor: “Una posibilidad es conversar si tienen ahorros, de qué manera administran el dinero, cómo lo usan y si lo cuidan o no.
Otra sugerencia es que cada uno pueda manejar cuentas separadas, porque la autonomía de los gastos tampoco es tan mala palabra”, dice Cruppi.
Sabrina De Santo tiene 30 años y Leonardo Burone, 26. Viven juntos hace un año en La Paternal. El departamento lo compraron con un crédito a treinta años. “Se dio una división natural, somos ahorrativos y no despilfarramos el dinero. Si nos peleamos es por otra cosa. Me hago cargo de la hipoteca, los celulares y los gastos fijos de la casa. Ella se ocupa de la comida y los viáticos para ir al trabajo”, dice Burone. En cambio, cuando una noche se les da por una salida, paga Sabrina.
“A veces esto se altera: esta semana fuimos a comprar un regalo para unos amigos que se casan y lo pagó Leo con su tarjeta. Yo no pienso devolverle esa plata”, se ríe la chica.
–¡Ya me imaginaba! –suspira él, consternado.
OPINIÓN
De Susanita a Libertad
Leni González (Autora de ¿Quién paga? El dinero en la pareja del siglo XXI, de Editorial Sudamericana)La respuesta a ¿quién paga? no es una sola, obligada y establecida. Terreno de matices, el estado de la cuestión entre parejas y dinero es un collage de casos que les soplan el polvo a los modelos obsoletos que todavía algunos consideran paradigmas de convivencia. Sin embargo, no falta el “comunicador” que diga que “mujeres” es igual a “mantenidas”, que reventamos las tarjetas de los inocentes caballeros, que sólo queremos plata, que somos ventajeras y despellejamos a los maridos en los divorcios.
No falta tampoco la “consejera” que recomiende chicas, no lo atosiguen a Rodolfo, él viene de trabajar, tan cansado... ¿Perdón? ¿De quién hablan? Por supuesto que muchas siguieron el modelo tradicional y se quedaron en casa esperando al santo sostén principal del hogar. En ese contexto, ardía Troya si ella tenía el tupé de ganar más que él y pasar de punto a banca.
A fines de los 80, la psicóloga Clara Coria les dedicó El sexo oculto del dinero y El dinero en la pareja: mujeres a las que billetera mató feminidad, culpables de humillar a maridos irremediablemente impotentes. Ningún hombre actual, más o menos mundano y alejado de la caverna, se deprime porque su mujer, novia o chica aporte sus dinerillos a la casa, las vacaciones y hasta la salida al cine.
Cincuenta y cincuenta, la paridad de bolsillos está generalizada. Y van en aumento las casas donde las mamás trabajan, ganan y pagan mientras los papás lavan, cocinan y cacarean. Hace cuatro décadas, Quino ponía en boca de tres futuras mujeres los modelos de familia en competencia: nacida para ama de casa y madre, la chismosa Susanita representaba el paradigma tradicional; Mafalda estaba en el horno con su papá único proveedor y una mamá relegada a lavar platos mientras añoraba su pasado de estudiante universitaria, y Libertad que, en cambio, era hija de padres “modernos” que trabajaban por igual y valoraban el “hacer lo que a uno le gusta”. Habría que esperar un poco más para que el historietista Tute, en el diario La Nación, sacara esta foto:
–En casa, mi mujer se ocupa de todo.
–¿Y vos?–Del resto.
criticadigital.com

viernes, 19 de junio de 2009

Para la salud, es mejor discutir con la pareja que reprimir el enojo



Hace tiempo que el estado civil se coló en las historias clínicas y el estrés conyugal se convirtió en un factor de riesgo de numerosas enfermedades. La novedad, esta vez, proviene del Departamento de Psicología de la Universidad de Michigan, Estados Unidos, donde el profesor Ernest Harburg estudió durante 17 años los códigos de interacción de 192 parejas.
La búsqueda se circunscribió a un dato puntual: cómo reaccionaba cada uno frente a una agresión verbal considerada injusta. La cuestión era si reprimía o no la ira.
Las conclusiones fueron terminantes: en las parejas cuyos integrantes suprimían sistemáticamente los enojos, el índice de mortalidad temprana, principalmente por factores cardiovasculares, fue del 23%. Pero entre los miembros de parejas capaces de enfrentar el conflicto, consensuar diferencias y resolver las crisis, fue de sólo el 6 por ciento.
En diálogo con LA NACION, el profesor Harburg agrega: ?En una persona que se siente atacada injustamente se dispara un sentimiento automático de ira. Si la suprime, la ira se internaliza y comienza un proceso rumiante de repetición mental de las imágenes de la pelea, que finalmente se convierte en resentimiento. Si esta conducta persiste, desequilibra todo el funcionamiento corporal".
Durmiendo con el enemigo
La expresión química del enojo fue objeto de numerosas investigaciones; entre ellas, varias realizadas por el equipo de Janice Kiecolt Glaser y Ronald Glaser en la Universidad de Ohio, Estados Unidos. Un estudio comparó el funcionamiento neuroendocrino de 90 parejas durante el primer año de matrimonio y diez años más tarde: las concentraciones sanguíneas de las hormonas del estrés habían trepado considerablemente en las parejas en crisis.
Otro estudio, publicado en la revista Archives of General Psychiatry , demostró cómo las relaciones hostiles modulan la producción de ciertas sustancias corporales que intervienen en el proceso de cicatrización.
"La ira reprimida, la imposibilidad de canalizar adecuadamente el enojo y las interacciones hostiles dentro de la pareja son fuentes de estrés con un poder devastador, que se refleja en una variada gama de síntomas físicos y psíquicos", dice Patricia Faur, coordinadora del posgrado de psiconeuroinmunoendocrinología de la Universidad Favaloro.
Esta psicóloga, que sintetizó su trabajo clínico sobre relaciones afectivas tóxicas en su libro Amores que matan (Ediciones B.), define el estrés conyugal como un proceso de desgaste de la comunicación, que se mide a través de la presencia de ciertos indicadores de hostilidad explícita o implícita en los gestos cotidianos: violencia verbal y no verbal, descalificación, sarcasmo, burlas, ironía, silencios, manejo y control del dinero y la sexualidad.
Estos rasgos, que inicialmente pueden estar presentes en discusiones abiertas, se van convirtiendo en rasgos estables de la relación y van instalando el maltrato psicológico como algo natural e invisible. De eso no se habla.
La palabra es salud
El resentimiento tiene un poder demoledor y, si queda dentro del cuerpo, lo enferma. Pero el antídoto no parece consistir en liberar abiertamente los rencores y lanzarse a la pelea. "No se trata de expulsar la ira como sea", alerta la psicoterapeuta.
La hostilidad en los vínculos tiene una historia. Para desandarla y convertir una relación tóxica en otra saludable, los profesionales consultados coinciden en la necesidad de construir un nuevo esquema de comunicación, capaz de atravesar el silencio, enfrentar el conflicto y resolverlo consensuando las diferencias.
"Reprimir la ira es impedir la resolución del problema, pero la forma de expresarla tiene sus límites", aconseja Ernest Harburg. Y especifica algunas reglas de comunicación que ayudan a manejar los conflictos dentro de la pareja:
Desarrollar una escucha saludable: no pensar en otra cosa mientras el otro está hablando; no interrumpirlo (solamente puede hablar uno por vez); calmar los sentimientos negativos enfocando la mente en el contenido intelectual de la conversación; tratar de ignorar transitoriamente aquellos rasgos del otro que resultan molestos, y abrir la agenda de temas hasta consensuar algún acuerdo que restaure el sentimiento de justicia.
Expresar la ira en el momento de la discusión, evitando toda conducta violenta, que sólo exacerba el problema en lugar de ayudar a resolverlo.
"Es más saludable hablar que no hablar", define Patricia Faur, pero aclara que cómo decir es tan importante como qué decir.
Sin lastimar
"Si bien la comunicación tiene que ser honesta y directa, sin ambigüedades, no tiene que lastimar. A veces, es eficaz acercarse al dolor del otro y tratar de entenderlo, en lugar de utilizar el conocimiento sobre sus debilidades para golpear justo ahí, donde se sabe que más duele", alerta, y realza el potencial no sólo de las palabras, sino también de los silencios, de convertirse en sustitutos de la acción.
"Callarse es una forma de mantener el control; es un gesto de violencia emocional, que no sólo evita la discusión, sino que simbólicamente está demostrando una falta de registro del otro, porque una cosa es el silencio del que está escuchando participativamente y otra muy distinta el silencio controlador o evitativo, que reprime en el otro una necesidad de hablar y ser escuchado, con efectos muy tóxicos."
Y concluye describiendo el escenario que se despliega al cruzar la frontera entre la discordia conyugal y un buen vínculo de pareja: "En las relaciones sanas, se puede opinar sin temor de herir ni de ser herido; no hay descalificaciones ni críticas veladas; la comunicación es directa y franca. No se calla nada porque no se le teme al trabajo emocional y se aceptan las discusiones y los desacuerdos porque se toleran las diferencias".
Por Tesy De Biase
lanacion.com



lunes, 8 de junio de 2009

Muchas parejas, pero de a una por vez


Loreley Gaffoglio
LA NACION
Su insatisfacción es constante. Priorizan el deseo en un incesante peregrinaje amoroso. El fin de un matrimonio o unión para ellos no es fracaso, sino experiencia. Dicen que "el amor dura lo que tiene que durar" y juzgan su vida afectiva como un largometraje en el que se sucede una ristra de protagonistas.
Esos son los rasgos comunes de los monógamos seriales (MS), la nueva tipología de relación con la que las ciencias sociales bautizaron a quienes buscan sempiternamente a su media naranja.
En sus búsquedas establecen relaciones de fidelidad en la pareja, por un período determinado de tiempo, que podrá llegar a su fin sin congojas. Y tras el cual estrenarán una nueva relación, tal vez, con similar desenlace.
La cuestión de fondo, observan voces autorizadas, es que el amor eterno está en peligro de extinción.Lo profetizó el sociólogo Zygmunt Bauman en Amor líquido : la perdurabilidad de los vínculos, tal como la entendieron generaciones pasadas, languidece al ritmo de un índice que, a escala global, muestra que uno de cada dos matrimonios termina en divorcio. Ocurre en la capital argentina y mejora, apenas, en el resto del país: las rupturas se dan en uno de cada tres enlaces formales, con énfasis entre los 36 y los 50 años, según relevó la jueza de familia María Virginia Bertoldi.
Al margen de las uniones indisolubles, el pacto nupcial en el país tiene una duración promedio de 12 años. Y al concubinato no le va mucho mejor. Así, el zapping amoroso (también conocido como monogamia seriada o sucesiva) se instaló con fuerza en el país, cobijado en diversas formas de relación: desde la reincidencia conyugal, a las "uniones consensuales" o a la modalidad LAP ( Living Apart Together, las relaciones cama afuera). El fenómeno se da, preferentemente, en parejas separadas o divorciadas de clase media y alta, y tiene como telón de fondo la prolongación de la esperanza de vida, la autonomía de la mujer y la creencia de que los vínculos son perecederos pero renovables.
Según los sexólogos, la monogamia constituye el patrón sexual preponderante en el planeta, pero dejó de ser exclusiva a una sola persona para repartirse entre muchas otras a lo largo de la vida.
Prueba de ellos son las uniones sucesivas que contruyeron famosos como, por ejemplo, Juana Viale, Susana Giménez, Franco Macri, Mariano Martínez, Russel Crowe y Daniel Days Lewis.
"Las relaciones actuales hoy se sostienen más en el deseo que en el compromiso formal y, cuando éste se extingue, para muchos el vínculo ha perdido su razón de ser", analiza Andrés Rascovsky, presidente de la Asociación Psicoanalítica Argentina.
Adrián Sapetti, presidente de la Sociedad Argentina de la Sexualidad Humana, concede: "El amor se ha finalmente sincerado, ya que para mucha gente una vida sexual múltiple, aunque no necesariamente simultánea, tiene un fuerte atractivo. Lo serial es la forma que adoptan hoy las relaciones que pueden ser duraderas pero no eternas".
"Tanto los matrimonios como las uniones de hecho son cada vez más frágiles e inestables", certifica Georgina Binstock, investigadora del Instituto Gino Germani. "Cada generación disuelve su primera unión en lapsos más tempranos que su generación antecesora".
En el primer trimestre de 2009, 3113 parejas porteñas ya divorciadas volvieron a casarse (uniones en segundas, terceras y cuartas nupcias), según estadísticas de la ciudad, que ubican a la reincidencia conyugal entre el 20% de los divorciados. Aunque una de cada cinco de ellas se disolvió.
"En los consultorios se ve que las personas buscan una situación ideal, ergo, inexistente. La pareja es una ardua construcción que supone desilusiones, obstáculos y buenas dosis de templanza, cuidados y, sobre todo, disponibilidad, que hoy no abundan", sentencia la sexóloga Diana Resnicoff. En su visión, "la insatisfacción de las personas es permanente. No se establecen vínculos sino conexiones".
El psicólogo y sexólogo Norberto Litvinoff asegura que su consultorio se llena de casos donde uno o los miembros de la pareja ya no se sienten atraídos por el otro. "¿De qué sirve el amor eterno en estas condiciones?", se pregunta. E instruye: "Soy un gran apologista del beso en la pareja, el gran punto de contacto para la química entre dos personas y la confirmación de que la atracción sigue viva".
Deja para el final el punto que estima que termina de explicar la monogamia serial cama afuera: "¡Es el consumo, estúpido! El capitalismo necesita de esa alta traslación, ya que una nueva pareja insume siempre un mayor gasto. Y el consumo, acompañado por lo nuevo, es una atractiva promesa de felicidad". Aunque no siempre se cumpla por ese mismo axioma de "hasta que el deseo nos separe".
Testimonios ROBERTO, 48 AÑOS Empresario
Se define como un monógamo serial. Se casó tres veces y tiene tres hijos, de entre 20 y 8 años, de diferentes uniones. De su última mujer, tres años menor, se divorció el año pasado y seis meses después ya estaba en pareja con Lucía, una bailarina de tango, de 29 años. "La última relación casi siempre es la más importante- confiesa-, pero no juzgo a las pasadas como una sucesión de fracasos. Al contrario, esas experiencias me guiaron hacia esta nueva que, por la diferencia de edad, creo que es la definitiva. Y si no lo es, no me preocupa, tarde o temprano la encontraré." MANUEL, 58 AÑOS Cardiólogo
Estuvo casado 15 años y tiene tres hijos. Se divorció en 1992. "Antes los hombres eran mujeriegos; hoy como a nadie le sobra tiempo, sonmonógamos seriales. Por la ruptura que sufrí me convencí de que tarde o temprano el amor muere, aunque uno se afane en revivirlo", expresó. Superado el duelo, salí con decenas de mujeres, tuve al menos cinco noviazgos trascendentes, de entre uno y seis años el más longevo, con convivencia los fines de semana, o cuando alguno de los dos tenía ganas. "Todavía no encontré todo lo que espero de una relación en una sola mujer; solamente hallé fragmentos de ese ideal en cada una. Pero no renuncio a la esperanza de algún día encontrarlo", se sinceró Manuel.

EUGENIA, 42 AÑOS Empresaria
Tiene una hija de 17 años de uno de los siete novios que tuvo y asegura que no le interesa para nada una relación que no tenga una intensa pasión. Los declives en sus parejas, señala, comienzan siempre igual: "Primero dejas de abrazarte, luego de besarte y después el sexo se esfuma". Ahora convive con Martín, diez años menor. Llegó a la plenitud de su sexualidad, dice, y no está dispuesta a resignarla. "Vivo el presente, mecuido mucho para seguir siendo atractiva, y si esta relación durará o no, no lo sé. Pero descarto la ilusión de seguridad", explicó. "Ya que formalizar una unión no es garantía de nada. Y mucho menos de eternidad", concluyó esta empresaria.


lanacion.com

miércoles, 14 de enero de 2009

Baja histórica de casamientos: en 2008 hubo menos que en 1918


Parece que al "Sí, quiero" ya nadie lo quiere pronunciar. O al menos no ante un juez y toda la familia en pleno. Nunca en la historia de los porteños hubo tan pocos casamientos como el año que acaba de concluir. Los enlaces no alcanzaron los 13.000 que hubo en 1918, cuando la población de la ciudad no llegaba ni a la mitad de la actual.
Las estadísticas de la comuna muestran que hoy en día sólo se casan cuatro de cada mil porteños. No hace mucho, en el '90, se casaba el doble de gente (la tasa de nupcialidad era de ocho por mil). Ni hablar de otras décadas del siglo XX.
¿Es que la gente ya no se quiere? ¿Es que ya no hay familias?
El análisis no debe ser lineal sino mucho más profundo. Está claro que la gente aún se quiere, de hecho en los dos últimos años se entregaron 20.000 certificados de convivencia, a razón de 10.000 por año, casi igual que las parejas que se unen en matrimonio (12.942 en 2008). El certificado de convivencia sirve para compartir la obra social. Y las familias también siguen en pie.
Salvo que en la actualidad hay otros tipos de matrimonios más allá de la tradicional: las hay monoparentales, homosexuales, ensambladas. Y también influyó, y mucho, la salida de las mujeres al mundo, que las liberó de sometimientos obligados, y las habilitó a tomar decisiones antes impensadas, como ser madres solteras o divorciarse sin tanta vuelta.
La demógrafa Victoria Mazzeo, de la Dirección General de Estadística y Censos de la comuna, lo explica claramente: "Los cambios en las familias resultan de la interacción de factores sociales y culturales. Entre ellos se destacan: la postergación de la primera unión, el aumento de la edad en que se tiene el primer hijo, la persistencia de niveles de fecundidad bajos, el aumento de uniones consensuales, la unión conyugal sin hijos, la paternidad y maternidad fuera de uniones estables y la transformación del rol de la mujer y su mayor autonomía, especialmente económica, debido al incremento de sus niveles de escolaridad".
Para la socióloga Mabel Ariño, de la cátedra Demografía Social de la UBA, es un cambio en las costumbres: "El ritual del matrimonio está desvalorizado. A la gente ya no le interesa comprometerse ante el Estado". También habla de la influencia del contexto: "En épocas de crisis todos los proyectos familiares se postergan. La incertidumbre no deja planificar". En ese sentido, sólo basta ver las estadísticas históricas del Registro Civil porteño para comprobar cómo en los momentos más difíciles los matrimonios descendieron, como en el marco de la primera Guerra Mundial: hasta 1912 los enlaces subían, y en el 13 comenzó un descenso que recién se revirtió en 1920.
El siguiente descenso fue en 1930 (la década infame), cuando el país sufría el golpe militar de Uriburu que derrocó a Irigoyen. Tampoco es extraño que el año récord de los matrimonios haya sido 1950: hubo 31.358 enlaces. En 1946 había asumido como presidente Juan Domingo Perón, quien intervino en la economía tendiendo a distribuir la riqueza con mayor equidad. Otorgó beneficios sociales a los obreros: indemnizaciones por despido, vacaciones pagas, aguinaldos, jubilaciones, salarios familiares, créditos para viviendas. Y Eva Duarte, su mujer, creó una fundación que también ayudó a los más necesitados. "Siempre en la historia las tasas de nupcialidad y natalidad han sido cíclicas, dependiendo de las épocas de crisis o bienestar", dice Mazzeo.
En 1973 Perón asumió por tercera vez y los matrimonios volvieron a dispararse. Luego del bajón de la dictadura, hubo un pico en democracia a fines de los '80 (de la mano de la flamante Ley de Divorcio que llevó a muchos a sincerarse, volver a casarse o simplemente ponerse en regla).
En los últimos 20 años, la curva sólo desciende. Y la explicación ahora ya no pasa por la mejora de las políticas sociales sino por otros factores, como la liberación femenina y sexual. "A partir de los 70 lo que cuenta es la salida de la mujer al mercado de trabajo y su educación universitaria, dos hechos que marcaron su independencia", agrega Mazzeo.
Al menos en este aspecto la ciudad tiene aires de primer mundo, donde el matrimonio y la paternidad también están en decadencia.

A FAVOR
ETHEL ROJO. ACTRIZ
Soy pro matrimonio, me casé tres veces, dos fuera del país. Después de 22 años junto a Gerardo González, le propuse que nos casáramos el año pasado y aceptó. Me pareció romántico, a los 70 años, sellar con papeles legales tanto tiempo transcurrido porque nos queremos y nos llevamos bien. Lo legal no hace a las parejas pero es una manera de seguir apostando a nuestra historia.
Otros lazos de familia
35.000
Son las familias ensambladas de la ciudad. Se las llama "los tuyos, los míos y los nuestros".
21%
Del total de las familias porteñas son monoparentales (chicos que viven con la madre o el padre). 40%
Del total de las 1.500 parejas que pidieron la Unión Civil en la ciudad desde julio de 2003 hasta hoy son homosexuales.
Cábala popular
El efecto "martes 13"Cada vez hay menos gente que se casa, y encima es enero... Pero ni hablar si además es martes 13, como ayer, día famoso por la supuesta mala suerte. La estadística confirmó el temos popular: ayer pasaron por el Registro Civil un 80 por ciento menos de parejas que cualquier otro día. Por año, en Capital Federal se llevan a cabo un promedio de 13.000 matrimonios; esto es, unos 54 por día. Ayer, la superchería pudo más: sólo se casaron 11 parejas, según informó el Gobierno de la Ciudad.
Otro dato: en la sede del microcentro, Uruguay 753, se casan entre 25 y 30 parejas entre jueves y viernes. Los martes hay unos cinco casamientos. Ayer sólo una pareja dijo "si, quiero".
Más certificados de convivencia
Si bien desde 2003 existe en Buenos Aires la Unión Civil, en 5 años sólo 1500 parejas la solicitaron (el 40%, homosexuales). El mayor éxito es el de los certificados de convivencia: se entregaron 20.000 en los últimos dos años. Este certificado permite compartir la obra social. La Unión Civil es más amplia: se conforma por dos personas con independencia de su sexo u orientación sexual. Con este trámite el Estado reconoce los derechos y obligaciones mutuas de las dos personas. Permite incorporar a la pareja a la obra social, recibir una pensión, solicitar vacaciones en el mismo período, pedir créditos bancarios conjuntos y obtener licencias en caso de enfermedad del concubino.
EN CONTRA
"MOSTAZA" MERLO. DT
Yo no soy de los que están a favor del casamiento con papeles. Pienso que las parejas tienen que unirse pero no casarse. Creo que el amor no tiene nada que ver con una cuestión legal, sino con la unión que se forma entre las personas. Estoy a favor de la convivencia. De todos modos, aunque en este momento no pienso en casarme, nunca se sabe. La vida da vueltas.

lunes, 3 de noviembre de 2008

El nuevo amor online


"Si me lo contaban, seguro que me parecía de película, algo irreal, pero a mí me pasó”, explica con naturalidad a NOTICIAS la actriz Jimena Barón, refiriéndose a su relación con el arquero de la selección argentina de fútbol playa, Marcelo Salgueiro. Lo “irreal” para Jimena es haber conocido a su pareja en Facebook y haber logrado “enganchar” con alguien que, hasta hace poco tiempo, era un perfecto desconocido. "Marcelo tenía entre sus contactos a un amigo, que también estaba entre los míos. Vio mi perfil y me envió una invitación. Lo acepté como amigo y empezamos a mandarnos mensajes. Luego, chateamos en MSN. Se fue a Portugal al mundial de fútbol playa y cuando volvió, nos vimos por primera vez. Todavía seguimos juntos”.
Desde hace diez años, cuando la web explotó y los portales empezaron a cotizar en Bolsa, la posibilidad de encontrar pareja (real o platónica) se transformó en uno de los atractivos más evidentes de internet. En ese tiempo, las salas de chat y los servicios de búsqueda (del estilo “Match.com”) brindaban un camino directo para las innumerables posibilidades de relación que caben en la imaginación humana. Pareja estable, ocasional o estrictamente erótica. Sexo a distancia (webcam mediante), pornografía o contactos swingers.
El anonimato era la clave del éxito, porque los usuarios solían ocultar cualquier tipo de práctica romántica online, por más inocente que fuera. La realidad virtual y el mundo de carne y hueso eran universos diferentes y aun cuando se traspasaran las fronteras, por ejemplo, al concretar una relación iniciada en la web, familia y amigos tardaban mucho en enterarse del verdadero origen de la historia.
El advenimiento de la llamada web 2.0 cambió por completo las reglas del juego. Los tiempos se aceleraron, los límites se volvieron difusos y el estigma de los amores cibernéticos empezó a desaparecer.
La nueva web. Para quienes estén poco interiorizados en el tema, vale la pena definir qué es la web 2.0. “Una era (en internet) en que el usuario toma protagonismo real como productor, consumidor y difusor de contenidos y servicios”, explica el periodista especializado en tecnología, Leandro Zanoni, en su libro “El imperio digital” (Ediciones B). Los sitios más representativos de esta nueva etapa permiten comprender mejor en qué consiste el cambio. YouTube, MySpace, Facebook, Wikipedia… son los espacios en la red cuyo contenido es producido, en su totalidad, por los usuarios.
¿Qué implica este cambio en materia de relaciones? “Sobre todo para los más jóvenes, la diferencia entre mundo ‘real’ y ‘virtual’ desaparece”, explica a NOTICIAS Zanoni. “Conocer a alguien en la calle o en la web es casi lo mismo. Los portales de búsqueda de pareja se vuelven obsoletos porque espacios como Facebook permiten un contacto más natural”.
Bruno, de 47 años, que inició la relación con su mujer en una sala de chat de UOL, en 2005, hoy siente que “es como si nos hubiéramos conocido en otro lado, no en internet. Por la confianza que nos tenemos”.
Una percepción del mundo virtual –más artificial, menos verdadera– completamente distinta de la que tiene Florencia, de 23 años. Para ella es habitual salir con gente que conoce en el MSN (Messenger, el servicio de chat más popular). “He tenido historias con varios chicos que conocí en el chat. Generalmente, es gente que copia el contacto de algún mail y te escribe para ver qué onda”.
Andrés, de 26 años, usa algunas aplicaciones de Facebook para contactar chicas. Se trata de opciones extra, accesibles a todos los usuarios, para integrar redes interesadas en algo más que amistad. “Suelo recurrir a la aplicación ‘Are you interested?’ –‘¿Estás interesado?’– o ‘Flirtable’ –‘flirteable’–. Para la gente de mi edad es natural. No se lo considera una actitud de ‘desesperados’”.
En este punto, la división generacional es tajante. Los usuarios de más edad, que encuentran difícil iniciar vínculos en sus actividades habituales, prefieren los portales de búsqueda donde acceden a un perfil que les permite elegir a la persona más adecuada. Los jóvenes se manejan con la misma naturalidad que en un bar o un boliche. Incluso toman muy pocas precauciones en el momento de concretar el encuentro. “El último chico con el que salí, pasó a buscarme por mi casa”, cuenta Florencia. “Pero le pedí que me trajera el documento y una boleta de luz, para comprobar que vivía realmente donde decía”.
Recorrido del amor. Sea cual fuere la edad, el camino del romance online es más o menos siempre el mismo. Después del primer contacto, vía elección de un perfil o mensaje en Facebook, sigue el intercambio de fotos. Incluso, una cita a través de la webcam. “La conferencia con la cámara te permite verificar la existencia real de la persona. Porque a tu página podés subir fotos de otro. Y, de paso, ves si la chica te gusta de verdad”, explica Andrés.
De las imágenes, se pasa a las palabras. Chatear y enviarse mails es el preludio de la primera charla telefónica. Luego, sólo resta el encuentro.
Aunque son muchos los que mantienen largas relaciones online que no se concretan en una cita real. “A través de Facebook se conoce a extranjeros”, cuenta Marisa, de 38 años. “Con ellos, verse es difícil. Pero además, prefieren el flirteo extendido. Los argentinos, en cambio, te preguntan enseguida si tenés webcam. Con qué fines, no me queda muy claro. Yo, por las dudas, no acepto”.
Para la doctora Mónica Whitty, un referente en el estudio de las relaciones en la web y autora del libro “Cyberspace romance” (Romance en el ciberespacio), “la gente quiere moverse lo más rápidamente posible del online al offline, porque cree que no podrá comprobar si realmente hay química, hasta que se produzca el encuentro cara a cara”.
Sin embargo, hay quienes prefieren eternizar los vínculos virtuales, por inseguridad o por miedo, o quedan atrapados en las posibilidades infinitas de contactos que hoy brinda la web, sin decidirse a concretar una relación en particular.
En el momento del encuentro, existen tantas posibilidades de éxito como en una cita a ciegas. La mayoría de los testimonios hablan de muchos fracasos. Pero también de romances que terminan en matrimonio. Ni más ni menos que la vida misma.
Psicología web. Hoy, cuando los contactos exceden el límite de los portales creados “ad hoc” e invaden cualquier sitio que permita el intercambio entre usuarios, es imposible calcular cuánta gente, en este preciso instante, está iniciando un “ciber-romance”.
Los expertos vaticinan que será la forma privilegiada de un primer acercamiento romántico en los próximos años. Entre las causas principales se encuentra la vida cada vez más recluida de las ciudades y la postergación del proyecto de pareja tanto en hombres como en mujeres. Frente a la guerra de géneros, la discriminación, la cruel competencia laboral y otros males que afectan a la convivencia humana, internet parece erigirse como un oasis de empatía en un mundo de gente sola.
Pero no todas son rosas en la interpretación de este crecimiento comunicativo que propone la web 2.0. Para analizar (y sospechar) el fenómeno, nació una nueva rama de la psicología: la ciber-psicología. Ya es carrera de posgrado en algunas universidades del mundo (la de Nottingham, en Inglaterra, por ejemplo) y cuenta con investigaciones, congresos y publicaciones propias.
En materia de amor, los especialistas se concentran en algunos aspectos llamativos de la relación entre sexos. En primer lugar, hacen hincapié en los perfiles, esa ficha personal que completa el usuario en cualquier sitio de contactos (por ejemplo, Facebook o MySpace). En ellos, se puede exagerar, mitigar o falsear la verdad en pos de presentar una imagen atractiva de uno mismo. Estudios realizados en Estados Unidos revelan que la mayoría de los usuarios esperan cierto grado de falsedad en los perfiles que encuentran en internet. Mentiras sobre edad, altura, peso y estado civil son las más frecuentes.
Otro elemento que enfatizan los especialistas es la irrealidad que circunda a una comunicación que carece de elementos tan vitales como el encuentro de las miradas, los gestos, las inflexiones de la voz y que se basa exclusivamente en textos escritos.
La distancia y el anonimato también permiten actitudes que serían reprobables en un acercamiento no virtual. Por ejemplo, desaparecer sin dar explicaciones o desestimar una invitación a sumarse a un grupo de amigos. Los amantes cibernéticos parecen estar más preparados para el rechazo y el abandono. Incluso puede suceder que tengan que soportar que un compañero que pasó al nivel offline, siga manteniendo su perfil actualizado en el sitio en el cual se conocieron.
¿Los puntos psicológicos a favor? Según un estudio realizado por Janet Morahan-Martir, de la universidad Bryant, los intercambios en internet pueden ser positivos en materia de identidad y sexualidad. Esto explicaría el interés de los adolescentes por la web, en la etapa de su vida en la que más se cuestionan sobre su personalidad. La interacción virtual también permite ejercitar estrategias para comunicarse mejor en la vida real. La desinhibición que promueve el anonimato es muy importante para personas tímidas y solitarias.
Con defectos y falencias, es indudable que la web pone al alcance de todos la posibilidad de dejar de estar solos. Es gratis, sólo requiere unos minutos, “¿por qué no intentarlo?”, es lo que cada día más gente piensa.
Prejuicios. Lo que los jóvenes hoy viven con naturalidad, sigue siendo vergonzante para quienes superan los treinta. Entre los mitos más frecuentes entre las mujeres figuran el prejuicio de que la web está poblada de hombres casados o fanáticos del sexo sin compromiso.
Otro prejuicio: comunicarse por internet es peligroso. Muchos padres imaginan la web asediada por psicópatas y asesinos seriales. Es cierto que conviene tomar recaudos a la hora de dar información o aceptar un encuentro (ver recuadro), pero los que circulan por chats y redes sociales son más o menos los mismos que vemos en la calle. “Hay mucha gente que tiene miedo de conocer a alguien en internet”, dice Bruno. “Pero yo creo que es como la vida misma. ¿O vos conocés al chico o la chica que te encaran en un boliche?”.

viernes, 12 de septiembre de 2008

La clave para que el amor "funcione"



El estudio publicado en Psychological Science y que será presentado durante el Festival de la Ciencia que se lleva a cabo en Liverpool, Inglaterra, esta semana, asegura haber descubierto la clave del amor.
"Si realmente le gusta alguien, simplemente dígaselo", es el "consejo" que surge de la investigación, al cual se le agrega -para mayor efecto- "mirar directamente a los ojos de la pareja y sonreír mientras declara su amor".
La investigación, llevada a cabo por psicólogos de la Universidad de Aberdeen, Escocia, encontró que ese tipo de "signos sociales" -que nos indica qué tanto le gustamos a otra persona- juegan un papel crucial en la atracción, según publicó el sitio BBC.
Este descubrimiento quizás ayudará a quienes buscan pareja a evitar que pierdan tiempo con personas que claramente no están interesadas en ellos. El doctor Ben Jones dirigió el estudio y destacó: "Si combinamos la información que tenemos sobre la belleza física de una persona, con la información de qué tan atractivo le parezco, eso me permitirá saber cuánto esfuerzo debo poner en esa relación". Al parecer, "saber si debo evitar dedicarle tiempo a cortejar a individuos atractivos que claramente no tienen intenciones de corresponderme", sería otro de los beneficios del estudio.
El estudioEstudios previos ya habían demostrado que la simetría facial y el tono de voz son las características físicas de que consideramos belleza natural. La nueva investigación demostró que la atracción entre dos individuos es más compleja. El estudio se llevó a cabo con 230 hombres y mujeres, a quienes se les pidió que miraran una serie de tarjetas que mostraban un rostro con diferentes expresiones (éstas incluían a una persona haciendo contacto visual pero sin sonreír, alguien que no hacía contacto visual pero sonreía, otra persona que ni hacía contacto visual ni sonreía, y otra que hacía contacto visual y sonreía). Luego los voluntarios debieron calificar qué tan atractivos eran esos rostros. Y "la mayoría de los participantes consideró que la cara más atractiva era aquella que los miraba directamente a los ojos y sonreía".
Es por eso que el estudio concluyó que la atracción es la combinación de belleza natural con estos "signos sociales", que pueden ser el contacto visual, la sonrisa o la "declaración" verbal. Así es que, según los investigadores, el estudio demuestra que lo que consideramos como gente atractiva está en realidad relacionado a la forma como ésta se comporta hacia nosotros y a cuánta atracción parece sentir por nosotros.

martes, 9 de septiembre de 2008

Los casados que viven separados: L.A.T



Marta, Lidia y Ariadna son amigas y residentes en Barcelona. Las tres están entre los 35 y los 40 años. Todas han tenido o tienen novio y ya hay bebés que corretean por casa. La peculiaridad de estas tres mujeres es que un día, hace unos seis años, cuando normalmente una se plantea formar una familia con su pareja, como manda la tradición, ellas decidieron comprar un piso grande con una habitación para Marta, otra para Lidia y otra para Ariadna.

Y sus respectivas parejas siguen siendo, como en aquella copla que decía "novios, siempre novios, no nos casaremos nunca y seremos siempre novios".
Quizá Concha Piquer ya avanzaba con aquel cante lo que ahora se conoce como parejas LAT, las siglas en inglés de living apart together, es decir, viviendo separados, pero juntos. Son un nuevo modelo de familia, un hombre y una mujer, por ejemplo, que se quieren, que incluso tienen hijos, pero no viven juntos, siempre hay dos domicilios.


¿Es eso una familia?
"El concepto familia-hogar, tal y como se ha entendido tradicionalmente, tenía que satisfacer tres requisitos: que existiera convivencia bajo un mismo techo, entre personas unidas por el parentesco, y formando una unidad de carácter económico", explica la catedrática de Sociología de la Universidad Carlos III Constanza Tobío.
Pero desde la copla de la Piquer ha llovido mucho en este país. Ahora una buena parte de la sociedad entiende que los modelos familiares son tantos como la libertad de elección de las personas. A veces, formar una pareja o un matrimonio, pero vivir separados, ni siquiera es una decisión voluntaria. O no la deseada. Pero ocurre y cada vez con más frecuencia. Los motivos pueden ser muchos, pero uno de los más habituales es el trabajo, sobre todo porque ahora también la mujer gana un salario fuera y no quiere frustrar su carrera profesional por seguir al marido a su destino.

Quizá preferirían dormir bajo el mismo techo, pero han elegido libremente. Y, de paso, han descubierto que este modelo puede ser enriquecedor y eterno sin que se resienta la salud de la pareja. Araceli y Pedro llevan así 18 años, una en Madrid y el otro en Barcelona. Él es funcionario y ella periodista. "Al inicio de la relación se hace un poco cuesta arriba, el teléfono puede ser entonces fuente de disgustos y malentendidos, pero cuando te vas conociendo más todo marcha", dice ella. "Para mí es tan importante la calidad del trabajo como la de los afectos. Nos vemos casi todos los fines de semana y normalmente pasamos juntos las vacaciones, aunque a veces, no todas.
¿Ventajas?
Si acudimos al tópico podría decir que la relación se desgasta menos, pero no estoy convencida de eso, porque hemos pasado un año juntos en estos 18 y no he notado una presión indeseada, también estábamos a gusto. La complicidad no tiene que ver con la convivencia", afirma Araceli.

Los dos saben que si no fuera por el trabajo vivirían juntos, claro, pero seguirían manteniendo su independencia. Los inconvenientes no tiene ni que pensarlos: "Hay que tener dinero, porque se gasta mucho en viajes y en tener dos casas abiertas. Y si no te lo puedes permitir...".


Efectivamente, los demógrafos y expertos en familias sospechan que la mayoría de estas parejas goza de una economía holgada, que tienen trabajos liberales que les obligan a vivir en ciudades distintas. Pero las estadísticas son muy pobres, al menos en España. "Si hacemos una explotación de los datos con que contamos, nos salen perfiles muy distintos, pero el número de mujeres y hombres que viven así es tan pequeño en nuestras encuestas que no se puede afirmar nada con rigor científico, la muestra no es significativa", advierte la demógrafa del CSIC Margarita Delgado. "Cuando cruzamos nuestros datos nos salen personas con estudios superiores y básicos, con trabajo y sin él, casi de todo. Si lo miramos por tramos de edades, vemos que hay jovencillas que afirman tener una pareja estable pero vivir separados, pero, en ese caso, podríamos estar hablando de un noviazgo normal y corriente que puede acabar en convivencia o incluso en separación. Eso no es una pareja LAT", concluye Delgado.


A falta de estadísticas fiables hay que acudir a los casos reales que suelen responder a ese perfil de profesionales liberales que optan por alimentar sus carreras profesionales a pesar del inconveniente de estar separados, o disfrutando de las ventajas que también brinda este modelo de vida. Las resume muy bien Ramón Jáuregui, portavoz adjunto del grupo socialista en el Congreso de los Diputados. "No es una situación que hayamos elegido voluntariamente, sino empujados por el trabajo. Mi mujer podía haber optado a una plaza de juez en Madrid, pero prefiere la que tiene en el País Vasco". Los hijos están ahora con el padre porque van a la universidad, pero han estado viviendo con uno y otra según convenía a cada edad.
En cada casa y en cada ciudad encuentran de todo y todo es distinto. "Nos vemos los fines de semana, allí o aquí, yo a veces digo que vivimos en la N-I, pero no, tenemos los dos hogares vivos y nuestra relación de pareja no se ha resentido nada, si acaso al contrario", ríe el político. "A mí esto de la vida doble me gusta, en lugar de limitarme me parece enriquecedor: si estamos en Madrid vamos a unos sitios, con unos amigos; si Madrid ahoga, pues en Vitoria hacemos otras cosas, resolvemos las cuestiones administrativas en un paseíto, salimos con otras gentes. Permite horizontes muy diversos. Creo que esta situación es un privilegio. Si acaso, gastamos más en teléfono", añade.


Después de todo, como él mismo apunta, cuántas parejas que viven en la misma casa sólo se ven tres o cuatro veces a la semana por los viajes de trabajo. Muchas. Jáuregui aporta otro dato relevante para tomar una decisión así: los hijos. "En la crianza estábamos juntos, no podría haber sido de otro modo, porque si te vas y la mujer se queda con los críos se resiente de su despegue profesional".


Así pues, unos toman la decisión impelidos por el trabajo, a otros les ayuda la ausencia de hijos. Esto último ocurre entre gente mayor, cercanos a la jubilación, o uno de ellos jubilado, que deciden vivir separados, uno en la casa del pueblo y otro en la ciudad, por ejemplo. En este caso la decisión es por completo voluntaria.


Voluntaria y deseada fue la que tomaron Marta, Lidia y Ariadna. No vivirían con sus parejas porque preferían vivir ellas por su cuenta. Las dos primeras son profesoras universitarias y la tercera trabajadora social. Tienen sus buenos sueldos y su independencia. Encontraron el piso que buscaban y la vida siguió. Sus parejas ya las conocieron en esa situación, que comparten. Y los hijos fueron llegando y encontraron dos puertas abiertas de par en par para recibirlos. La ventaja en este caso es que ellas y ellos, aunque en barrios distintos, viven todos en Barcelona.
Aunque este modelo parezca novedoso, ya no lo es tanto. Prueba de ello es que los anglosajones ya lo han bautizado como el movimiento just women (sólo mujeres). Así que quizá habría que buscar un nombre en español.


Hubo un momento a lo largo de estos seis o siete últimos años en que dos de las tres amigas estaban emparejadas con dos hombres que también vivían juntos con un tercero. El marido de Lidia murió recientemente y ahora, un hijo de él, ya mayor, ocupa su lugar en la casa de los hombres. En el domicilio de las mujeres, dos hijas pequeñas se han unido a la familia. A veces están con las madres, a veces con los padres. "Sus vidas están muy enriquecidas. Tienen más referentes. En la guardería piensan que son hermanas", cuenta Lidia. "Nosotras no vivimos así porque seamos feministas, ni porque esto sea una opción divertida, nuestra casa no tiene nada de mística ni de cerrada, nuestras parejas vienen y se quedan a veces, cenamos con amigos. Nos vemos con ellos cuando podemos y nos apetece, pero no porque ahora toca. Simplemente vivimos así porque nos gusta y hemos establecido una relación de amistad y solidaridad", sigue Lidia.

Las tres son distintas, alguna más ordenada que otra, alguna prefiere decorar con tonos discretos y otra con colorines. Nada de eso ha sido impedimento. "No tenemos un calendario de actividades estricto. Con el tiempo se encuentra una organización sin necesidad de imponerla. Y así nos ahorramos los roces de convivencia con la pareja", explica Lidia.
Por la televisión no pelean porque no tienen, y el comedor es más bien un sitio de trabajo. A veces, todas bajan a la alfombra y desparraman conversaciones entre amigas. En su casa no admitirían a un hombre para vivir, pero eso no significa que molesten, "ni mucho menos".
En alguna conferencia que ha impartido Lidia, socióloga, destaca algunas ventajas de vivir así: complicidad, prestarse ropa, compartir el trabajo doméstico, el cuidado de los niños, no tener que ver fútbol ni aguantar visitas de suegros.
Pero Lidia no quiere que nada de esto despiste. "Estamos enamoradas de nuestras parejas, yo lo estuve y aún lo estoy". Una hija póstuma de su marido contribuye a mantener fresca esa memoria. "Simplemente somos felices así". ¿Es o no esto una familia?